Pan American Health Organization

Cambio climático

  • Introducción
  • El mundo y las transformaciones climáticas
  • Efectos del cambio climático sobre la salud humana
  • El futuro: la salud en el convenio de París y los Objectivos de Desarrollo Sostenible
  • Dar el ejemplo: Transformar los sistemas de salud para abordar el cambio climático
  • Hoja de ruta del sector de la salud para abordar el cambio climático
  • Referencias
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Introducción

Se considera que el cambio climático representa «la principal amenaza para la salud mundial del siglo XXI» (), si bien no se sabe con certeza el grado de influencia que pueda tener sobre la salud debido a la complejidad de los procesos subyacentes. No obstante, si se tienen en cuenta tanto el conocimiento actual como las proyecciones con un grado alto de certidumbre, está claro que el clima está cambiando, y que este cambio afecta y seguirá afectando a la salud.

Es probable que los factores antropogénicos que inciden en todo el sistema climático sean la principal causa del recalentamiento del planeta que se observa desde mediados del siglo XX (). Este rápido cambio climático plantea retos directos e indirectos para salud humana (). Son abrumadoras las pruebas acerca de la carga de enfermedad y las muertes derivadas de los riesgos ambientales (), efectos que, según está previsto, seguirán aumentando a medida que el clima siga cambiando. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que —considerando solo algunos de los riesgos para la salud asociados y suponiendo que seguirán progresando el crecimiento económico y la protección de la salud— el cambio climático probablemente cause cerca de 250 000 muertes adicionales por año en el transcurso de los años treinta de este siglo ().

Aunque el cambio climático afectará a todos, están en mayor peligro los grupos poblacionales que son vulnerables tanto en términos sociales como económicos, de modo que es esencial abordar sus necesidades oportunamente (). El sector de la salud debe estar preparado para reconocer, comprender y ayudar a las sociedades a mitigar los efectos del cambio climático, y a adaptarse a este nuevo mundo promoviendo condiciones mejores y más equitativas para todas las personas.

En primer lugar, el sector de la salud debe dar el ejemplo, es decir, los sistemas de salud deben reducir la emisión de gases de efecto invernadero y ayudar a estimular el cambio en toda la cadena de suministro del sistema. Para cumplir con esta meta, es necesario mejorar la seguridad de los establecimientos de salud, su resiliencia y su respeto por el medioambiente.

La disminución de las emisiones ayuda a mitigar las repercusiones del cambio climático y mejora la calidad del aire, lo que también beneficia la salud. Más de 7 millones de muertes anuales son atribuibles a la contaminación atmosférica (): de hecho, en la Región de las Américas, el 20% de las ciudades de los países de ingresos altos y el 90% de las ciudades de los países de ingresos bajos y medianos no cumplen con las normas de la OMS sobre la calidad del aire (). A nivel mundial, los costos relacionados con la salud atribuibles a los combustibles contaminantes ascendieron a US$ 5,3 billones en el 2015 (), más del total destinado a la salud por los gobiernos de todo el mundo. Si el sector de la salud y otros sectores emprendieran un esfuerzo coordinado para reducir las emisiones, esto tendría un impacto positivo a escala verdaderamente mundial.

En segundo lugar, es fundamental que el sector de la salud haga hincapié en adaptarse al cambio climático. El personal de salud debe recibir capacitación para reconocer y comprender sus efectos, fomentar la reducción de la huella climática del sector y actuar en consecuencia, y ayudar a aumentar la resiliencia de los sistemas de salud.

En tercer lugar, el sector de la salud también puede potenciar los beneficios colaterales de salud de las iniciativas intersectoriales. Es fundamental tener en cuenta los resultados en materia de salud al planificar los sistemas de energía, transporte, alimentos, agua y planificación urbana. Además, al abordar las cuestiones de salud, es crucial detectar los aspectos y las respuestas relacionadas e interconectadas respecto de los grupos que son objeto de marginación política, económica y social. En este capítulo, se proponen iniciativas transversales que impulsan respuestas integradas y eficaces para abordar la agenda sobre el cambio climático en la Región de las Américas.

El mundo y las transformaciones climáticas

Los meteorólogos coinciden en que la emisión de gases que causan el efecto invernadero constituye la principal causa de las tendencias actuales de recalentamiento del planeta (). El dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso y el ozono son los principales gases de este tipo; desde 1750, las concentraciones atmosféricas de los tres primeros han registrado un aumento significativo (40%, 150% y 20%, respectivamente) y se calcula que su concentración actual es la más alta en 800 000 años. Este aumento brusco se atribuye principalmente a la quema de combustibles fósiles y los procesos industriales, que son responsables de cerca del 78% de ese aumento.

