Pan American Health Organization

Envejecimiento y cambios demográficos

  • Introducción
  • Envejecimiento en la Región: una oportunidad
  • El envejecimiento más allá de las características demográficas: la búsqueda de equidad
  • Envejecimiento, salud y capacidad funcional
  • La respuesta de la salud pública al envejecimiento
  • Conclusiones
  • Referencias
  • Texto completo
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Introducción

Entre el 2000 y el 2050, la proporción de la población mundial que tiene 60 años de edad o más se duplicará, y pasará de 11% a 22%. Se prevé que el número absoluto de personas de 60 años o más aumentará de 900 millones en el 2015 a 1 400 millones para el 2030, y 2 100 millones para el 2050, y podría llegar a 3 200 millones en el 2100 (). Entre el 2025 y el 2030, la esperanza de vida en América Latina y el Caribe aumentará a 80,7 años para las mujeres y 74,9 años para los hombres, y las proyecciones para Estados Unidos y Canadá revelan cifras aún más altas: 83,3 años para las mujeres y 79,3 años para los hombres ().

El aumento de la esperanza de vida se debe a varios factores, como el descenso de las tasas de fecundidad y los excelentes resultados conseguidos en la reducción de las enfermedades mortales de la niñez, la mortalidad materna y la mortalidad en las personas mayores (). Sin embargo, una mayor esperanza de vida también es motivo de preocupación para los responsables de formular políticas, dado que posiblemente sea más difícil lograr un aumento en los ingresos de aquellos países donde las personas mayores constituyen una parte importante de la población. Además, en los países de ingresos bajos y los de ingresos medianos será particularmente difícil satisfacer las necesidades de una población grande de personas mayores. Será necesario crear instituciones económicas y sociales que brinden seguridad en cuanto a los ingresos, presten una adecuada atención de salud y satisfagan otras necesidades de la población que está envejeciendo (). Otro problema que los responsables de formular políticas enfrentan actualmente es encontrar la mejor manera de definir quiénes son las personas mayores, dado que se utilizan diversos términos para referirse a ellas como «personas de edad avanzada», «ancianos», «tercera edad» y, en algunas culturas, «cuarta edad» (). Sin embargo, no todas las personas llegan a la «vejez» en el mismo momento () y definir a las personas mayores seguirá siendo un reto porque, a pesar de que pertenecen a un grupo, son individuos con experiencias de vida, metas y necesidades únicas, y llegar a esta edad implica cambios en las capacidades, la participación social y la salud física y mental ().

En respuesta a estas inquietudes y transiciones demográficas, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han aprobado estrategias y directrices relacionadas con el envejecimiento y la salud. En el 2002, los Estados Miembros de la OPS aprobaron por primera vez una resolución sobre el envejecimiento y la salud (CSP26.R20). En el 2009, la Región de las Américas fue la primera de la OMS en aprobar una estrategia y plan de acción sobre el envejecimiento y la salud (). En junio del 2016, la Organización de los Estados Americanos, con el apoyo técnico de la OPS y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), aprobó la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (). En estos documentos, enmarcados en el contexto internacional de la salud y el envejecimiento, se ha señalado la necesidad de abordar la atención de las personas mayores desde un enfoque innovador. Sin embargo, la mayoría de los países de la Región todavía no cuentan con un enfoque holístico para abordar la transición demográfica y no han adoptado un enfoque integrado en la atención que se presta a las personas mayores. El reto que genera este cambio se está observando de manera fragmentada, y se está abordando desde el aumento en la prevalencia de las enfermedades crónicas, la discapacidad y la dependencia en la atención, o el impacto que estos problemas tendrán en el uso de servicios de salud, la medicación y la atención a largo plazo. Por lo tanto, será necesario seguir elaborando un enfoque integrado y trabajando en medidas integrales de salud pública a fin de «garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades a través de la cobertura universal de salud, incluida la protección contra los riesgos financieros» ().

En el próximo decenio, tanto el envejecimiento poblacional como el envejecimiento individual serán factores importantes que modularán las necesidades de salud, seguridad social y protección social, así como la manera en la cual se satisfarán estas necesidades. A pesar de que las consecuencias de este fenómeno para la seguridad social y la salud pública son tangibles, la Región todavía carece de una visión integral de la salud para las personas mayores. El conocimiento sobre sus necesidades de salud y atención no es uniforme, y la mayoría de los sistemas de salud no cuentan con indicadores que permitan el seguimiento y el análisis de los efectos de las medidas sanitarias. La cobertura, la continuidad de la atención y el acceso geográfico, físico, económico y cultural a los servicios de salud es deficiente, y los pocos que tienen acceso aún no reciben servicios adecuados a sus necesidades (). En este contexto, la mayoría de los expertos coincide en que es necesario fomentar intervenciones integradas de salud () y elaborar estrategias que permitan a los sistemas de salud adaptarse a las nuevas realidades demográficas y epidemiológicas ().

Envejecimiento en la Región: una oportunidad

En la Acción multisectorial para un envejecimiento saludable basado en el curso de vida: proyecto de estrategia y plan de acción mundiales sobre el envejecimiento y la salud de la OMS se destaca la importancia de los cambios demográficos que están ocurriendo y la manera en que estos cambios generarán no solo nuevos retos para la salud pública sino también oportunidades y posibilidades de acción gracias al «dividendo demográfico» que se registrará en este decenio (). El término «dividendo demográfico» se refiere a la razón de dependencia de la población, es decir, la proporción de personas menores de 15 años y mayores de 59 años en comparación con la de personas de 15 a 59 años de edad: hay un dividendo demográfico cuando la razón de dependencia disminuye sustancialmente (figura 1) debido a que existe un número importante de trabajadores adultos con una tasa de fecundidad baja y un grupo relativamente pequeño de personas mayores dependientes. Esta situación crea la oportunidad de invertir en el fortalecimiento de los sistemas de educación, pensión y salud del país (). El dividendo demográfico durará mucho menos tiempo en aquellos países que tienen una mayor población de personas mayores que en los países de la Región cuyas poblaciones aún son jóvenes (). Este concepto deberá examinarse en gran medida en el próximo decenio: considerando que la vida laboral de las personas mayores se ha extendido y que las personas mayores están participando de manera activa en actividades productivas, será necesario revisar en qué momento pueden ser consideradas un segmento de la población que es «dependiente».

Figura 1. Razón de dependencia (total, de las personas mayores y de la niñez) en diferentes variantes de las proyecciones en América Latina y el Caribe, 2010-2050

Fuente: Naciones Unidas. Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población. Estimaciones y proyecciones de la población (revisión del 2008). Disponible en: http://www.un.org/en/development/desa/population/.

Según los estándares internacionales, Estados Unidos y Canadá ya han «envejecido», pues cerca de 20,7% de su población tiene 60 años o más. En estos dos países, el envejecimiento de la población ha sido un proceso gradual que ha tenido lugar a lo largo de un período de 50 años. En cambio, se prevé que el número de personas de 60 años o más en América Latina y el Caribe se disparará entre el 2010 y el 2050, y pasará de 59 millones a 196 millones. Como se muestra en la figura 2, el crecimiento de la población de mayor edad en América Latina y el Caribe ocurrirá en un intervalo muy reducido de 20 a 30 años ().

