Pan American Health Organization

Estado de salud de la población

Características de la población y sus tendencias

  • Introducción
  • Distribución, tamaño y ritmo de crecimiento de la población
  • Los impulsores del cambio demográfico
  • Distribución de la población por edad y sexo
  • Nuevas perspectivas en torno al bono demográfico
  • Referencias
  • Anexo 1: Agrupaciones de países
  • Texto completo
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Introducción

El mundo está experimentando un cambio demográfico sin precedentes (). Desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad, la humanidad ha pasado de tener 2 000 millones de habitantes a más de 7 000. Se espera que esa cifra alcance los 10 000 millones de personas a finales del siglo XXI. Otros cambios sustanciales en la población tienen que ver con nuevos y diversos patrones de fecundidad (incluida la maternidad en la adolescencia), la mortalidad, la migración, la urbanización y el envejecimiento.

En este contexto, es fundamental describir las principales características y tendencias de la población de los países de las Américas, con el objetivo de identificar y analizar sus implicaciones en la salud. La importancia de la dinámica demográfica tiene una doble faceta. Por un lado, es una condición que acompaña ciertas problemáticas de la salud (por ejemplo, las dificultades para la prevención, el tratamiento y el control de las enfermedades transmisibles o no transmisibles en lugares de rápido y desmedido crecimiento poblacional). Por otro lado, es una fuente de oportunidades para resolver dichos obstáculos (como ocurre con las posibilidades de desarrollo asociadas al llamado bono demográfico).

Para comprender los cambios en la población y su diferenciación regional resulta muy útil el concepto de transición demográfica. Este concepto describe el proceso de pasar de altos a bajos niveles de mortalidad primero, y de fecundidad después, que traen consecuencias para el crecimiento de la población y su estructura por sexo y edad. Esta evolución demográfica tuvo su expresión más clara a mediados del siglo XVIII, vinculada a las transformaciones económicas de la industrialización y la modernización de los países actualmente desarrollados (). Específicamente, el cambio tuvo lugar en Europa, América del Norte y unas pocas zonas más en los siglos XIX y XX, y se inició en muchos países en desarrollo a mediados del siglo pasado ().

Si bien es posible encontrar excepciones, el concepto de transición demográfica resulta práctico para analizar las tendencias poblacionales recientes y la proyección del tamaño futuro de la población (). Aunque todos los países del mundo protagonizan este proceso, lo hacen a diferentes ritmos. En una formulación clásica, las etapas principales de la transición demográfica son cuatro: 1) incipiente (natalidad y mortalidad elevadas y relativamente estables, con crecimiento poblacional bajo); 2) moderada (mortalidad descendente, con natalidad estable o en aumento por la mejora en las condiciones de vida, con alto crecimiento poblacional); 3) plena (natalidad baja y mortalidad estable, con crecimiento poblacional bajo), y 4) avanzada o muy avanzada (cifras bajas de natalidad y mortalidad, con crecimiento poblacional bajo o nulo) ().

En las Américas, la evolución de la transición demográfica se caracteriza por una clara expresión geográfica. En este sentido, históricamente ha sido notorio el diferente grado de avance entre los países de América del Norte respecto a la mayoría de países de América Latina y el Caribe (ALC). En 1950, la gran mayoría de los países del centro y sur del continente estaban por iniciar la transición demográfica, mientras que Canadá y Estados Unidos ya se encontraban en la etapa plena de dicho proceso. Sin embargo, en tan solo cuatro décadas la mitad de ALC alcanzó dicho estadio, y la mitad restante llegó a la etapa avanzada. En ese momento, eran pocos los países que no habían iniciado la transición (Bolivia y Haití), o que la comenzaban (Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua). En el 2010 estos mismos países estaban en la etapa plena de su transición demográfica, y el resto, en una fase avanzada o muy avanzada.

En los países de ALC, los indicadores de natalidad y mortalidad “se han modificado de manera distinta (más por efecto de la diseminación de los avances tecnológicos en el campo de la salud en general que por un desarrollo sostenido y equitativo), y en tiempos diferentes (de una manera más rápida que en los países más desarrollados y con cierta independencia de las crisis económicas, sociales y políticas por las que ha transitado el continente durante varias décadas)” (). Debido a la profundidad y rapidez de las transformaciones poblacionales, los países de ALC tienden en la actualidad a la convergencia de su transición demográfica.

