Pan American Health Organization

Estado de salud de la población

Violencia – Parte II

Violencia juvenil

La población joven (definida como las personas de edades comprendidas entre los 10 y los 29 años) constituye el grupo etario más afectado por la violencia y también es el grupo que con más frecuencia comete actos de violencia (). En la Región de las Américas, los homicidios son la causa principal de muerte de los hombres jóvenes. Aproximadamente un 25% de las defunciones de los jóvenes son homicidios (). Según la Base de Datos de Mortalidad de la OPS (2), los cinco países y territorios de la Región con la proporción más alta de defunciones de jóvenes por homicidios en el 2013 fueron Puerto Rico (54,4%), Colombia (43,4%), El Salvador (41,2%), Bahamas (41,0%) y Brasil (37,7%).

Los cálculos de la OMS de los años de vida ajustados en función de la discapacidad por causa específica (AVAD) y los años de vida perdidos (APP) en el 2012 indican que, en los jóvenes de 15 a 29 años de edad, la violencia interpersonal representó un 15,8% del número total de AVAD (23,0% en el caso de los hombres y 3,8% en el caso de las mujeres) y un 30,7% del número total de APP (37,1% en el caso de los hombres y 11,2% en el caso de las mujeres) ().

La violencia escolar es un subconjunto de la violencia juvenil que se ha convertido en un grave problema de salud pública en la Región. La violencia escolar es rara vez mortal, pero puede conducir a una amplia variedad de conductas y resultados negativos con respecto a la salud, entre los que cabe mencionar el consumo de alcohol y de drogas, la depresión, la ansiedad y muchos otros problemas psicológicos que incluyen, en casos extremos, el suicidio. Un análisis de los datos del 2007 al 2013 de la Encuesta Mundial de Salud Escolar para 24 países y territorios de América Latina y el Caribe de habla inglesa () demostró que los varones de 13 a 15 años de edad tenían mayores probabilidades que las mujeres de ser víctimas o agresores en una riña. La prevalencia de las personas agredidas físicamente durante los 12 meses previos a la encuesta comprendió desde alrededor del 20% en el caso de los hombres y el 17% en el caso de las mujeres de Centroamérica hasta el 44% en el caso de los hombres y el 33% en el caso de las mujeres del Caribe de habla inglesa. La prevalencia de las personas presentes en una riña comprendió desde alrededor del 35% en el caso de los hombres y el 17% en el caso de las mujeres de Centroamérica hasta el 53% en el caso de los hombres y el 32% en el caso de las mujeres del Caribe de habla inglesa durante los 12 meses previos a la encuesta. Por otro lado, la prevalencia de la intimidación no se vio afectada por el sexo y comprendió desde alrededor del 20% en el Cono Sur hasta aproximadamente un 40% en los países andinos.

Los factores de riesgo que pueden influir en la violencia juvenil incluyen un historial de participación en la criminalidad; la delincuencia y el comportamiento agresivo; los trastornos psicológicos como la hiperactividad y los trastornos de conducta; el consumo nocivo de alcohol y de drogas ilícitas a nivel individual; la crianza con una supervisión deficiente de los progenitores; el padecimiento de una disciplina severa e incongruente aplicada por los progenitores; la participación de los progenitores en la criminalidad; la asociación con compañeros delincuentes; la criminalidad del vecindario; la facilidad del acceso a las armas de fuego, el alcohol y las drogas ilícitas; el desempleo; los niveles altos de desigualdad de ingresos, y la concentración de pobreza en su comunidad ().

Las consecuencias de la violencia juvenil no mortal incluyen traumatismos, problemas de salud mental y consecuencias conductuales negativas. Por cada adolescente o joven asesinado, se ha calculado que no menos de 20 a 40 adolescentes o jóvenes son ingresados a un hospital con traumatismos graves relacionados con la violencia e infligidos durante una agresión o robo (). Otras formas de violencia juvenil, como la intimidación, pueden causar más daño emocional que físico. Las mayores consecuencias sociales y económicas de la violencia juvenil incluyen un bajo rendimiento escolar y costos económicos como la disminución de los valores de propiedad en las zonas violentas de gran diversidad biológica. Sin embargo, se necesita más investigación para dar respuesta a las consecuencias sociales y de salud de la violencia juvenil sin heridos ().

Referencias

1. 1. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Human development report for Latin America 2013-2014. Nueva York: UNDP; 2013. Disponible en: http://www.undp.org/content/undp/es/home/librarypage/hdr/human-development-report-for-latin-america-2013-2014.html.

2. Organización Panamericana de la Salud. Indicadores básicos 2016. Situación de la salud en las Américas. Washington, D.C.: OPS; 2016. Disponible en: http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/31289/CoreIndicators2016-eng.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

3. Organización Mundial de la Salud. Global health estimates 2015: disease burden by cause, age, sex, by country and by region, 2000-2015 [Internet]; 2016. Disponible en: http://www.who.int/healthinfo/global_burden_disease/estimates/en/index2.html.

4. Organización Panamericana de la Salud. Interpersonal youth violence in Latin America and the English-speaking Caribbean. Washington, D.C.; OPS; 2015. Disponible en: http://iris.paho.org/xmlui/handle/123456789/10018.

5. Organización Mundial de la Salud. Preventing youth violence: an overview of the evidence. Ginebra: OMS; 2015. Disponible en: http://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/youth/youth_violence/en/.

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Referencia/Nota:

    Regional Office for the Americas of the World Health Organization
    525 Twenty-third Street, N.W., Washington, D.C. 20037, United States of America