Las personas que viven con discapacidad son más vulnerables cuando ocurre un desastre, una emergencia o un conflicto, y el impacto que estas situaciones puede tener sobre su salud es mayor. Las dificultades de comunicación y movilidad y la autonomía limitada hacen necesario pensar en soluciones y alternativas específicas para que estas personas reciban la ayuda que necesitan durante una emergencia. A largo plazo, su recuperación puede verse complicada por factores como la exclusión, la falta de conocimiento, la interrupción de las redes sociales de apoyo y las barreras físicas.

El Día Internacional para la Reducción de Desastres, que se celebra cada 13 de octubre, es motivo este año para reconocer la necesidad de incluir a las personas que viven con discapacidad en la reducción del riesgo de desastres. Bajo el lema Las personas con discapacidad y los desastres: una conversación que no es tan obvia se realiza un llamado a promover y proteger los derechos de las personas con discapacidad y a fomentar su participación activa en la toma de decisiones durante todas las fases de la gestión de los desastres.

La Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) se une a la conmemoración de este día y, junto con los Programas de Desastres de los Ministerios de Salud y entidades nacionales y locales, participa en las actividades organizadas para la celebración de esta fecha y en la difusión del mensaje. Para la OPS/OMS es fundamental que las necesidades precisas de la población con discapacidad sean atendidas durante las emergencias, así como que se protejan los patrones normales de cuidado o asistencia que reciben y evitar así que sus programas de tratamiento sean interrumpidos por los desastres.

Las personas con necesidades especiales son especialmente vulnerables a la marginación durante las emergencias y se exponen a un mayor estrés, mayor riesgo de malnutrición y a limitaciones en higiene y cuidados secundarios con las consecuencias que de ello se derivan como infecciones y empeoramiento de enfermedades previas. Es por ello que contar con los suministros necesarios de medicinas, con cuidadores capacitados, con expertos en salud mental, con aparatos de asistencia tales como sillas de ruedas y con programas de tratamiento, es esencial en la respuesta y el cuidado de la salud post-desastre.

Inclusión en las acciones de preparación, respuesta y reconstrucción

Es importante que las personas con discapacidad no sólo sean tomadas en cuenta como beneficiarias, sino que sean incluidas también como actores en la respuesta humanitaria y que participen en el diseño, puesta en práctica, monitoreo y evaluación de los programas de asistencia.

En este contexto, el Día Internacional para la Reducción de Desastres representa una oportunidad para  lograr una sociedad mejor preparada para responder a las necesidades de todos los grupos de población, incluyendo a los más de mil millones de personas en el mundo que viven con algún tipo de discapacidad -lo que constituye alrededor del 15% de la población mundial- promoviendo su participación activa en todos los procesos de planificación para la reducción del riesgo de desastres.

No hay que olvidar que las personas de edad avanzada pueden también presentar impedimentos físicos o psicológicos importantes que requieran una asistencia especial durante las emergencias. Los derechos de las personas mayores, sus necesidades y sus capacidades deben ser reconocidos por todos los programas de emergencia. Además, los desastres pueden generar nuevos grupos de personas con discapacidad o también nuevas lesiones o daños a las personas con discapacidad ya existentes, quienes requerirán de mayor apoyo y asistencia. Un apropiado cuidado de la salud durante las emergencias reduce significativamente el número de futuras discapacidades.

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