Con la transición demográfica de fondo, en este resumen se relacionan los cambios más importantes en el tamaño y la estructura poblacional de los países de las Américas, con la evolución de sus impulsores: la fecundidad, la mortalidad y la migración. Adicionalmente, se detallan las principales perspectivas futuras de la población del continente. La información utilizada proviene de las estimaciones y proyecciones de población de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de la Organización de las Naciones Unidas (). Para algunos países, los datos proceden de la Oficina del Censo de los Estados Unidos (). También se utilizan datos del boletín de la OPS/OMS Situación de la salud en las Américas. Indicadores básicos para años seleccionados ().

Para facilitar el análisis, los países de la Región de las Américas se han agrupado en subregiones y áreas. Las subregiones son América del Norte y ALC. Esta última está conformada por Centroamérica, Brasil, Caribe, Cono Sur, México y el área andina (véase el anexo 1).

Distribución, tamaño y ritmo de crecimiento de la población

En el 2015 vivían en el mundo 7 300 millones de personas. La población de las Américas sumaba 992,2 millones, 13,5% del total. En términos de subregión, había 357,8 millones de habitantes en América del Norte y 634,4 millones en América Latina y el Caribe (36,1% y 63,9% del total continental, respectivamente). En esta última, la población en Brasil alcanzaba 207,8 millones (20,9%); en el área andina, 137,6 (13,9%); en México, 127 millones (12,8%); en el Cono Sur, 71,4 millones (7,2%); en Centroamérica, 45,7 millones (4,6%), y en el Caribe, 44,7 millones (4,5%). Brasil y México, junto con Estados Unidos (321,7 millones de personas), son tres de los 10 países con más población del mundo. En la región también se encuentra Montserrat, uno de los países con menor cantidad de habitantes, con solo 5 125 personas ().

En los últimos cinco años, la Región incorporó 27,5 millones de personas en ALC y 10,8 millones en América del Norte. Aunque las cifras expresan un aumento absoluto notable, son resultado de una tasa de crecimiento media anual moderada (1,12% en ALC y 0,78% en América del Norte). La velocidad de este incremento poblacional fue menor a la registrada en ambas subregiones a principios de la década de 1950 (3% y 2% anual, respectivamente). Asimismo, y debido a las diferencias nacionales en el avance de la transición demográfica, algunos países de las Américas se diversificaron mucho en su ritmo de crecimiento actual (). En el período comprendido entre los años 2010 y 2015, Cuba, por ejemplo, mostró una tasa de crecimiento medio anual de 0,14%, y Guatemala de 2,1% (). En la figura 1 puede apreciarse la población total y la tasa media anual de crecimiento de los países de la Región.

Figura 1. Población total en el 2015 y tasa media anual de crecimiento en el período 2010-2015

Fuente: Elaboración propia a partir de la revisión de 2015 de las perspectivas de la población mundial de la División de Población de las Naciones Unidas (World population prospects: the 2015 revision) ().

A pesar de la reducción progresiva del ritmo de crecimiento, se espera que la población de los países de la Región siga creciendo durante mucho tiempo por efecto de la llamada inercia demográfica, resultado de índices altos de fecundidad en el pasado que han dado lugar a una importante proporción de población joven. A medida que este segmento poblacional ingresa en las edades reproductivas, la gran cantidad de nacimientos a los que da lugar tiende a superar a las defunciones durante mucho tiempo (). Por este motivo, en ALC, aunque la fecundidad es baja en la actualidad, es previsible que la población deje de crecer a mediados del presente siglo. Esto refleja que las variables demográficas seguirán influyendo considerablemente en la sociedad. La razón es que el crecimiento poblacional involucra a una importante cantidad de jóvenes y de adultos mayores, grupos poblacionales con distintos potenciales y necesidades, especialmente en el ámbito de la salud.

Actualmente, solo tres países de las Américas tienen una pérdida neta de población: Bermudas (América del Norte), Islas Vírgenes de Estados Unidos y Puerto Rico (Caribe). Dicha tendencia se explica no solo por el avance de la transición demográfica en estos países, sino también con la emigración de población.

Un aspecto distintivo de la distribución de la población de las Américas es la importancia de la urbanización en el crecimiento de la población total. Actualmente, en el continente existe la proporción de población urbana más elevada del mundo, ya que supera a 80%. La cifra se distribuye prácticamente igual entre América del Norte (82%) y ALC (80%). Sin embargo, al desagregar por áreas se observa un porcentaje muy elevado en el Cono Sur (88%) y Brasil (86%), compensado con números no tan elevados en el Caribe (70%) y en Centroamérica (59%). México y el área andina muestran cifras intermedias con relación a las anteriores (79% y 78%, respectivamente).