Figura 2. Variación en puntos porcentuales de la proporción de adultos de 60 años o más en la Región de las Américas, por subregión, 2000-2015 y 2015-2030

Fuente: Naciones Unidas. World population prospects: the 2015 revision. Nueva York, Naciones Unidas. Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población; 2015.

Actualmente, las personas de 60 años o más representan cerca de 13% de la población en el Caribe, 12% en América del Sur y 9% en Centroamérica. En cambio, para el 2050, aproximadamente 25% de la población de América Latina y el Caribe tendrá 60 años o más (). Esta tendencia demográfica persistirá en la Región durante los próximos 25 años y estará acompañada por una reducción en la proporción de niños (de 0 a 14 años) en la población. Esto implicará un cambio drástico en el índice de envejecimiento (es decir, la razón de personas mayores frente a personas menores de 15 años) ().

En el 2010, en América Latina y el Caribe había aproximadamente 36 personas mayores por cada 100 niños. De acuerdo con las proyecciones que se presentan en la figura 3, esta razón se revertirá a partir del 2036 y, para el 2040, habrá 116 personas mayores por cada 100 menores de 15 años. En el Caribe, el índice de envejecimiento podría ubicarse en 142 personas mayores por cada 100 niños para el 2040 ().

Figura 3. Niños pequeños y personas mayores como porcentaje de la población en la Región de las Américas: 1950-2050

Fuente: He W, Goodkind D, Kowal P. U.S Census Bureau, International Population Reports, P95/16-1, An Aging World: 2015. Washington, D.C.: Oficina de Publicaciones del Gobierno de Estados Unidos; 2016.

En promedio, la esperanza de vida en la Región ha registrado un aumento de 21,6 años en los últimos 60 años y seguirá en ascenso en lo que resta de siglo. Ya han nacido los octogenarios de la segunda mitad de este siglo, lo que subraya la importancia de hacer inversiones sustanciales en la salud de la población a lo largo del curso de la vida (figura 4). Este último tema se tratará con más detalle en el capítulo 4.(Figure 4).

Figure Figura 4. Probabilidades de supervivencia hasta los 60 y los 80 años de edad en las cohortes que nacieron entre 1950 y 1955 y entre el 2000 y el 2005, por sexo y subregión

Fuente: Naciones Unidas. World population prospects: the 2015 revision. Nueva York, Naciones Unidas. Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población; 2015.

Aunque es indispensable hacer inversiones en todo el curso de la vida, la realidad es que los países de América Latina y el Caribe tendrán que adaptarse al crecimiento de la población de personas mayores más rápido y con niveles de ingresos nacionales mucho menores que Estados Unidos y Canadá, ya que tienen ingresos más elevados (). A menos que haya un crecimiento económico sin precedentes, los países de América Latina y el Caribe experimentarán en términos generales un envejecimiento acelerado junto con una presión cada vez mayor con respecto a la cobertura de las pensiones, el cual ya es deficiente para las personas mayores (). Por consiguiente, es esencial que en la Región se establezca un nuevo paradigma de envejecimiento en el cual se conciba la edad avanzada como un período en el cual la persona sigue siendo productiva, cuida de sí misma y es parte integral de la familia y la comunidad (). Se reconoce cada vez más que muchos países de la Región tendrán que aumentar los fondos destinados a la seguridad social de las personas mayores, como las pensiones contributivas y no contributivas del Estado. Además, es esencial que haya un cambio de los estereotipos de lo que significa la vejez, para que se establezcan diferentes enfoques y se vele no solo por la seguridad financiera sino también por la salud y la protección social de las personas mayores de una manera amplia y equitativa ().

No solo las personas pueden aspirar a vivir mucho más tiempo que antes; además, las familias y las comunidades también están cambiando. Tradicionalmente, el bienestar de las personas mayores dependía del apoyo que brindaban los familiares más jóvenes. Además, culturalmente se consideraba responsabilidad de los hijos adultos proteger y atender a los padres. Sin embargo, esta norma se ha modificado de manera significativa debido a los cambios causados por la urbanización, la migración, los cambios en las modalidades de convivencia de las personas, el aumento de la esperanza de vida y la acelerada disminución de la fecundidad. Estos cambios implican que habrá menos personas mayores viviendo con hijos adultos o cerca de ellos, para que puedan prestarles apoyo y atenderlos (). En aquellos países que tienen una población más joven, la mayor parte de las personas mayores todavía viven en hogares multigeneracionales; sin embargo, a medida que la población envejece, el porcentaje de personas mayores que viven solas se incrementa. En los países centroamericanos, por ejemplo, solo de 10% a 23% de los adultos mayores viven solos, mientras que en Argentina y Uruguay más de 50% viven solos. Por definición, a medida que la población envejece, la fecundidad disminuye y la esperanza de vida aumenta (). Solo cerca de una tercera parte de los adultos de América Latina y el Caribe tienen pensiones como fuente de ingresos; en consecuencia, el apoyo material en la vejez aún depende de la familia extendida. Además, el acelerado proceso de envejecimiento está ocurriendo en un entorno institucional frágil, pues gran parte de las fuentes que garantizan niveles mínimos de apoyo social y económico (como las pensiones por vejez) están siendo reformadas o, en algunos casos, eliminadas (). A medida que se reduce el tamaño de las familias, es posible que los hijos adultos tengan que racionar los recursos disponibles para apoyar a tres o incluso cuatro generaciones (). Por lo tanto, en América Latina y el Caribe el proceso de envejecimiento poblacional no solo ocurrirá en un período muy reducido, sino también en medio de acelerados cambios en las relaciones intergeneracionales y las frágiles estructuras públicas de protección social, en particular el régimen de pensiones y el acceso a la salud ().

El envejecimiento saludable en la Región estará determinado por la disponibilidad de políticas y programas orientados hacia las personas mayores que crean entornos sostenibles para permitir que las personas mayores y sus familias tengan una vida digna y de buena calidad. Este es el momento de actuar, y ahora la mayor parte de los países todavía tienen la oportunidad de hacerlo (). Las condiciones están dadas: la población actual de personas mayores de la Región creció con una amplia gama de privilegios y desventajas que han generado profundas diferencias en cuanto a la esperanza de vida, la longevidad y la salud. Por consiguiente, el reto que se enfrenta hoy en día en la formulación de políticas públicas estriba en invertir con intervenciones necesarias para reducir la inequidad en materia de salud en las personas mayores que ya han llegado a una edad avanzada, y mejorar las condiciones que fomentan un envejecimiento saludable y la equidad estableciendo la infraestructura necesaria para abordar el crecimiento constante de la población de personas mayores a lo largo del próximo decenio ().