Dado que los gases de efecto invernadero atrapan el calor, a mayor concentración atmosférica, mayor temperatura (figura 1). Esta concentración atmosférica sin precedentes ha aumentado la temperatura promedio en todo el mundo cerca de 0,85 °C entre los años 1880 y 2012 (). Según las tendencias actuales, la concentración atmosférica de estos gases casi cuadruplicará los valores preindustriales hacia fines de este siglo (). Se prevé que, en la década del 2090, la temperatura superficial media del planeta subirá otros 3,7 °C respecto de las registradas entre 1986 y el 2005; este aumento se sumaría al recalentamiento ya registrado desde la era preindustrial (figura 2).

Figura 1. Aumento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono y la temperatura mundial promedio

Fuente: Datos de CO2, Laboratorio de Investigación del Sistema de la Tierra de la Dirección Nacional de Asuntos del Océano y de la Atmósfera (NOAA) de los Estados Unidos; datos de la temperatura, Goddard Institute for Space Studies, http://earthobservatory.nasa.gov/Features/CarbonCycle/page5.php?src=share.

Figura 2. Cambios de las temperaturas estivales entre 1995 y el 2090, en el escenario RCP8.5, calculados a partir de la media de las proyecciones elaboradas con los modelos CMIP5

Fuente: Watts N, Adger WN, Agnolucci P, Blackstock J, Byass P, Cai W, et al. Health and climate change: policy responses to protect public health. The Lancet 2015;386(10006):1861–1914 (). Reimpreso con autorización de los autores.

Esta magnitud de calentamiento puede perturbar considerablemente el régimen pluvial y la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como las tormentas, los huracanes, las olas de calor, las precipitaciones abundantes y las marejadas en las zonas costeras. Además, los océanos se tornarán más cálidos y más ácidos, y los glaciares empezarán a derretirse, lo que elevará el nivel del mar. La media del nivel del mar ha aumentado alrededor de 20 cm en el último siglo, mucho más que en los dos milenios anteriores, y ahora se prevé que suba otros 26 cm a 98 cm antes del año 2100 (). El aumento del nivel del mar exacerba las marejadas, agrava la erosión costera y aumenta la salinización de los acuíferos; estos, a su vez, aumentan la presión sobre los sistemas de producción de agua y de alimentos, y causan inundaciones en las tierras bajas, todo lo cual probablemente tenga efectos directos e indirectos sobre la salud ().

Efectos del cambio climático sobre la salud humana

El clima y las condiciones meteorológicas afectan de muchas formas a la salud y son varias las razones por las que no resulta sencillo determinar todo el impacto que pueden tener. En primer lugar, la salud de cada persona responde a fenómenos climáticos que tienen diferente distribución temporal —desde variaciones diarias y estacionales hasta fluctuaciones interanuales— y estos nexos causales interconectados pueden acumularse o anularse parcialmente entre sí (por ejemplo, la oscilación meridional El Niño tiene ciclos irregulares de 2 a 7 años y puede potenciar los efectos de las sequías regulares o los cambios climáticos a largo plazo). En segundo lugar, a menudo resulta difícil evaluar qué respuestas pueden desvincularse de otros factores y atribuirse exclusivamente al clima. En tercer lugar, el lapso que transcurre entre la exposición y el efecto torna difícil o imposible determinar si hay algún vínculo. Para evaluar los efectos de un cambio climático sobre la salud se deben detectar cambios respecto de algunos valores de referencia (del clima y de las respuestas de salud, descontando las respuestas a factores no relacionados con el clima). A su vez, también es difícil calcular esos valores de referencia debido al corto lapso durante el que se recopilan y registran esos datos de manera fiable en todo el mundo.

Pese a estas dificultades, muchos investigadores han llegado a la conclusión de que el cambio climático afecta y seguirá afectando a la salud de varias maneras. De hecho, aunque el calentamiento del clima quizá sea beneficioso para algunas zonas (por ejemplo, los inviernos menos crudos pueden reducir el número de muertes o aumentar la productividad de los cultivos en las zonas más frías), se prevé que la magnitud y la gravedad de los efectos negativos superarán enormemente a los positivos (). El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por su sigla en inglés) () estima con un alto grado de certeza que el cambio climático previsto repercutirá en la salud humana hasta mediados de este siglo. El IPCC distingue tres tipos de efectos del cambio climático sobre la salud: efectos directos, efectos indirectos a través de los sistemas naturales y efectos indirectos a través de los sistemas socioeconómicos. Sin embargo, los resultados en materia de salud no siempre se derivan directamente de esos factores. Los determinantes sociales de la salud (tanto individuales como colectivos) y la presencia y la calidad de los servicios de salud pueden determinar, para bien o para mal, los resultados finales de esos cambios en materia de salud (figura 3).