Otro rasgo distintivo de la urbanización en los países de las Américas se refiere a la existencia de grandes megalópolis. Entre ellas destacan tres de las seis más pobladas del mundo: México D.F. y Nueva York (ambas con más de 20 millones de habitantes) y São Paulo (19,9 millones). A pesar de los altos niveles de urbanización en nuestros países, al igual que en el resto del mundo, se espera que las ciudades sigan creciendo en las próximas décadas (). En este sentido, el crecimiento urbano acelerado y no planificado atenta contra el desarrollo sostenible si no se genera la infraestructura necesaria o no se aplican las políticas que aseguren el reparto equitativo de los beneficios de la vida en la ciudad. Con el firme objetivo de aprovechar las oportunidades, pero también de responder a los desafíos de la urbanización, los Gobiernos deben aplicar políticas de largo alcance, que permitan el crecimiento urbano con sostenibilidad. Esta actitud incluye lo siguiente: generar mejores oportunidades de ingresos y empleo en las zonas urbanas y rurales; expandir la infraestructura necesaria para el agua y el saneamiento, la energía, el transporte, la información y las comunicaciones; garantizar la igualdad de acceso a los servicios, como la educación y la atención sanitaria; desarrollar viviendas de suficiente calidad y disminuir el número de personas que viven en tugurios, y preservar los bienes naturales dentro de la ciudad y sus alrededores ().

Los impulsores del cambio demográfico

La fecundidad, la mortalidad y la migración son los elementos básicos que dan lugar a los cambios en una población, su tamaño, estructura y distribución, lo que llamamos sus impulsores. Con todo, la significación de estos factores se dimensiona de diferente manera según el tamaño de las unidades de análisis. En todo el mundo, el aumento anual de la población se explica debido a que las tasas de fecundidad son más elevadas que las de mortalidad. En este mismo nivel, o incluso cuando se trata de grandes agregados regionales, la migración tiene menor relevancia. Cuando el análisis es nacional ocurre lo contrario, ya que la migración puede ocasionar un fuerte efecto en los cambios de la población ().

Fecundidad

El indicador más utilizado para analizar el nivel de este componente de la dinámica demográfica es la tasa global de fecundidad (TGF). Esta tasa es igual al número medio de hijos que tendría una mujer al final de su período reproductivo si hubiese mostrado las tasas de fecundidad por edad que registra la población de interés en un año determinado.

Uno de los criterios más conocidos para clasificar a los países según la TGF corresponde al nivel de reemplazo de la población. Este equivale al número promedio de niños y niñas que serían suficientes para reemplazar a ambos padres en una población determinada, y que se establece en 2,1 hijos por mujer. Según este, en el período 2010-2015 la población mundial se distribuyó entre 46% de países con bajos niveles de fecundidad (TGF menor a 2,1 hijos por mujer), 40% con niveles intermedios (TGF entre 2,1 y 4 hijos por mujer), y 14% con niveles altos (TGF de 4 o más hijos por mujer).

En las Américas, aproximadamente la mitad de los países pertenecen al primer grupo (entre ellos, todos los de América del Norte, más 20 países de ALC), y la mitad restante al segundo (figura 2). Ningún país presenta actualmente un nivel de fecundidad que pueda considerarse alto (4 o más hijos por mujer). Muy pocos países muestran un nivel extremadamente bajo (1,5 hijos por mujer o menos). La situación es similar a la de Asia, y se diferencia marcadamente de lo que ocurre en la mayoría de los países de África y de Europa, en los que se registran los niveles más altos y más bajos de fecundidad del mundo, respectivamente.

Figura 2. TGF en 2015 y tasa de fecundidad a los 15-19 años en el período 2010-2015

Fuente: Elaboración propia a partir de la revisión de 2015 de las perspectivas de la población mundial de la División de Población de las Naciones Unidas (World population prospects: the 2015 revision) ().

El descenso de la fecundidad es una realidad demográfica generalizada y de larga duración. En ALC, la fecundidad comenzó a estar por debajo de la media mundial desde el período 1985-1990. En las áreas que la componen, dicho comportamiento se observó desde la misma fecha en el Cono Sur y en Brasil, pero fue anterior en el Caribe (1970-1975) y posterior en Centroamérica y México (2005-2010). Muy diferente es la situación de América del Norte, cuya fecundidad comienza el período mencionado por debajo del promedio global.

