México, D.F., 4 de marzo de 2015 - En las nuevas directrices sobre la ingesta de azúcares para adultos y niños de la Organización Mundial de la Salud se recomienda reducir el consumo de azúcares libres tanto para los adultos como para los niños; este consumo se debería reducir a menos del 10% de la ingesta calórica total. Una reducción por debajo del 5% produciría beneficios adicionales para la salud.

Las azúcares libres son las añadidas a los alimentos por los fabricantes, los cocineros o los consumidores, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de fruta y los concentrados de jugo de fruta.

No hay pruebas de que el consumo de azúcares azúcares que se encuentran en las frutas y las verduras enteras frescas tenga efectos adversos para la salud, las recomendaciones de las directrices no se aplican a este tipo de azúcares llamados intrínsecos.

Datos científicos muestran que los adultos que consumen menos azúcares tienen menor peso corporal y que el aumento de la cantidad de azúcares en la dieta va asociado a un aumento comparable del peso. Además, las investigaciones evidencian que los niños con los niveles más altos de consumo de bebidas azucaradas tienen más probabilidades de padecer sobrepeso u obesidad que aquellos con un bajo nivel de consumo de este tipo de bebidas.

Las consecuencias de la obesidad son numerosas. Pero es claro que con frecuencia detrás de las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, los padecimientos osteoarticulares y varios tipos de cáncer, está la obesidad.

Dada la calidad de los datos probatorios, la OMS califica estas recomendaciones como «firmes»: pueden ser adoptadas como políticas en la mayoría de los contextos. Los países pueden dar curso a estas recomendaciones mediante la elaboración de directrices dietéticas basadas en los alimentos, teniendo en cuenta los alimentos disponibles y las costumbres alimentarias a
nivel local. Otras opciones normativas incluyen el etiquetado de los alimentos y el etiquetado nutricional, la concienciación de los consumidores, la regulación de la comercialización de los alimentos y las bebidas no alcohólicas con un alto contenido en azúcares libres, y la aplicación de políticas fiscales dirigidas a los alimentos con un alto contenido en azúcares libres. Las personas pueden poner en práctica estas recomendaciones modificando la manera en que eligen los alimentos.

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