El envejecimiento más allá de las características demográficas: la búsqueda de equidad

«Cuando somos ancianos, es difícil hacer las cosas; la edad se apodera de todo y ya no podemos trabajar como antes… No tengo fuerzas para hacer lo que solía hacer, y mis hijos se han ido. ¿Qué puedo hacer? Quizás me ha llegado la hora de morir.» (Palabras de una persona indígena mayor en un estudio cualitativo sobre el envejecimiento en Ecuador.)

Los efectos del envejecimiento se extienden prácticamente a todas las esferas de la vida. Es particularmente evidente en las esferas económica, social y de salud pública, así como en la familia y la vida personal. En la Declaración política y plan de acción internacional de Madrid sobre el envejecimiento () aprobada en el 2002, se definieron tres áreas prioritarias: la integración de las personas mayores a las estrategias de desarrollo, la creación de entornos propicios para el envejecimiento y las personas mayores, y el fomento de la salud en la vejez. Hoy en día, estas tres prioridades siguen estando plenamente vigentes en la Región. La búsqueda de la equidad a lo largo del curso de la vida es indispensable para lograr un envejecimiento saludable (véase el capítulo 4). Casi 50% de las personas mayores entrevistadas para el estudio sobre salud, bienestar y envejecimiento (SABE) dijeron que no tenían los recursos financieros necesarios para satisfacer sus necesidades diarias, y una tercera parte no tenía una pensión ni un trabajo remunerado (). En los países desarrollados, aproximadamente 75% de la población de mayor edad tiene algún tipo de pensión; en América Latina y el Caribe, solo 40% de las personas mayores tienen una pensión. Además, hay una diferencia significativa entre género: en las personas mayores, 11% de los hombres y 25% de las mujeres no tienen ingresos propios (). En las personas de edad más avanzada, el nivel de escolaridad es inferior que el de la población general y las tasas de analfabetismo son muy altas. La mala salud en la vejez no es inevitable, y se ha demostrado que existe una relación entre la mala salud y las condiciones sociales y de salud. En Estados Unidos, 77% de las personas mayores de 65 años dicen tener buena salud, mientras que en América Latina y el Caribe menos de 50% de las personas mayores de 60 años describen su salud como buena. Además, en América Latina y el Caribe las mujeres dicen que tienen un peor estado de salud que los hombres.

La desigualdad y las poblaciones indígenas

Diversos estudios realizados en Ecuador y Perú permiten observar la experiencia del envejecimiento en las poblaciones indígenas de las zonas rurales, que presentan tasas altas de pobreza extrema. En Perú, en una muestra de personas mayores de bajos ingresos, en la cual se seleccionó a las personas de edad menos avanzada definidas como las que se encontraban en el comienzo del envejecimiento (), 61% informó tener un estado de salud bueno o muy bueno, y no hubo diferencias significativas entre las zonas rurales y las urbanas. Sin embargo, ese porcentaje disminuyó a 48% en las personas de 75 años o más que vivían en las zonas rurales, mientras que en las zonas urbanas, 61% de las personas de 75 años o más declaraban tener una buena salud (). Esta diferencia concuerda con el número de enfermedades crónicas notificadas por las mismas personas en las zonas rurales y que no tuvieron tratamiento ni control, en comparación con las zonas urbanas y con el porcentaje de personas que refirieron tener dificultades con las actividades instrumentales de la vida diaria (). En un estudio cualitativo sobre la población indígena en Ecuador, el envejecimiento se asoció con más frecuencia con la pérdida de la capacidad de hacer trabajo físico y la dependencia de otros para satisfacer las necesidades básicas ().

Figura 5. Porcentaje de adultos mayores que declaran tener un estado de salud bueno o muy bueno, por edad y por lugar de residencia (rural o urbano)

Fuente: ESBAM 2012. Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. Dirección General de Seguimiento y Evaluación.

Envejecimiento, salud y capacidad funcional

Con el tiempo, y especialmente después de haber alcanzado un punto máximo de desarrollo, los seres humanos experimentan importantes cambios biológicos a nivel celular y molecular, los cuales generan una reducción en la capacidad de los órganos y los sistemas. Esto se refleja principalmente en una pérdida de la capacidad de reserva, pero después de cierto tiempo los cambios también producen una pérdida de la capacidad funcional, lo que aumenta de manera exponencial el riesgo de enfermedad, discapacidad o muerte. Sin embargo, resulta claro que todas las personas no envejecen de la misma manera; el envejecimiento, aunque tiene una parte genética, está determinado por muchas influencias positivas y negativas a lo largo del curso de la vida (). El avance de la geriatría y la gerontología en los últimos decenios ha permitido comprender mejor los procesos de salud y envejecimiento, y su relación con las enfermedades ().

En el Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud se define el envejecimiento saludable como «el proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. La capacidad funcional comprende los atributos relacionados con la salud que permiten a una persona ser y hacer lo que es importante para ella. Se compone de la capacidad intrínseca de la persona, las características del entorno que afectan esa capacidad y las interacciones entre la persona y esas características» ().

El envejecimiento saludable de la población es un proceso que comienza en una etapa previa a la concepción y sigue a lo largo de todo el curso de la vida. El reto que enfrentan hoy en día los responsables de formular políticas estriba en abordar el aumento de las enfermedades crónicas y la fragilidad en las personas mayores, y seguir mejorando la salud a lo largo del curso de la vida. Sin embargo, abordar la longevidad requiere cambios sistémicos en los sistemas de atención de salud; lo que funciona cuando el sistema de atención de salud se enfoca en la prevención primaria de las enfermedades no transmisibles y en la cura de las enfermedades agudas, no funciona cuando el objetivo es mantener la salud y la capacidad funcional de las personas adultas y personas mayores con enfermedades crónicas. Estos cambios deben basarse en los diversos estados de salud, enfermedades y trayectorias funcionales que ocurren en los cuatro últimos decenios de la vida ().

En América Latina y el Caribe, las cohortes que llegaron a los 70 años de edad después del 2000 son únicas porque en gran medida son el producto de intervenciones de salud pública que aumentaron la supervivencia infantil. Estas cohortes estuvieron expuestas a enfermedades infecciosas y desnutrición en una etapa temprana de la vida, lo que más adelante puede contribuir a la aparición de enfermedades crónicas y fragilidad. Está aumentando con rapidez la evidencia que muestra que las condiciones de infancia temprana afectan la salud de los adultos (). Hay datos empíricos y argumentos teóricos () que destacan cuatro factores de la infancia temprana y que pueden influir en la salud en etapas posteriores de la vida: 1) las enfermedades que se desarrollan en el útero o poco después del nacimiento pueden permanecer latentes por períodos largos y manifestarse en la vejez como enfermedades crónicas (); 2) las enfermedades que se presentan en la infancia temprana pueden ser la causa directa de la aparición de algunas enfermedades crónicas en etapas posteriores de la vida, como las cardiopatías y la fiebre reumática; 3) los episodios recurrentes de enfermedades infecciosas durante la infancia temprana y los procesos inflamatorios prolongados en etapas posteriores de la vida puede causar la aparición temprana de cardiopatías coronarias; y 4) las condiciones socioeconómicas de la infancia temprana podrían tener efectos perjudiciales en la salud de una persona en los años posteriores de vida (véase el capítulo 4).