Aunque la disminución de la fecundidad observada en el continente, y especialmente en ALC, es importante, las tasas de embarazo adolescente se mantienen relativamente altas; es decir, entre 50 y 100 nacimientos por cada 1 000 mujeres de 15 a 19 años. A nivel subregional, los niveles más elevados se registraron en ALC, con una tasa de 66,5 nacidos vivos por cada 1 000 adolescentes en el período 2010-2015, que la convirtió en la segunda más alta del mundo después de África (). Los países de la Región con tasas más elevadas de fecundidad en las adolescentes fueron República Dominicana (100,6 por 1 000), Nicaragua (92,8 por mil), Guyana (90,1 por mil), Guatemala (84 por mil), Guayana Francesa (82,6 por mil) y Venezuela (80,9 por mil).

Mortalidad

La esperanza de vida al nacimiento es el indicador más utilizado para dar cuenta de los cambios en la mortalidad. Se define como el número medio de años que un grupo de recién nacidos viviría si se mantuvieran constantes las tasas específicas de mortalidad por edad observadas en una población, durante un año determinado.

Una de las manifestaciones más claras de los avances realizados gracias a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) corresponde al aumento de la esperanza de vida al nacimiento. En este sentido, globalmente se observa que la vida promedio se ha incrementado en más de 3 años entre los años 2000 y 2005, y entre los años 2010 y 2015, al pasar de 67,1 a 70,5 años. Esta tendencia se explica principalmente por la reducción eficaz de la mortalidad infantil (-26,5%) y de la niñez (-29,6%). Además, en los mismos períodos se registró un importante avance en la lucha contra el la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)/sida, tanto en la prevención de nuevas infecciones como en la prolongación de la vida de personas infectadas por el virus que recibieron terapia antirretroviral ().

En la Región, la esperanza de vida resultó más elevada que la observada a nivel mundial; en ALC fue de 74,5 años, y en América del Norte de 79,2 años. En la primera, el proceso de reducción de la mortalidad ha abarcado todo el siglo pasado, y se extiende hasta el presente: “De un promedio aproximado de 59 años en el período 1965-1970, la esperanza de vida aumentó a casi 75 años en el quinquenio 2010-2015. La población ha ganado 16 años de vida como promedio en los últimos 45 años, es decir, prácticamente 2 años por quinquenio” ().

En los países de ALC también se observan diferencias de ritmo y de nivel en la disminución de la mortalidad. En la actualidad, el promedio de la esperanza de vida al nacimiento equivale a la que tenían en América del Norte en el período comprendido entre 1980 y 1985.

En México se registró el valor más alto (77,9 años), seguido por el Cono Sur (77,2 años), Brasil y el área andina (74,5 años), y finalmente por el Caribe (73 años). Por otro lado, el mismo indicador muestra contrastes entre los países más y menos avanzados de cada área (). Así, por ejemplo, en el quinquenio 2010-2015, las brechas en la esperanza de vida al nacimiento fueron de 19 años en el Caribe, y de 8 años en el Cono Sur. En la figura 3 se muestra la esperanza de vida por país de la Región.

Figura 3. Esperanza de vida al nacimiento, 2010-2015 (años)

Fuente: Elaboración propia a partir de la revisión del 2015 de las perspectivas de la población mundial de la División de Población de las Naciones Unidas (World population prospects: the 2015 revision) (8) e Indicadores básicos 2015 ().

Migración

El número de migrantes internacionales de todo el mundo ha crecido rápidamente en los últimos 15 años. Este número alcanzó 244 millones de personas en 2015, 22 millones más que en 2010 y 71 millones más que en el 2000 ().

En general, entre los años 1950 y 2015, las principales zonas de Europa, América del Norte y Oceanía han sido receptores netos de migrantes internacionales, mientras que África, Asia y ALC han sido emisores netos, con un volumen de migración neta que aumenta habitualmente con el tiempo (). En la Región, mientras que Estados Unidos tenía el mayor número de inmigrantes del mundo (47 millones en el 2015), la cantidad de emigrantes latinoamericanos y caribeños llegó a representar 5% de la población total (30 millones aproximadamente, en el mismo año). La cifra incluye, por una parte, a los nacidos en países de ALC que residen fuera de dicha subregión, y por otra, a la población nativa residente en otros países distintos al de su nacimiento pero dentro de la subregión (). México destaca por ser el segundo país del mundo con la mayor diáspora de población, es decir, la mayor cantidad de emigrantes en términos absolutos: 12 millones de personas. En ALC le siguen Colombia, con 2 millones, y El Salvador, con 1,3 millones ().