Figura 3. Efectos del cambio climático sobre la salud humana

Fuente: Adaptado de Watts N, Adger WN, Agnolucci P, Blackstock J, Byass P, Cai W, et al. Health and climate change: policy responses to protect public health. The Lancet 2015;386(10006):1861-1914 y Levy BS, Patz J, eds. Climate change and public health. Oxford: Oxford University Press; 2015.

Efectos directos del cambio climático sobre la salud humana

Olas de calor

Heat waves are periods unusually warmer than average; they can last from days to months. Thus, a 2oC increase in one region may be considered normal, while inLas olas de calor son períodos en los que las temperaturas son más altas que el promedio y pueden durar desde días hasta meses. Por lo tanto, un aumento de 2 oC en una zona quizá sea considerado normal, mientras en otra esa temperatura puede resultar excepcionalmente cálida. En general, las olas de calor son producto de aire que queda atrapado y, aunque no todas obedecen al cambio climático, son más frecuentes, intensas y más prolongadas ahora que en el pasado () y se prevé que serán incluso más frecuentes en el futuro ().

Las olas de calor pueden provocar estrés por calor, lo que aumenta la incidencia de las enfermedades relacionadas con el calor (por ejemplo, los golpes de calor y el agotamiento por calor), genera alergias y enfermedades respiratorias, disminuye la tolerancia química y provoca agotamiento (figura 4). Además, los episodios de olas de calor han aumentado las tasas de ingresos en los servicios de urgencias por trastornos mentales (trastornos del estado de ánimo, ansiedad y demencia) y la mortalidad asociada a enfermedades mentales ya diagnosticadas ().

Figura 4. Probabilidad de trastornos por la exposición prolongada al calor o la práctica de actividades intensas

Nota: La sensación térmica es una medida del calor que se siente y se calcula teniendo en cuenta la humedad relativa al medir la temperatura real del aire. Por ejemplo, si la temperatura del aire es de 35,5 °C (96 °F) y la humedad relativa es del 65 %, la sensación térmica es de 49,5 °C (121 °F). El servicio meteorológico nacional inicia procedimientos de alertas cuando pronostica que la sensación térmica excederá los 40-43 °C (105-110 °F) (según el clima local) al menos 2 días consecutivos.
Fuente: National Oceanic and Atmospheric Administration. National Weather Service heat safety home page [Internet]. Disponible en: http://www.nws.noaa.gov/om/heat/heat_index.shtml.

El calor excesivo también aumenta el riesgo de incendios naturales (): por ejemplo, en el 2016 debieron desplazarse 70 000 personas de Alberta (Canadá) (). Durante los últimos 30 años en Estados Unidos, las olas de calor se cobraron la vida de más personas que los tornados, las inundaciones y los huracanes combinados (). Las olas de calor también aumentan la demanda de energía debido al mayor uso de equipos acondicionadores de aire.

Las olas de calor pueden repercutir sobre la salud de todos, pero tienen efectos más pronunciados sobre los pobres, cuya vivienda es inadecuada y carece de acondicionadores de aire, y sobre los ancianos () y niños, cuya edad los torna más sensibles a las temperaturas extremas. Los efectos pueden ser particularmente perjudiciales para las personas que trabajan al aire libre, ya que la exposición a las temperaturas extremas reduce las funciones cognoscitivas y aumenta el riesgo de lesiones o genera descuidos que comprometen la seguridad laboral ().

Desastres

Entre el 2006 y 2015, casi una cuarta parte (22,9%) de todos los desastres () a escala mundial tuvo lugar en la Región de las Américas; estos desastres provocaron 254 508 muertes y la pérdida de US$ 436 000 millones en daños. Los eventos más frecuentes fueron hidrológicos y meteorológicos, y causaron el 5,6% de las defunciones y más del 73% de los daños (). Aunque no todos los desastres son atribuibles al cambio climático, el número de fenómenos meteorológicos extremos ha aumentado en los últimos decenios. Por ejemplo, el EM-DAT calculó un promedio de 335 desastres por año relacionados con el clima entre el 2005 y el 2014, cifra que representa un aumento del 14% respecto del decenio comprendido entre 1995 y el 2004 y casi duplica el número registrado en los 10 años comprendidos entre 1985 y 1994. En consonancia con esta tendencia, se prevé que el número de desastres aumente aún más en los próximos decenios (). Está previsto que el calentamiento de la temperatura del mar aumente el número de huracanes y ciclones tropicales muy intensos a lo largo de la costa del Brasil, la porción norte de América del Sur, el Caribe y las costas orientales y occidentales de América del Norte y Centroamérica (figura 5) ().