Para alcanzar los objetivos de un envejecimiento saludable no basta simplemente con hacer más de lo que ya se está haciendo o con hacerlo mejor, se necesita un cambio sistémico (). El envejecimiento es y seguirá siendo uno de los factores que impulsarán la salud pública en los próximos decenios. El envejecimiento de la población de la Región no implica únicamente el problema de tener un mayor número de personas de 60 años o más, sino una mayor combinación de múltiples enfermedades crónicas, enfermedades infecciosas recurrentes y afecciones geriátricas que incluyen la disminución de la masa muscular, los cambios en las funciones sensoriales y cognoscitivas, y la disminución de la función inmunitaria. Sin embargo, los sistemas actuales de salud pública y de atención de salud se desarrollaron alrededor de diferentes imperativos demográficos y epidemiológicos, y no están preparados para atender las necesidades y prioridades de una creciente población de personas mayores (). Independientemente de las condiciones socioeconómicas en la Región, la esperanza de vida puede significar que las personas de 60 años de edad vivan de 18 a 23 años más. Las personas de 80 años o más son el grupo poblacional que está registrando el crecimiento más rápido en la Región (). Esta es una realidad sin precedentes que afectará los paradigmas vigentes en los campos de la salud pública y los servicios de salud.

Cerca de dos de cada tres personas mayores tiene una enfermedad crónica como artritis, asma, enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, cardiopatías o hipertensión (). La prevalencia de dos o varias enfermedades crónicas concurrentes se incrementa con la edad (). A medida que aumenta el número de enfermedades crónicas que sufre una persona, también se incrementan los riesgos de deterioro del estado funcional y hospitalizaciones que en otras condiciones serían innecesarias.

En términos de recursos, las implicaciones de abordar múltiples enfermedades crónicas son inmensas. En los Estados Unidos, 66% del gasto total en atención de salud se destina a la atención de aproximadamente 27% de la población estadounidense que tiene varias enfermedades crónicas (). En el Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud se indica que, de acuerdo con una revisión sistemática de estudios realizados en siete países de ingresos altos, la multimorbilidad afecta a más de la mitad de las personas mayores, y la prevalencia aumenta drásticamente en las personas de edad más avanzada (). Aunque carecemos de información acerca de la prevalencia y la repercusión de múltiples enfermedades crónicas en América Latina y el Caribe, el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población aumentarán considerablemente la necesidad de que haya un cambio para que los sistemas de salud «jóvenes» pasen a ser sistemas maduros que estén en gran medida direccionados en a abordar el impacto de múltiples enfermedades crónicas en una población de mayor edad.

La población de personas mayores experimentará de una mayor pérdida de la capacidad funcional, un incremento de la dependencia y exigirán una mayor demanda de cuidados; y a pesar de las visibles implicaciones que tendrá este fenómeno para la seguridad social y la salud pública en los próximos 10 años, la Región aún no ha formulado un plan sobre los cuidados a largo plazo. Este escenario requiere también que los servicios de atención de salud enfrenten los nuevos retos respecto a la prevención y tratamiento. Los sistemas y servicios de salud deben prepararse de manera oportuna para responder al aumento de las necesidades de atención de salud que estas condiciones generarán, y evitar concentrarse únicamente en curar a las personas o evitar que fallezcan. Para el 2020, la prevalencia de discapacidades severas en la población de personas mayores de América Latina y el Caribe aumentará en 47%. En el año 2010, solo las demencias generaron costos estimados en US$ 604 000 millones a nivel mundial; y se calcula que en la Región de las Américas representaron un costo aproximado de US$ 235 800
millones ().

Prevención de la ceguera en las personas mayores

El proceso de envejecimiento muchas veces se asocia con un deterioro de las funciones sensoriales, lo cual puede tener implicaciones importantes en el bienestar de las personas mayores y sus familias. Gran parte de la dependencia puede prevenirse completamente mediante intervenciones en salud. El no recibir tratamiento no solo afecta la calidad de vida sino también afecta el grado de dependencia y discapacidad, y a los costos asociados con los cuidados que requiera una persona mayor que sufre algún tipo de discapacidad en su vejez. Con el propósito de garantizar el acceso universal a la salud, los sistemas de salud necesitarán diseñar intervenciones simples con un nivel elevado de eficacia y que estén alineadas con las necesidades de las personas mayores, una de ellas es el acceso a lentes intraoculares utilizados en la cirugía de cataratas. Estas lentes pueden marcar una diferencia entre la dependencia prematura y un envejecimiento saludable. Las cataratas no operadas siguen siendo la causa más común de ceguera para tres millones de personas en la Región de las Américas. En América Latina, la cirugía de cataratas hechas por el sector público o por organizaciones no gubernamentales tiene un valor aproximado de US$ 300; las cataratas no operadas causan el 58,0% de los casos de ceguera en Perú y 66,4% en Panamá. En Estados Unidos, desde la perspectiva de costo de 13 años para la sociedad, el rendimiento económico de la inversión de una cirugía de cataratas para el primer ojo fue de US$ 121 198, lo que representa un aumento de 4 567% a lo largo de los 13 años. En el 2012, el costo directo médico-oftálmico de la cirugía unilateral de cataratas era de US$ 2 653 ().

La respuesta de la salud pública al envejecimiento

Tener una mala salud en la vejez no es algo inevitable, pero tener una vida larga con buena salud no está garantizado. Las personas mayores han acumulado durante su vida factores de riesgo asociados con múltiples enfermedades crónicas, además de experimentar cambios fisiológicos propios del envejecimiento. Ante una población más longeva, se requiere desarrollar un enfoque centrado en la capacidad funcional y la salud, además del manejo de enfermedades.

La promoción de un envejecimiento saludable y el mejoramiento de la capacidad intrínseca de las personas mayores dependerán de cómo se logre implementar cambios sistemáticos en los sistemas de salud. A su vez, la manera en cómo se promocione el envejecimiento saludable, a pesar de las múltiples enfermedades crónicas, va a determinar el costo del envejecimiento de la población y la capacidad de los sistemas de salud para responder a las necesidades de salud de toda la población.

El Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud menciona tres razones clave para actuar. La primera gira en torno a los derechos de las personas mayores: abordar la salud desde un enfoque basado en derechos humanos implica que la salud «abarca una amplia gama de factores socioeconómicos que promueven las condiciones para que las personas puedan llevar una vida sana, y hace ese derecho extensivo a los factores determinantes básicos de la salud, como la alimentación y la nutrición, la vivienda, el acceso a agua limpia potable y a condiciones sanitarias adecuadas, condiciones de trabajo seguras y sanas y un medio ambiente sano» (). Además, este enfoque reconoce que la autonomía de las personas mayores, su participación y su integración en la comunidad son elementos fundamentales de su bienestar (). La segunda razón es la necesidad de fomentar el desarrollo sostenible: promover que las personas mayores contribuyan a alcanzar las promesas en cuanto al desarrollo a fin de avanzar hacia una sociedad más equitativa. Las personas mayores saludables contribuyen a la comunidad de muchas maneras. En cambio, la falta de acceso a la atención de salud puede conducir a hospitalizaciones inevitables y pérdida de funciones, y en consecuencia, va a requerir cuidados y recursos por parte de los familiares. La tercera razón es el imperativo económico: la OMS presenta un paradigma diferente basado en la contribución que las personas mayores hacen permanentemente a los individuos, la familia y la comunidad.

El Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud adopta un enfoque diferente acerca de las implicaciones económicas del envejecimiento de la población. En este informe se indica que «en lugar de presentar los gastos en las personas mayores como un costo, los considera inversiones» (). Estas inversiones comprenden los gastos en un sistema integrado de salud que tenga en cuenta las necesidades de las personas mayores, cuidados a largo plazo y entornos amigables con las personas mayores. Al igual que con cualquier otra inversión, hacer lo que se sabe que surtirá efecto para mejorar y mantener la capacidad funcional, producirá una tasa sostenible de rendimiento de la inversión. La respuesta en el ámbito de la salud pública indicará la manera de determinar las prioridades de algunas de estas inversiones.

En la Acción multisectorial para un envejecimiento saludable basado en el curso de vida: proyecto de estrategia y plan de acción mundial sobre el envejecimiento y la salud () se definen cinco áreas prioritarias en las cuales debe concentrarse la respuesta de la salud pública al envejecimiento. Uno de los primeros pasos al ejecutar el plan consiste en elaborar indicadores con los datos usados como línea de base para hacer un monitoreo del progreso en cada una de las áreas prioritarias y dejar constancia del progreso en la planificación del decenio del envejecimiento saludable (2020-2030). Las prioridades que se definan representan una hoja de ruta importante para las instituciones de salud pública en la Región de las Américas.

Compromiso con el logro de un envejecimiento saludable en todos los países

La estrategia de la OMS reconoce que se requiere un liderazgo y compromiso para fomentar el envejecimiento saludable. Para que todas las personas puedan vivir una vida larga y saludable se requiere un enfoque multisectorial con una participación importante de diversos sectores y diferentes niveles del gobierno. También se requiere la colaboración entre el gobierno y los agentes no gubernamentales, como los prestadores de servicios, los productores, el sector académico y las mismas personas mayores. Por consiguiente, un paso fundamental para fomentar la acción debe consistir en forjar coaliciones locales, regionales e internacionales para llegar a un entendimiento común de los temas en cuestión.

Gran parte de la inversión que se haga para fomentar el envejecimiento saludable también beneficiará directamente a otros grupos poblacionales y tenderá a fortalecer el compromiso del país con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por ejemplo, contar con un liderazgo multisectorial permitirá que todas las acciones emprendidas para mejorar el envejecimiento saludable fomenten la capacidad de las personas mayores para contribuir de múltiples maneras en un ambiente que respete su dignidad y sus derechos humanos, sin ningún tipo de discriminación basada en el género o la edad, y promoverá la inclusión social, política y económica de todos, independientemente de su edad. En este marco, los derechos de las personas mayores pasan a ser un elemento importante en los esfuerzos por alcanzar las metas regionales en cuanto al desarrollo sostenible, los derechos humanos y el acceso universal a la salud. En la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, adoptada en el 45.o período ordinario de sesiones de la Asamblea General de Organización de los Estados Americanos (), se reconoce la necesidad de abordar los asuntos de la vejez y el envejecimiento desde una perspectiva de los derechos humanos, se proporciona un marco para abordar y garantizar esos derechos, y se destaca la necesidad de eliminar toda forma de discriminación basada en la edad en la Región de las Américas.

En varios países de la Región se ha elaborado al menos una herramienta de política pública (ley, plan nacional, política específica o programa) para abordar el envejecimiento en general o el envejecimiento y la salud en particular. La tarea pendiente es elaborar indicadores y datos básicos para todos los instrumentos de política pública, a fin de monitorear la ejecución y evaluar la eficacia. Por consiguiente, fortalecer la capacidad de los Estados Miembros para elaborar, monitorear y evaluar las políticas públicas a favor del envejecimiento saludable debe ser prioritario.

Creación de entornos amigables con las personas mayores

Los entornos amigables con las personas mayores ayudan a fomentar el envejecimiento saludable de dos maneras: al brindar apoyo en la creación y mantenimiento de la capacidad intrínseca a lo largo del curso de la vida y al permitir una mayor capacidad funcional para que las personas con distintos niveles de capacidad puedan hacer lo que valoran ().

La capacidad funcional de una persona depende no solo de su capacidad intrínseca (por ejemplo, su fuerza, función osteomuscular y otras condiciones que causan limitaciones fisiológicas), sino también del ambiente y el acceso a servicios y dispositivos de apoyo. Por ejemplo, una persona que tiene dificultades para caminar una cuadra debido a la osteoartritis podría quizás funcionar de manera autónoma con la combinación de: a) el uso de dispositivos de apoyo apropiados, como un bastón o un andador, que compensen la reducción de la capacidad intrínseca y b) un régimen de actividad física cuya efectividad se haya comprobado y que brinde apoyo y mejore la capacidad intrínseca. Por lo tanto, el marco del envejecimiento saludable se centra tanto en el fortalecimiento y/o el mantenimiento de la capacidad intrínseca como en la creación de entornos amigables y tecnologías de apoyo.

En este contexto, es esencial contar con liderazgo multisectorial, compromiso y recursos a nivel local. Una red mundial de la OMS de ciudades y comunidades amigables con las personas mayores en la Región de las Américas proporcionaría muchos ejemplos de la manera en que la coordinación de medidas con los municipios y diversos agentes de los sectores público y privado puede traducirse en mejoras en muchos ámbitos diferentes que son importantes para las personas mayores. El objetivo de ciudades y comunidades amigables con las personas mayores es fomentar la autonomía y la participación de las personas de más edad, así como garantizar el acceso al transporte, la vivienda, los espacios exteriores, las fuentes de información y comunicación, el empleo, y los servicios de salud y apoyo comunitario, así como promover la participación social y cívica, el respeto y la inclusión social (). Ningún sector, por sí solo, puede ser responsable de promocionar y apoyar que las personas mayores mantengan su capacidad funcional y sigan prestando su contribución a la sociedad. Sin embargo, es necesario que los Estados Miembros recopilen y usen información desglosada por edad y condiciones socioeconómicas sobre la capacidad funcional de las personas de edad más avanzada, evalúen la eficacia de las políticas, los sistemas y los servicios existentes al momento de satisfacer las necesidades y los derechos de las personas mayores, y detecten cualquier brecha ().