En el Caribe, los países que presentaron las tasas más “expulsoras” en el quinquenio entre los años 2010 y 2015 fueron San Vicente y las Granadinas, Granada, Guyana, Jamaica, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Puerto Rico y Dominica. Un nivel parecido se registró en un país de América Central (El Salvador) y, en menor medida, en un país de América del Sur (Paraguay) (figura 4).

Figura 4. Tasa neta media anual de migración, 2010-2015

Fuente: Elaboración propia a partir de la revisión del 2015 de las perspectivas de la población mundial de la División de Población de las Naciones Unidas (World population prospects: the 2015 revision) ().

Si bien gran parte de los países de ALC han presentado tasas de migración neta negativas desde hace tres o más décadas, recientemente se ha observado una disminución de las magnitudes relativas (). Según esto, las tasas de migración neta de esta subregión disminuyeron de -1,4 por 1 000 en el quinquenio 1995-2000 a -0,7 por 1 000 durante 2010-2015. Dicho comportamiento fue bastante regular entre las diferentes áreas que la componen; en las mismas fechas, las tasas netas de migración descendieron de -3,5 a -2,8 por 1 000 en el Caribe; de -4,7 a -2,3 por 1 000 en Centroamérica; de -3,7 a -0,9 por 1 000 en México; de -1,6 a -1 en el área andina, y de -0,3 a 0,3 por 1 000 en el Cono Sur. En Brasil prácticamente no hay variación (0 por mil).

Distribución de la población por edad y sexo

Entre las transformaciones demográficas que experimenta el mundo destaca de forma particular la distribución por edad: nunca hubo tantos jóvenes como ahora y, al mismo tiempo, nunca fue tan evidente que se avanza hacia un proceso inevitable de envejecimiento. Así como el número de personas jóvenes supone una oportunidad para el desarrollo económico y social dadas ciertas condiciones (requerimientos de salud y educación principalmente, en un contexto de pleno empleo), el crecimiento de la población adulta mayor pronostica nuevas necesidades, especialmente en el ámbito de la salud y la seguridad social.

La estructura por edad de la población se modifica constantemente debido a cambios en la mortalidad, la fecundidad y la migración. Se sostiene que una población es joven cuando el porcentaje de menores de 15 o 20 años fluctúa entre 40% y 50% del total. Dicha distribución solo puede alcanzarse cuando la fecundidad es elevada y la mortalidad en edades tempranas es moderada. Por el contrario, una población envejecida comienza a desarrollarse cuando desciende la fecundidad y la mortalidad se reduce progresivamente en las edades avanzadas ().

En las diferentes regiones del mundo, las transformaciones actuales y esperadas en la estructura por edad constan en las siguientes pirámides de población, de los años 2015 y 2050 (figuras 5 a 10). A medida que transcurre el tiempo, se observan dos regularidades. Una es el estrechamiento de las bases concomitante al descenso de la población infantil, y la otra es el ensanchamiento de las cúspides, que acusa el aumento de la proporción de adultos mayores (una característica que resulta más visible en las mujeres). La primera pauta es muy notoria en África y se relaciona principalmente con los cambios en la fecundidad. La segunda caracteriza a Europa y América del Norte, que, en términos generales, presentan desde hace décadas niveles bajos de fecundidad y de mortalidad, con ingreso de población por migración.

Figuras 5 a 10. Pirámides poblaciones según regiones y subregiones seleccionadas, 2015-2050

Entre los extremos mencionados antes, ALC muestra una evolución intermedia. Aunque la población joven (0-19 años) ha sido predominante hasta la actualidad, se espera que a principios de la tercera década de este siglo el mayor volumen pase a estar constituido por la población adulta joven (20-39 años). En el 2045 la dominancia de este grupo sería reemplazada por la población adulta (40-59 años) y, menos de 10 años después, por la población adulta mayor (60 años y más) ().