Figura 5. Simulación de ciclones tropicales

Nota: Simulación de ciclones muy intensos (categoría de Saffir-Simpson 4 o 5) en la actualidad (diagrama superior); hacia el final del siglo XXI, ensamble multimodelo CMIP5 para el escenario RCP4.5 (diagrama intermedio); y diferencia entre el final del siglo XXI y las condiciones actuales (diagrama inferior). En las simulaciones, se considera el número de días que un ciclón tropical con vientos superficiales > 210 km/hora afecta a cada cuadro de la grilla (50 km) en un período de 20 años.
Fuente: Bender MA, Knutson TR, Tuleya RE, Sirutis JJ, Vecchi GA, Garner ST, et al. Modeled impact of anthropogenic warming on the frequency of intense Atlantic hurricanes. Science 2010;327(5964):454-458.

La exposición a situaciones potencialmente mortales provoca en las personas distintos grados de angustia (), como el trastorno de estrés postraumático (), las reacciones agudas de estrés y el trastorno de adaptación (trastornos del espectro de ansiedad y depresión) (). Por ejemplo, un estudio con sobrevivientes del huracán Mitch que azotó a Honduras mostró que el 22,1% de los sobrevivientes tuvieron problemas psiquiátricos, de los cuales el 18,3% fueron depresión grave y el 11,1%, trastornos por estrés postraumático ().

Efectos indirectos a través de los sistemas naturales

Enfermedades transmitidas por los alimentos y por el agua

El clima influye en la proliferación, la supervivencia, la persistencia, la transmisión y la virulencia de los microbios patógenos de los alimentos y el agua (). Se considera que los factores climáticos están asociados al aumento de la contaminación por bacterias (E. coli, Campylobacter, Leptospira, Salmonella y Vibrio); parásitos (Cryptosporidium, Giardia); virus como la hepatitis A y la hepatitis E, el norovirus y el poliovirus (); y la floración de algas nocivas ().

Las enfermedades digestivas y las enfermedades transmitidas por el agua están vinculadas a las precipitaciones abundantes y las inundaciones (). Por ejemplo, en Guatemala, los casos de cólera aumentaron casi 10 veces después del huracán Mitch de 1998 (). Algunos estudios también han demostrado que las enfermedades transmitidas por el agua a veces son producto de un menor volumen de precipitaciones ().

El cambio climático también puede aumentar las enfermedades de transmisión alimentaria. La incidencia de las intoxicaciones por Salmonella y Campylobacter, dos de las más frecuentes, demuestra tendencias estacionales, dado que los casos aumentan cuando sube la temperatura (). También hay algunas toxinas transmitidas por los alimentos que quizá proliferen al subir la temperatura, como la aflatoxina, potente carcinógeno hepático humano y hongo habitual del maíz, el maní, los frutos secos y la semilla de algodón (). Las temperaturas cálidas también promueven la floración de algas nocivas que liberan grandes cantidades de ficotoxinas, las que a su vez contaminan los moluscos y crustáceos ().

Enfermedades transmitidas por vectores

Es probable que el cambio climático amplíe la distribución geográfica de las enfermedades transmitidas por vectores a altitudes mayores y extienda la temporada de transmisión en esas latitudes, cambios que probablemente incidan en varias enfermedades que circulan por la Región de las Américas, como el dengue, la enfermedad del Zika, el chikunguña, la fiebre amarilla, la fiebre del Nilo Occidental, la malaria, la leishmaniasis, la encefalitis transmitida por garrapatas, la borreliosis de Lyme, la rickettsiosis maculosa y la fiebre del Valle del Rift. Resulta complejo proyectar la prevalencia de las enfermedades transmitidas por vectores debido a que depende de un gran número de factores -ambientales, biológicos y socioeconómicos- y está relacionada con las estrategias de vigilancia y control ya instituidas.

Muchos estudios indican que la temperatura influye en las tasas de picadura, supervivencia y reproducción de los vectores, al igual que en las tasas de supervivencia y crecimiento de los microbios patógenos que transportan. En cuanto a las especies de mosquitos, cuando sube la temperatura del agua, las larvas tardan menos tiempo en madurar () y, por ende, tienen más crías. En los climas más cálidos, las hembras adultas del mosquito se alimentan con más frecuencia y digieren la sangre con mayor rapidez (), lo que aumenta la velocidad de transmisión. De manera análoga, las temperaturas más altas acortan el tiempo de desarrollo de los virus, lo que aumenta la oportunidad de que el mosquito transmita el virus a un nuevo anfitrión antes de morir (). Además, el aumento de las precipitaciones aumenta el número y la calidad de los criaderos de algunos vectores acuáticos. La humedad también es un factor importante en las enfermedades transmitidas por garrapatas o flebótomos (). Sin embargo, no todas las proyecciones respecto de las enfermedades transmitidas por vectores indican un aumento de la transmisión: todas las especies toleran hasta una determinada temperatura máxima, que podría verse superada debido al recalentamiento (por ejemplo, las temperaturas por encima de los 34 °C en ocasiones son perjudiciales para la supervivencia de los vectores y parásitos) (). Además, aunque se prevé que las precipitaciones aumenten en algunas regiones, otras quizá deban enfrentar sequías más intensas y prolongadas, lo que puede ser nocivo para algunas especies.