La prevención de caídas

Un amplio volumen de datos científicos corrobora que las caídas y el riesgo de caídas pueden reducirse mediante la detección sistemática de riesgos y la adopción de medidas en las cuales se combinen intervenciones clínicas y comunitarias. La participación de las personas mayores en las estrategias que ayuden a prevenir las caídas es una alternativa eficaz en función de los costos (). Las intervenciones que fortalecen la capacidad intrínseca, así como el uso de tecnologías y las alteraciones del entorno que compensan el descenso de la capacidad intrínseca, pueden prevenir muchos riesgos que dan lugar a caídas (). Las intervenciones de salud pública que tienen como objetivo la prevención de caídas deben estar basadas en la evidencia. Estas intervenciones se agrupan en tres categorías: las intervenciones que giran en torno a la práctica de ejercicios, las intervenciones que implican modificaciones en la vivienda y las intervenciones polifacéticas que permiten abordar varios factores de riesgo a la vez ().

Cuadro 1. Siete factores de riesgo e intervenciones eficaces para prevenir las caídas

Factor de riesgo Modificable mediante:
Debilidad de las extremidades inferiores Ejercicios específicos de fortalecimiento
Deficiencia de vitamina D Administración de suplementos de vitamina D
Dificultades al caminar y mantener el equilibrio Fisioterapia y dispositivos de ayuda a la movilidad
Polimedicación Revisión de los medicamentos
Problemas de la vista como cataratas Cirugía oportuna de cataratas y ayudas de la visión, según sea necesario
Dolor del pie o problemas de calzado Cuidado de los pies
Riesgos en el hogar y el entorno Hogar y ambiente adaptados a las personas mayores

Fuente: Adaptado de: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Preventing falls: a guide to implementing effective community- based fall
prevention program
. Atlanta: CDC; 2015.

Sistemas de salud acordes con las necesidades de la población de personas mayores

Para que las personas mayores tengan acceso universal a la salud, se necesitan cambios sistémicos: la vejez no significa sencillamente vivir más años; es una nueva fase del desarrollo humano (). Un sistema de atención de salud en consonancia con las necesidades de salud de las personas mayores tiene políticas, planes y programas para mejorar o mantener la capacidad funcional, controlar las múltiples enfermedades crónicas, y prestar servicios y apoyo a cuidados a largo plazo ().

A medida que se extienda la longevidad de la población, los sistemas de salud tendrán que abordar nuevos retos al atender las necesidades de salud de las personas entre los 60 y los 70 años de edad, y las de las personas de mayor edad, las cuales presentarán diferentes problemas relacionados con la salud y la fragilidad, que tienen una repercusión significativa en la capacidad de los sistemas de salud de toda la Región. Un sistema que tenga en cuenta las necesidades de las personas mayores está en capacidad de abordar los problemas que son importantes para este segmento de la población: el dolor crónico; las dificultades para oír, ver, caminar, o realizar actividades sociales o cotidianas; y los síntomas de la depresión. Los servicios de atención primaria todavía se centran en el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, pero la mayoría de los problemas que llevan a las personas mayores a los consultorios no se consideran “enfermedades”. El personal de atención primaria no se capacita en el reconocimiento o el control de los problemas de salud referidos por las personas mayores ni recibe mucha orientación a este respecto. Tampoco pueden encontrar los recursos comunitarios o el equipo de cuidados a largo plazo necesarios para responder a los problemas de salud de las personas mayores. Para hacer hincapié en la prevención es necesario que el equipo de salud comprenda mejor la estrecha relación que existe entre la capacidad intrínseca, el entorno y las tecnologías usadas para compensar las pérdidas normales que ocurren como parte del proceso de envejecimiento.

La prevención primaria se centra en cuatro factores de riesgo: el consumo nocivo de alcohol, la alimentación poco saludable, la falta de actividad física y el consumo de tabaco. Estos factores son importantes a lo largo del curso de la vida no solo para prevenir sino también para tratar las enfermedades no transmisibles. Los datos epidemiológicos a nivel regional indican que un número significativo de adultos y personas mayores vivirán, en promedio, de 30 a 40 años con una enfermedad crónica como la diabetes, alguna enfermedad cardíaca o pulmonar, artritis o cáncer (). Es esencial enseñar a las personas mayores cómo estar sanas y cómo tener una vida saludable incluso con estas enfermedades crónicas.

La OMS definió un marco de servicios de salud integrados, centrados en las personas, que establece una visión en la cual todas las personas tienen acceso igualitario a servicios de salud de buena calidad que se producen conjuntamente de una manera que satisface sus necesidades en el curso de la vida (). En el marco se define el concepto de “coproducción de salud” como la atención que implica una relación a largo plazo entre personas, prestadores y sistemas de salud donde la información, la toma de decisiones y la prestación de los servicios se comparten (). Un servicio de salud que tenga en consideración las necesidades de las personas mayores tiene los recursos humanos, las tecnologías y los asociados comunitarios que se necesitan para poder evaluar riesgos y síntomas. A diferencia de la atención de pacientes con enfermedades agudas, donde el tratamiento generalmente es corto y definitivo, el tratamiento y el seguimiento continuos de las afecciones crónicas requieren interacciones productivas entre los profesionales de la salud y la persona que tiene la afección crónica. La atención centrada en la persona requiere una participación activa en la planificación y ejecución del cuidado personal, y promueve una alianza en las acciones realizadas con el fin de mejorar y mantener la salud. En la vida de una persona con una afección crónica, las intervenciones del sistema de atención de salud suelen tomar no más de unas pocas horas al año. El resto del tiempo el paciente es responsable de su propio cuidado. Los resultados no dependerán del breve tiempo que pase en el consultorio médico, sino de su comportamiento en la vida cotidiana. Para alcanzar las metas de la atención centrada en la persona, el sistema de salud tiene que brindar apoyo a la planificación y ejecución del cuidado personal de las personas que viven con afecciones crónicas (más información en el recuadro “Programas de cuidado personal”). Los programas basados en la evidencia son aquellos que han sido puestos a prueba rigurosamente en entornos controlados, han demostrado ser eficaces y se han transformado en modelos prácticos que pueden implantarse en entornos comunitarios. Los servicios de atención primaria de salud deben tener por objeto adoptar programas basados en la evidencia que permitan a los adultos de mayor edad desarrollar la capacidad y la práctica necesarias para participar en la coproducción de salud ().

Programas de autocuidado

El autocuidado o automanejo requiere procesos que están diseñados para ayudar a adoptar cambios de comportamiento y tener un mayor empoderamiento. En diversas investigaciones se ha demostrado que los pacientes pueden aprender y cambiar los comportamientos a cualquier edad. Algunos programas específicos de autocuidado y diseñados para mejorar la capacidad y confianza de los pacientes, son como el programa de Autocuidado de Pacientes de Enfermedades Crónicas de la Universidad de Stanford, se han usado con adultos de todas las edades y han logrado que los pacientes adopten una actitud proactiva al cuidar de sí mismos. En un metanálisis de los resultados de investigaciones realizadas durante 25 años, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos llegaron a la conclusión de que, a nivel de la población, estas intervenciones podrían tener un considerable efecto en el ámbito de la salud pública debido a la posibilidad de ampliar el alcance de las intervenciones, el costo relativo de su ejecución, la posibilidad de aplicarlos ampliamente en diversos entornos y diferentes públicos, y la capacidad de llegar a un gran número de personas ().