Por todo ello, el extraordinario número de 3 100 millones de jóvenes en el mundo (42% del total mundial en el 2015) no se distribuyó de manera uniforme a nivel regional. En África, Asia y ALC residía 90% de los menores de 24 años de ellos 1 700 millones son niños (0-14 años) y 1 100 millones son adolescentes y jóvenes (15-24 años). Debido a las diferencias en los niveles de fecundidad, la primera región posee una proporción de niños más elevada que las otras dos regiones (41% frente a 24% y 26%, respectivamente), mientras que la proporción de jóvenes es más parecida (19% frente a 16% y 17%, respectivamente).

La población joven requiere que se atiendan sus necesidades específicas, incluyendo las relacionadas con la salud sexual y reproductiva, para poder desplegar todo su potencial y evitar malos resultados de salud en el largo plazo (). La salud de los niños y los recién nacidos es especialmente vulnerable frente a la malnutrición y las enfermedades infecciosas, que son prevenibles o tratables en su mayoría. Los adolescentes, que constituyen un grupo de población por lo general saludable, están de todas formas expuestos a numerosos riesgos para su salud; muchos mueren por suicidios, accidentes, violencia interpersonal, complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto, enfermedades prevenibles o tratables. Asimismo, muchas dolencias de la edad adulta comienzan en esta etapa, debido a que se relacionan, por ejemplo, con el consumo de tabaco, el VIH y otras infecciones de transmisión sexual, la mala alimentación y la falta de ejercicio físico ().

El envejecimiento demográfico constituye la tendencia más relevante de las transformaciones en la estructura por edad y sexo de la población contemporánea. Según los datos de la revisión del 2015 de las perspectivas de la población mundial de la División de Población de las Naciones Unidas (), había en el mundo 901 millones de personas de 60 años y más, que constituyeron el 12,3% de la población total. Esto refleja un elevado ritmo de crecimiento anual de este grupo poblacional (3,3%), que supera al de cualquier otro grupo de edad. Por consiguiente, los países tienen que prepararse con tiempo y proyectar acciones para garantizar el bienestar de las personas mayores con respecto a la protección de sus derechos humanos, su seguridad económica, el acceso a servicios de salud adecuados y las redes de apoyo formales e informales ().

A nivel mundial existen diferentes ritmos de avance del envejecimiento. En el 2015, Europa y África se encontraban entre las regiones con mayor y menor proporción de personas de 60 años y más (23,9% y 5,4%, respectivamente). En promedio, los países de América tenían un nivel intermedio de población de 60 años y más (14,6%), aunque con diferenciales muy importantes según subregiones y áreas. En América del Norte dicho porcentaje fue de 20,7%, promedio que representó adecuadamente los niveles observados en Canadá y Estados Unidos. En ALC, el porcentaje de población adulta mayor alcanzó una cifra de 11,2%, con diferencias relevantes según se trate del Cono Sur (14,9%), el Caribe (13,1%) y Brasil (11,7%), respecto al área andina y México (9,6%), y Centroamérica (8,7%). Los países con mayor porcentaje de población de 60 años y más se encuentran en las dos primeras subregiones. Estos países son Uruguay (19,1%), Cuba (19,4%), Puerto Rico (19,6%), Barbados (19,8%), Guadalupe (20,2%), Curaçao (21,1%), Islas Vírgenes de Estados Unidos (24,1%) y Martinica (26,2%) (figura 11). Por otro lado, en Centroamérica está el país con el grado de envejecimiento más bajo de ALC: Belice (5,9% de población de 60 años y más).

Figura 11. Porcentaje de población de 60 años y más y de 80 años y más, 2015

Source: WHO, Global Health Expenditure Database (accessed June 2016)

Las causas de las diferencias en el nivel de envejecimiento de los países de ALC pueden buscarse en los grados de avance de la transición demográfica. Dicha diferenciación resulta evidente al observar que los países que actualmente se encuentran en una etapa muy avanzada, como Cuba y Uruguay, tuvieron los porcentajes de personas mayores más altos de la subregión. Como ya se anticipó, en algunos países también pueden actuar otros factores, como la elevada emigración en Puerto Rico.

Asimismo, y como sostiene Saad (), el envejecimiento de la población en ALC no será un proceso homogéneo en todos los países. En muchos de ellos, la población joven y la población en edad de trabajar continuarán teniendo un papel relevante en el crecimiento demográfico incluso hasta bien avanzado el siglo XXI. Consecuentemente, seguirán planteando una demanda importante para los sectores sociales y constituyendo un desafío para las políticas públicas.