Los científicos han proyectado la distribución de muchos vectores en mapas (por ejemplo, de Aedes aegypti y Aedes albopictus; véase la figura 6), en los que han tenido en cuenta solo los factores ambientales. En el caso de la malaria, las proyecciones indican que el número adicional de personas en riesgo de infección a causa de la transmisión durante todo el año en América del Sur subirá de 25 millones en el 2020 a 50 millones para el 2080 ().

Figura 6. Posible distribución geográfica de Aedes aegypti (a) y Aedes albopictus (b) en el 2050, dado un escenario de emisiones moderadas

Nota: En azul, distribución actual (celeste = modelo con bajo grado de acuerdo, azul = modelo con alto grado de acuerdo). En naranja, posible distribución futura (anaranjado claro = modelo con bajo grado de acuerdo, anaranjado oscuro = modelo con alto grado de acuerdo en la proyección de las condiciones futuras favorables a la transmisión).
Fuente: Reimpreso con autorización de Martens P, et al. Climate change and future populations at risk of malaria. Global Environmental Change 1999;9(S1):S89-S107 ().

Las condiciones meteorológicas también tienen efectos indirectos sobre el ambiente natural y sobre los sistemas humanos (). Por ejemplo, una sequía puede afectar al almacenamiento de agua, las prácticas de riego y aprovechamiento de la tierra, y los movimientos poblacionales, lo que a su vez podría incidir en la ecología de los vectores y la exposición humana a las infecciones (dengue, ; virus del Zika, ). Esas situaciones probablemente afecten más a las personas más pobres debido a las condiciones ambientales y sociales en las que viven (por ejemplo, una vivienda de calidad inferior más próxima a los criaderos de vectores), y a que carecen de acceso a intervenciones de salud y servicios de prevención y curación (). Por lo tanto, además de centrar la atención en los lugares donde circulan las enfermedades transmitidas por vectores, es importante saber quiénes contraen la malaria, el dengue, la enfermedad por el virus del Zika y otras. Las mujeres están expuestas a una carga de enfermedad particular por algunas de estas enfermedades: por ejemplo, la infección malárica es una causa significativa de morbilidad y mortalidad maternas (). Por el contrario, los síntomas de filariasis linfática afectan más a los hombres que a las mujeres (). Para que la prevención y el tratamiento de las enfermedades transmitidas por vectores sean eficaces, hay que tener en cuenta la salud y los derechos reproductivos de los hombres y las mujeres. Por ejemplo, una de las vías de transmisión del virus del Zika es a través del contacto sexual, de manera que la estrategia de prevención debe dar acceso a preservativos y educar a la población expuesta. Asimismo, debido a los efectos nocivos de la infección por el virus del Zika sobre la formación del cerebro fetal, es fundamental que las mujeres tengan acceso a servicios médicos e información para determinar si les conviene quedar embarazadas y, en caso de estar embarazadas, si continuar con el embarazo: en otras palabras, anticoncepción para prevenir el embarazo, tamizaje prenatal y acceso al aborto ().

Al proyectar las tasas de infección por enfermedades transmitidas por vectores, otro aspecto importante consiste en analizar las estrategias de vigilancia y control de los vectores, tanto a nivel nacional como local. En la Región de las Américas, muchas experiencias recientes de control de vectores han sido eficaces y probablemente ayuden a controlar la transmisión en el futuro. Es necesario tener en cuenta las nuevas zonas de transmisión posible en los sistemas de vigilancia y alerta anticipada, la capacitación, los planes y estrategias de control y la preparación de los sistemas de salud.

Enfermedades respiratorias y alérgenos

Los contaminantes climáticos de vida corta son importantes no solo en relación con el cambio climático, sino también porque son responsables de muchos de los efectos sobre la salud causados por la contaminación atmosférica. El término contaminante climático de vida corta denomina a aquellas sustancias contaminantes que persisten corto tiempo en la atmósfera, pero que, a pesar de su transitoriedad, son responsables del 40% al 45% del recalentamiento del planeta () (el porcentaje restante es consecuencia del CO2, que puede persistir en la atmósfera cientos de años) porque sus partículas se generan en gran abundancia y absorben más calor que el mismo volumen de CO2. Entre estos contaminantes se encuentran el carbono negro (es decir, el hollín) -partículas muy finas que son producto de la quema incompleta de combustibles y biomasa- y el metano, el ozono y los hidrofluorocarburos (HFC).