Debe considerarse prioritario que los trabajadores de salud dispongan de herramientas nuevas para prestar atención centrada en las personas mayores y crear y usar programas basados en la evidencia a fin de incrementar al máximo la eficiencia en la promoción de un envejecimiento saludable. El 85% de los puntos focales que participaron en una encuesta informal realizada en la reunión regional del 2007 reconoció no tener ninguna capacitación formal en gerontología o geriatría. Una fuerza laboral “geriatrizada” es aquella que ha recibido capacitación sobre el envejecimiento saludable y tiene las herramientas y los conocimientos básicos necesarios para elaborar planes y programas centrados en las personas mayores que ayuden a satisfacer las necesidades de salud de estas personas y sus familias. Es una fuerza laboral que comprende las prioridades de la atención a las personas mayores, que se centra en la capacidad funcional y que puede evitar complicaciones prevenibles. Para llenar este vacío en la capacitación, el Programa Regional de la OPS sobre la Salud y el Envejecimiento, en colaboración con otros asociados académicos de la Región, dicta un curso de especialización de 420 horas de duración sobre “Gerencia en Salud para Personas Mayores”. Este curso, que se extiende por 40 semanas, combina la inmersión total y la capacitación en línea en una plataforma flexible donde se encuentran muchas herramientas y se promueve el aprendizaje virtual en equipo. Más de 250 personas de 25 países de América Latina y el Caribe han cursado esta especialización desde el 2007.

Con el apoyo de la OPS, en el año 2000 se estableció la Academia Latinoamericana de Medicina del Adulto Mayor (ALMA). Su objetivo era crear una red de profesores de las facultades de medicina de toda la Región para impartir clases sobre geriatría y capacitar a estudiantes de medicina y médicos de atención primaria en esta especialidad. La Academia proporciona oportunidades de educación continua y actualmente cuenta entre sus miembros a 220 profesores de 16 países de América Latina. En el 2005, publicó una guía sobre cómo introducir la enseñanza de la geriatría en la educación médica general ().

A pesar de estos adelantos en cuanto a la capacitación, para redefinir la fuerza laboral responsable de la atención primaria de salud en el siglo XXI, y que deberá enfrentar un envejecimiento de la población extremadamente acelerado, es necesario adoptar un enfoque diferente con respecto a la educación y la capacitación de la fuerza laboral actual, al igual que con respecto a la ampliación del papel que tendrá el equipo de atención de salud en el logro del acceso universal a la atención centrada en la persona. Se necesitarán cada vez más enfermeras, fisioterapeutas, dietistas, agentes comunitarios de salud y educadores de salud que estén capacitados en salud de la población y especializados en diversos grupos poblacionales, desde el nacimiento hasta los 100 años de edad ().

Desarrollo de sistemas sostenibles y equitativos para los cuidados a largo plazo

Las familias, y especialmente las mujeres (90%), prestan la mayor parte del cuidado no remunerado en América Latina y el Caribe; las personas que cuidan a familiares recortan hasta en 20% el trabajo remunerado para proporcionar cuidados a una persona mayor (). Cerca de 43% de los cuidadores, principalmente miembros de la familia o cuidadores “informales”, muestran síntomas de depresión y ansiedad; además, se estima que, si se comparan con personas que no cuidan a un enfermo, tienen dos veces más riesgos de sufrir enfermedades cardíacas y lesiones. Asimismo, cuando los cuidados se realizan en condiciones de pobreza y cuando los cuidadores no tienen ninguna capacitación, recursos, o apoyo social o institucional, estos últimos están expuestos a un mayor riesgo de morbilidad; además, las personas mayores que están siendo atendidas corren mayor riesgo de sufrir trato negligente y abuso por parte de quienes los cuidan, que pueden sentirse abrumados por sus tareas ().

Es necesario que en el próximo decenio los sistemas de salud integren de una manera más eficaz la atención médica, la atención social y los cuidados de sostén. Un sistema de salud que tiene en cuenta las necesidades de las personas mayores genera planes de atención orientados a la vejez y guarda consonancia con las metas de las personas mayores y sus familias. Esto significa que tienen alternativas a la hospitalización y la institucionalización, así como acceso a apoyo de cuidados a largo plazo diseñados para mantener la salud y la capacidad funcional por tanto tiempo como sea posible durante una fase de vida que se caracteriza por la debilidad y la dependencia.

Cuidado a largo plazo

Es «el conjunto de actividades emprendidas por los cuidadores informales (familia, amigos y/o vecinos) y/o los profesionales (sanitarios, sociales y de otro tipo) para asegurar que una persona que no esté plenamente capacitada para su autoasistencia pueda disfrutar de la máxima calidad posible de vida, según sus preferencias individuales, y del mayor grado posible de independencia, autonomía, participación, realización personal y dignidad humana” ().

Para las personas que llegan a una edad avanzada, preservar la salud y mantenerse sin sufrir ninguna crisis requiere un sistema de atención de salud muy diferente al modelo actual. Hace apenas una generación, era poco común que las personas llegaran a una edad en la que se convertirían en ancianos frágiles. Cuando esto ocurría, siempre había alguien de la familia que podía ocuparse de sus cuidados. Pero ahora, esto no es nada sencillo para millones de familias que cuidan a un ser querido. En primer lugar, los entornos urbanos ya no están adaptados a las personas mayores; en segundo lugar, hay un menor número de hijos y los hijos no siempre pueden encargarse de cuidar a un familiar; en tercer lugar, se brinda cuidado a distancia. Todo esto ha cambiado por completo la dinámica de vivir una vejez en un entorno propicio. Cuando quienes cuidan a una persona mayor de 60 años o más no tienen ninguna otra opción, las crisis en el cuidado de personas mayores se traducen en ser prevenibles, prolongadas y con hospitalizaciones costosas.

En una sociedad joven, es frecuente que las personas siempre fallezcan por una enfermedad terminal que tiene un período relativamente corto entre la aparición de la enfermedad mortal y la muerte. Sin embargo, en una sociedad que está envejeciendo, existe una nueva fase en el curso de la vida de quienes viven en la vejez: la fase de la debilidad. En esta fase, no se detecta ninguna enfermedad terminal, y el deterioro de la capacidad funcional, el habla y la deambulación puede prolongarse incluso de 6 a 8 años ().

Tener acceso a la atención de un familiar ya no es la norma. Casi la mitad de los adultos mayores viven solos o con su cónyuge, no en una familia multigeneracional (). La vida intergeneracional no solo tiene lugar dentro de los hogares sino también entre las distintas generaciones, independientemente de las modalidades de convivencia. Muchas encuestas SABE arrojan los mismos resultados: hay una distribución bidireccional de los recursos a lo largo de la vida, pues van en uno u otro sentido en los períodos clave de la vida. Sin embargo, las enfermedades y la discapacidad a menudo ponen bajo presión las relaciones familiares ().