Otra característica notoria del envejecimiento de la Región se relaciona con el “envejecimiento de los viejos”. Según la Organización de las Naciones Unidas, la proporción de población de 80 años y más entre los mayores de 60 años aumentó en el mundo de 9% a 14% entre 1980 y el 2015 (). Se pronostica que estas cifras se mantendrán bastante estables entre el 2015 y el 2030. Entre la última fecha mencionada y el 2050, el porcentaje de los más envejecidos aumentará de 14% a 20% ().

Globalmente, 1,7% de población de 80 años y más que se registró en 2015 pasará a 4,5% en el 2050, lo que equivale a 437 millones de personas (). En el 2100, a nivel mundial el indicador será de 8,4%, 942 millones de personas. La proporción de población de 80 y más años fue más baja en ALC (1,6%) y mucho más elevada en América del Norte (3,8%) (figura 11). En ambas subregiones, el indicador se aproximará bastante en el 2050 (5,7% y 8,6%, respectivamente). Sin embargo, al llegar al 2100, será más elevado en ALC (14%) que en América del Norte (11,8%).

Otra pauta del envejecimiento actual corresponde al diferencial por sexo. En el 2015, había en el mundo 86 hombres por cada 100 mujeres de 60 años y más. Esta relación se reduce a 63 hombres por cada 100 mujeres cuando se considera la población de 80 años y más. En las Américas, el diferencial entre hombres y mujeres de edad es todavía más acusado. En promedio, a los 60 años y más existían 83 hombres por cada 100 mujeres, y a los 80 años y más, 62 hombres por cada 100 mujeres. Entre las subregiones, se advierte que la proporción más elevada de mujeres adultas mayores se registra en ALC, en especial en el Cono Sur.

Esta particularidad, llamada corrientemente «feminización del envejecimiento» por la alta proporción de mujeres adultas mayores, sobre todo en las edades más avanzadas, tiene implicaciones muy importantes para las políticas públicas, y en especial sobre las referidas a la salud. Como destaca el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA):

Existe la necesidad urgente de incorporar la temática de la salud de hombres y mujeres de edad en las políticas públicas. Aunque, en promedio, las mujeres viven más que los hombres, también son más propensas a vivir más años con mala salud. Los embarazos múltiples y el apoyo insuficiente en el parto, así como las desigualdades pasadas en la vida, tales como la falta de acceso a servicios de salud y los niveles más bajos de educación e ingresos, contribuyen a los problemas de salud en la edad avanzada. Las mujeres mayores también tienen problemas de salud específicamente relacionados con la edad. Los aumentos en la esperanza de vida han llevado a que más mujeres vivan más allá de la menopausia, con un aumento del riesgo de enfermedades relacionadas con las hormonas, como la osteoporosis, que se asocia con un mayor riesgo de fracturas en mujeres de edad avanzada (, p. 28).

Nuevas perspectivas en torno al bono demográfico

Una de las expectativas más importantes que despiertan las tendencias demográficas de la Región alude al aprovechamiento del bono demográfico, un momento en la evolución de una población que resulta de las transformaciones en la estructura por sexo y edad relacionadas con el avance de la transición demográfica y, en especial, de la reducción de los niveles de fecundidad que sigue a la baja generalizada de la mortalidad.

A medida que se reduce la TGF de un país, comienza a disminuir la relación de dependencia infantil, es decir, la proporción de menores de 15 años con respecto a la población adulta en edad laboral (por lo general, entre los 15 y los 64 años de edad). La baja en esta relación representa un escenario que puede tornarse favorable tanto para las familias como para los Estados. En el primer caso, un menor número de integrantes en el hogar puede significar una mayor disponibilidad de recursos para invertir en el bienestar, la salud y la educación de los niños. En el segundo caso, al tener menos personas que mantener, los países cuentan con una suerte de bono, dividendo o ventana de oportunidades para el rápido crecimiento económico, en la medida en que el mismo sea debidamente respaldado por políticas sociales y económicas e inversiones monetarias. Cuando las personas de 65 años y más comienzan a representar una proporción cada vez más importante de la población total, significando la renovación de la dependencia demográfica, esta ventana se cierra, y el bono concluye ().