Las partículas de los contaminantes de vida corta que tienen un diámetro de 10 micrómetros (PM10) o menos (por ejemplo, PM2,5) son de particular interés para la salud porque penetran en el torrente sanguíneo y en los pulmones a un nivel profundo, y causan enfermedades cardiovasculares y respiratorias. De los distintos tipos de contaminantes de partículas finas, el carbono negro ha recibido mucha atención debido a que no solo causa problemas de salud directos si es inhalado, sino que sus partículas pueden recorrer grandes distancias y oscurecer los mantos de hielo, lo que aumenta su absorción del calor y, a su vez, acelera su derretimiento. La combustión de carburantes en edificios residenciales y comerciales y en el transporte representa aproximadamente el 80% de las emisiones antropogénicas de carbono negro, y casi dos terceras partes de las partículas PM2,5 generadas por las estufas o cocinas domésticas de biomasa corresponden a carbono negro ().

Se estima que, en todo el mundo, el costo económico total de los años de vida sana perdidos a causa de la contaminación por partículas (tanto interior como exterior) correspondiente al 2010 fue de US$ 1,9 billones (). Entre los problemas de salud secundarios a la exposición a partículas finas contaminantes se destacan el aumento de los cuadros respiratorios, el agravamiento del asma, la aparición de bronquitis crónica, las arritmias, los infartos de miocardio no mortales, y la muerte prematura de las personas con cardiopatías y neumopatías (). La mayor parte de las muertes atribuibles a la contaminación atmosférica están vinculadas a enfermedades no transmisibles (36% corresponden al cáncer de pulmón, 35% a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, 34% a accidentes cerebrovasculares y 27% a cardiopatías isquémicas). Por otra parte, las principales consecuencias negativas se observan en relación con la mortalidad de menores de 1 año; en los menores de 5, más de la mitad de las defunciones por infecciones agudas de las vías respiratorias bajas se deben a la inhalación de partículas contaminantes de espacios interiores generadas por la quema de combustibles domésticos sólidos ().

El cambio climático también puede exacerbar las alergias porque potencia la producción de polen y otros alérgenos ambientales. El cambio climático y el aumento de la concentración de CO2 modifican la producción, la alergenicidad (medida de la magnitud con que cada alérgeno particular afecta a las personas), la distribución y la estacionalidad de los aeroalérgenos ().

Efectos indirectos a través de los sistemas socioeconómicos

Inseguridad alimentaria, inseguridad del abastecimiento del agua y desnutrición

El cambio climático pone en riesgo la seguridad alimentaria y nutricional porque disminuye la disponibilidad de alimentos, altera la estabilidad del abastecimiento y los precios, y obstaculiza el acceso (), lo que, a su vez, puede alterar la disponibilidad de calorías per cápita y fomentar la desnutrición infantil, las defunciones infantiles y los AVAD perdidos en los países en desarrollo ().

Los riesgos de la inseguridad alimentaria y nutricional afectan sobre todo a las poblaciones pobres tanto en las zonas urbanas como en las rurales, y aumentan el riesgo de desnutrición de las mujeres y los niños ya vulnerables. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) considera que, en un futuro con un clima más cálido, «la población que vive en la pobreza podría aumentar entre 35 y 122 millones en 2030 […], debido en gran parte a los efectos negativos [provocados por el clima] sobre los ingresos en el sector agrícola» ().

Grupos vulnerables

Los efectos del cambio climático influyen más en determinados grupos de personas que en otros, dependiendo de su capacidad para hacer frente a los peligros derivados del clima. Los grupos vulnerables son las personas que perciben ingresos bajos, los niños, las embarazadas, los adultos mayores, las personas con discapacidad y las personas que padecen enfermedades preexistentes o crónicas. Quienes trabajan al aire libre también deben recibir atención especial puesto que están expuestos al aumento de la temperatura, la degradación de la calidad del aire, el clima extremo, las enfermedades transmitidas por vectores, los contaminantes industriales y los cambios del entorno edificado (). Además, los trabajadores cuyo lugar de trabajo interior es demasiado cálido (como las plantas de laminación de acero, las fábricas, los depósitos y otros sectores donde no hay acondicionadores de aire) corren riesgo de quedar expuestos al calor extremo ().

También es preciso considerar especialmente a las poblaciones indígenas, dado que son de las primeras en afrontar las consecuencias del clima debido a su dependencia de la tierra y su entorno y su estrecha relación con esta (). Para muchos indígenas, el clima ya está alterando su vida física, biológica y social, así como su cultura tradicional (). Por ejemplo, la comunidad indígena tarahumara, de México, debió enfrentar una sequía que redujo gravemente su cosecha de maíz y frijol, lo que tuvo consecuencias negativas sobre sus medios de vida (). Para los indígenas nativos del Ártico, hoy es más riesgoso y difícil cazar mamíferos marinos y pescar porque se están derritiendo los mantos de hielo (). Si bien la diversidad y la resiliencia de los medios de vida de los pueblos indígenas les han permitido sobrevivir en entornos a menudo hostiles, la velocidad con la que está cambiando el clima pone a prueba su capacidad de adaptación ().