En esta fase de la vida es esencial contar con servicios de cuidado a largo plazo. La transición entre una persona mayor sana en pleno funcionamiento y un adulto frágil no se encuentra claramente definida como las de otras etapas de la vida, como la transición de la niñez a la adolescencia. Sin embargo, estas transiciones son reales y la sociedad tiene que reconocer que al inicio de la fragilidad, la persona necesitará cuidados por parte de los prestadores de atención de salud, la familia y los amigos que son considerablemente diferentes de los servicios prestados a las personas que no son frágiles. Aunque la mayoría de las personas mayores gozarán de un envejecimiento activo y saludable hasta cerca del final de la vida, un número significativo sufrirá demencias y otros trastornos que conducen a la discapacidad, la fragilidad y la necesidad de recibir cuidados a largo plazo (en el recuadro “El caso de las demencias” se encontrará más información con respecto a las demencias). Cerca de 20% de las personas mayores de 65 años requerirán apoyo y cuidados a largo plazo para poder realizar las actividades de la vida diaria ().

El caso de la demencia

Las demencias son el principal factor que genera discapacidad y dependencia en las personas mayores. Se calcula que en la Región de las Américas la prevalencia de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias se duplicará cada 20 años, y pasará de 7,8 millones en el 2010 a 14,8 millones en el 2030. Los países más afectados serán los de América Latina y el Caribe, donde el número de personas con demencias aumentará de 3,4 millones en el 2010 a 7,6 millones en el 2030, con lo cual sobrepasarán la cifra estimada de 7,1 millones de personas con demencia en Estados Unidos y Canadá. Se calcula que en el 2010 las demencias generaron costos por US$ 235 800 millones en la Región de las Américas ().

Las demencias causan la segunda carga mayor de años vividos con discapacidad (11,9%) (). La proporción de personas que necesitan atención por tener algún tipo de demencia aumenta con la edad: de 30% en las personas de 65 a 69 años a 66% de las personas que tienen 90 años o más. Además, a diferencia de otras enfermedades crónicas, las personas con demencia pueden necesitar atención desde las etapas iniciales de la enfermedad y, a medida que empeora su condición, depender cada vez más de quienes las cuidan (). En el 54.o Consejo Directivo, la OPS aprobó la resolución CD54.R11, Estrategia y plan de acción sobre demencias en las personas mayores. En esa resolución se insta a los Estados Miembros a fortalecer la capacidad de los sistemas de salud y la red de servicios para aumentar el acceso a recursos, programas y servicios para las personas con demencia y sus familias ().

Mejora de la medición, el monitoreo y la investigación del envejecimiento saludable

En el ámbito de la salud pública, los datos son el principal factor para impulsar el cambio. La salud pública aborda las posibles amenazas a la salud cuando estas amenazas se cuantifican y se localizan, y las medidas tomadas para abordarlas deben basarse en la evidencia: datos científicos sobre las amenazas que ponen en riesgo un envejecimiento saludable; datos científicos sobre las políticas, las intervenciones y los programas que, según se ha demostrado, favorecen un envejecimiento saludable; y datos científicos de que hay capacidad local para adoptar las políticas, las intervenciones y los programas con fidelidad.

En la Región, la capacidad de estudiar el envejecimiento y los problemas de salud ha madurado en los últimos 15 años. Lo que falta es que se emprendan esfuerzos colaborativos de gran magnitud en toda la Región para crear la infraestructura y la capacidad necesarias para utilizar y analizar resultados que brinden apoyo a políticas, planes y programas que atiendan las necesidades de la población, que es muy diversa y está envejeciendo. Fortalecer la base científica para formular políticas que aborden los retos del envejecimiento saludable debe ser una prioridad para la Región ().

El objetivo para el próximo quinquenio es que los sistemas de salud de toda la Región elaboren indicadores básicos de salud y capacidad funcional a lo largo del curso de la vida, desglosados por sexo y edad, y representativos de la población desde el nacimiento hasta la vejez. El objetivo es prepararse y luego adoptar los cambios sistémicos que sean necesarios para una población que está envejeciendo. Con el apoyo de la OPS, los Estados Miembros tendrán que crear una base de datos que pueda proporcionar indicadores sobre el envejecimiento saludable que se centren en el acceso a la salud y la capacidad funcional, desglosados por edad y zona geográfica. Luego, tomando como base el conocimiento local, podrán adoptarse decisiones locales para apoyar los planes nacionales. El grupo de trabajo multidisciplinario de la OPS que está conduciendo una investigación sobre el envejecimiento se trazó una meta a 5 años: que al menos 40% de los países de la Región estén en capacidad de administrar una base de datos sobre el envejecimiento e indicadores de salud para que puedan transformar esa investigación y sus resultados en datos científicos que fundamenten la toma de decisiones y las intervenciones de salud pública. A largo plazo, se prevé usar los datos científicos, la información y la investigación para ayudar a reducir las desigualdades en torno a la salud y mejorar el envejecimiento saludable, haciendo hincapié en las personas que corren el mayor riesgo de sufrir una discapacidad o muerte prematura.

Conclusiones

En el próximo quinquenio se requerirá un mayor compromiso de diversos sectores del Gobierno y la sociedad, incluidas las personas mayores, a fin de responder a las cinco prioridades clave para que haya un envejecimiento saludable. Los Estados Miembros tendrán muchas oportunidades para intercambiar información, coordinar acciones y conocer las enseñanzas extraídas para brindar apoyo al desarrollo de un envejecimiento saludable. La Región tendrá que fortalecer la capacidad nacional para formular políticas y programas basados en la evidencia. Si estas políticas y programas se diseñan bien y se ejecutan con un enfoque basado en la evidencia, su costo podrá considerarse una inversión sólida, y el rendimiento de esa inversión serán personas mayores más sanas y una mejora en el ámbito de la salud universal.

Orientar los sistemas de salud para que giren en torno a la capacidad intrínseca y la capacidad funcional requerirá servicios que dispongan de financiamiento sostenible, colaboración entre los diversos sectores, y sistemas sociales y de salud que estén en consonancia para fomentar el envejecimiento saludable. Brindar acceso a la atención de salud y los servicios de apoyo a las personas que llegan a la vejez requerirá esfuerzos importantes para financiar, crear y ejecutar mecanismos que permitan prestar atención de calidad. En general, el próximo quinquenio requerirá de la colaboración de los Estados Miembros, las organizaciones de desarrollo internacional, la comunidad científica y todos los sectores de la sociedad, que tendrán que poner a prueba diversos enfoques para favorecer la salud y la capacidad funcional de una población diversa que está envejeciendo rápidamente.

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Reference/Note:

Regional Office for the Americas of the World Health Organization
525 Twenty-third Street, N.W., Washington, D.C. 20037, United States of America