El grado de avance del bono demográfico depende de la etapa de la transición en la que se encuentran los países. El Banco Mundial () ha identificado cuatro categorías básicas con relación al grado de desarrollo del bono demográfico:

  • Los países en la etapa previa al bono demográfico son en su mayoría países de renta baja, atrasados con respecto a los indicadores de desarrollo humano clave y con niveles de fecundidad actuales de más de cuatro nacimientos por mujer.
  • Los países en la etapa inicial del bono demográfico son en su mayoría países de renta media que han superado la transición de fertilidad. Las tasas de fecundidad han descendido a menos de cuatro nacimientos por mujer y la proporción de población en edad de trabajar posiblemente está aumentando de manera considerable.
  • Los países en la etapa avanzada del bono demográfico son en su mayoría países de renta media alta cuyas tasas de fecundidad están normalmente por encima de los niveles de reemplazo de 2,1 nacimientos por mujer, pero la tasa de fertilidad continúa descendiendo.
  • Los países en la etapa posterior al bono demográfico son en su mayoría países de renta alta en los que la tasa de fecundidad ha descendido por debajo de los niveles de reemplazo. En estos países continúa menguando el porcentaje de población en edad de trabajar y el porcentaje de población adulta mayor es de los más altos del mundo.

En nuestra Región no existen países en la etapa previa al bono demográfico. Los países de ALC atraviesan en partes prácticamente iguales por la primera y la segunda etapa del bono demográfico, mientras que los países de América del Norte se encuentran actualmente en la etapa posterior.

Asimismo, un aspecto que se debe considerar es que en ALC el bono demográfico tendrá una duración menor a la originalmente prevista en las proyecciones de población. Ello se relacionó principalmente con el descenso de la fecundidad, que se registró a un ritmo mayor que el pronosticado. Como señala el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE):

La reducción de la fecundidad más allá de lo esperado tiene un impacto directo en los primeros grupos de edad de la estructura de la población. Mientras que en 1990 se proyectaba que el 28% de la población de la Región correspondería a menores de 15 años en 2015, actualmente se estima que este grupo representa casi el 26% de la población. En valores absolutos, en 1990 se proyectaba que la Región tendría 184,4 millones de personas menores de 15 años en 2015, frente a los 160,4 millones de la actual estimación, que arroja 24 millones de personas menos que la proyección anterior. El menor crecimiento de la población menor de 15 años combinado con una menor mortalidad aceleró el proceso de envejecimiento de la población. […] Como consecuencia de lo anterior, el bono demográfico tendría una duración menor que la prevista […]. De acuerdo con las estimaciones y proyecciones actuales, la relación de dependencia es menor que la estimada y proyectada en 1990, debido a la menor dependencia de los menores de 15 años. Se proyecta que el bono acabe alrededor de 2027, después de 61 años de reducción constante de la relación de dependencia total. El año 2027 marca el punto de inflexión y el fin del bono demográfico, momento en que empezará un fuerte crecimiento de la dependencia de las personas de edad, que llegará a superar la dependencia de los jóvenes en 2047, es decir, 20 años después de terminado el bono (, pp. 17 y 28) .

La existencia de un proceso demográfico aún no concluido en la Región, de una ventana que de todas formas puede cerrarse antes de lo previsto, refuerza la necesidad de fomentar las medidas que permitan aprovechar al máximo este momento. Contar con una población joven no garantiza el crecimiento económico por sí mismo, lo que trae a colación es una oportunidad. Por ello, en el ámbito nacional los Gobiernos con poblaciones jóvenes pueden incrementar la ventana demográfica con inversiones en salud y educación para sacar el máximo partido de las habilidades y de las perspectivas laborales futuras. A su vez, los países con poblaciones que ya están envejeciendo pueden consolidar sus ganancias económicas con el impulso a la productividad y el fortalecimiento de las redes de seguridad social y de otros sistemas de protección social de las personas mayores (). Debe tenerse presente que la gestión de las necesidades económicas y de salud de las poblaciones que envejecen ya constituyen un reto para los países desarrollados ().

Referencias

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Anexo 1: Agrupaciones de países

Caribe: Anguila, Antigua y Barbuda, Aruba, Bahamas, Barbados, Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán, Cuba, Curaçao, Dominica, República Dominicana, Guayana Francesa, Granada, Guadalupe, Guyana, Haití, Jamaica, Martinica, Montserrat, Puerto Rico, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Martín, Suriname, Trinidad y Tabago, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes de los Estados Unidos.

Centroamérica: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá.

México.

Área andina: Bolivia (Estado Plurinacional de), Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela (República Bolivariana de).

Cono sur: Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay.

Brasil.

América del Norte:: Bermuda, Canadá, Estados Unidos.

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Referencia/Nota:

Regional Office for the Americas of the World Health Organization
525 Twenty-third Street, N.W., Washington, D.C. 20037, United States of America