Cabe señalar que los efectos negativos sobre los pueblos indígenas trascienden las amenazas inmediatas al suministro de alimentos, puesto que también son determinantes esenciales de la salud la conexión con su origen ancestral, su identidad, su idioma, sus medios de vida y su comunidad. Por consiguiente, si surgen condiciones climáticas extremas que alteran su conexión con la tierra y su forma de vida, es más probable que los indígenas tengan que enfrentar dificultades psicológicas, fisiológicas, económicas y espirituales de mayor envergadura ().

Los pueblos indígenas suelen vivir cerca de la naturaleza y su ambiente. Sus prácticas, creencias y acervo de conocimientos se transmiten de generación en generación, y el conocimiento generacional (como la capacidad para predecir el estado del tiempo y las estrategias tradicionales para apagar incendios) son fuentes valiosas de información porque los ayudan a respetar la diversidad biológica y a mitigar y adaptarse al cambio climático ().

Desplazamientos forzados y salud mental

Todos los años, millones de personas se ven obligadas a abandonar su hogar a causa de inundaciones, sequías y otros fenómenos ambientales imprevistos o persistentes asociados al clima. Se prevé que, antes del 2050, alrededor de 200 millones de personas deberán desplazarse ya sea permanente o temporalmente como consecuencia de los efectos del cambio climático (). Por ejemplo, las proyecciones muestran que, si para el 2100 el nivel del mar aumentara 1,8 m (6 pies), 13,1 millones de personas de la costa de los Estados Unidos correrían el riesgo de verse afectadas por inundaciones. Los primeros efectos ya han comenzado a sentirse. En el 2016, en la Isla de Jean Charles (Luisiana), una comunidad indígena perdió el 98% de su tierra a causa del aumento de nivel del mar, por lo que fue necesario reubicar a los residentes a un costo de US$ 52 millones ().

La migración de las personas presenta una relación causal con el estrés por aculturación y, en ocasiones, es uno de los factores desencadenantes de los trastornos psiquiátricos (). Las personas que se ven obligadas a migrar después de los desastres son más propensas a sufrir trastornos psiquiátricos que aquellas que migran por voluntad propia (). Los efectos de la migración forzada se perciben tanto a nivel individual como de la comunidad: los trastornos de salud mental comprenden desde depresión, ansiedad y estrés patológico hasta comportamientos suicidas (). Se han observado tasas altas de intentos de suicidio y estrés por aculturación específicamente en los agricultores que fueron objeto de desplazamiento forzado ().

Cuadro 1: Resumen de los vínculos entre el cambio climático y la saluda

Cómo afecta a la salud el cambio climático Vías de exposición afectadas por el cambio climático Riesgos y efectos en materia de salud Proyecciones a corto plazo
Efectos directos

Lesiones, enfermedades y defunciones por fenómenos meteorológicos extremos

Mayor número de días y noches con temperaturas cálidas, mayor frecuencia e intensidad de las olas de calor.
 
Mayor número e intensidad de los desastres, como tormentas, huracanes, tornados e inundaciones.
Exceso de mortalidad por el calor; mayor incidencia de agotamiento por calor y golpe de calor; agravamiento de las enfermedades circulatorias, cardiovasculares, respiratorias y renales. Afectan particularmente a quienes trabajan al aire libre y a los grupos vulnerables, como los ancianos, los niños y las personas que viven en entornos inadecuados. También se prevé un mayor sufrimiento de los pueblos indígenas y tradicionales.
 
Relacionados con las inundaciones y tormentas: mortalidad por desastres causados por inundaciones, ahogamiento, lesiones, hipotermia y enfermedades infecciosas. Se prevén migración y desplazamientos forzados, que traen aparejados trastornos de la salud mental.
Es muy probable que haya olas de calor más a menudo y que duren más tiempo en muchas regiones.
 
Es muy probable que este siglo aumenten las pérdidas de salud causadas por desastres como las tormentas, los huracanes, los tornados y las inundaciones.
Efectos indirectos a través de los sistemas naturales

Enfermedades transmitidas por los alimentos y el agua

Los desastres más frecuentes e intensos pueden favorecer la contaminación de los alimentos y el agua. Algunos cambios ambientales pueden favorecer la propagación de microbios (por ejemplo, temperatura y humedad más altas, cambios en las precipitaciones —cada vez más variables—, crecimiento del nivel del mar y aumento de la temperatura del agua dulce). Aumento del crecimiento, la supervivencia, la persistencia y la transmisión de microbios patógenos; cambio de la distribución geográfica y estacional de, por ejemplo, el cólera, la esquistosomiasis y la floración de algas nocivas; los desastres pueden generar falta de agua para la higiene y dañar la infraestructura de saneamiento del agua, lo que contamina el agua y los alimentos. Proyecciones con alto grado de confianza sobre el aumento del riesgo de enfermedades transmitidas por el agua. Por ejemplo, se proyecta que, hacia el año 2039 y debido al cambio climático, aumentará un 8-11 % el riesgo de diarrea en los trópicos y los subtrópicos.

Enfermedades transmitidas por vectores

Cambios de la distribución de los vectores, los huéspedes y los microbios patógenos por el aumento de la temperatura y la humedad, y el cambio y la variabilidad cada vez mayor de las precipitaciones. El clima más cálido aumentará la tasa de reproducción, la resiliencia y la distribución de las enfermedades transmitidas por vectores.
 
Reproducción acelerada de los parásitos, aumento de las tasas de picadura y prolongación de la temporada de transmisión; reaparición de enfermedades que antes eran prevalentes; cambio de la distribución y la abundancia de los vectores, los huéspedes y los microbios patógenos; menor eficacia de las intervenciones de control vectorial.
Proyección con un grado medio de confianza de que aumentarán los riesgos por las enfermedades transmitidas por vectores. En el caso de la malaria, las proyecciones indican que el número adicional de personas en riesgo de infección a causa de la transmisión durante todo el año en América del Sur subirá de 25 millones en el 2020 a 50 millones hacia el 2080.

Enfermedades respiratorias y alérgenos

Agravamiento de los efectos de las partículas y los alérgenos que provienen directamente de las emisiones o incendios naturales, olas de calor y el aire seco. Las precipitaciones excesivas y las inundaciones pueden favorecer la formación de hongos. Agravamiento de las enfermedades como el asma y las enfermedades respiratorias alérgicas por la exposición a los aeroalérgenos.
 
Mayor mortalidad cardiopulmonar por la presencia de partículas y la alta concentración atmosférica de ozono muy tóxico.
Proyección con un grado muy alto de confianza de que el cambio climático aumentará los riesgos derivados de la contaminación del aire. Por ejemplo, se prevé que, hacia el 2020, las consultas pediátricas de urgencia por asma durante el verano aumentarán una mediana del 7,3% a causa del ozono presente en el aire de la ciudad de Nueva York.
Efectos indirectos a través de los sistemas socioeconómicos

Inseguridad alimentaria, inseguridad del abastecimiento del agua y desnutrición

Las temperaturas más altas y los cambios en las precipitaciones reducen tanto la cantidad como la calidad de los alimentos cosechados; el aumento del nivel del mar limita las áreas productivas y la productividad; los fenómenos meteorológicos como las inundaciones, las sequías y las olas de calor ponen en riesgo las fuentes de agua dulce y suben los precios de los alimentos. Aumento del riesgo de desnutrición por la caída de la producción de alimentos (especialmente en los trópicos) y el menor acceso a estos; efectos combinados de la desnutrición y las enfermedades infecciosas; efectos crónicos por retraso del crecimiento y consunción infantil. Proyección con un alto grado de confianza de que el cambio climático tendrá notables efectos negativos sobre la disponibilidad de calorías per cápita, lo que provocará desnutrición infantil, en particular, retraso del crecimiento y consunción, y defunciones infantiles y AVAD por desnutrición, especialmente en las regiones tropicales y pobres y en los grupos vulnerables.

Salud laboral y grupos vulnerables

Olas de calor, aumento de la temperatura y la humedad. El calor y la humedad prolongados y extremos son particularmente perjudiciales para quienes trabajan al aire libre y sin protección. Esas personas corren más riesgo de padecer agotamiento por calor, paro cardíaco y accidentes de trabajo más frecuentes. También se prevé que disminuya su capacidad de trabajo y su productividad. Además, se prevé un mayor sufrimiento de las personas mayores, los niños y las personas que viven en entornos deficientes (vivienda inadecuada, falta de equipos acondicionadores de aire) y las poblaciones autóctonas y tradicionales, de modo que necesitan una atención especial. Proyección con un alto grado de confianza de que el cambio climático disminuirá la capacidad de trabajo y la productividad laboral y entrañará otros riesgos para los grupos vulnerables.

Desplazamientos forzados, enfermedades mentales y estrés

Las temperaturas altas pueden agravar los trastornos mentales. Migración y desplazamiento forzados por el aumento del nivel del mar, las sequías, la inseguridad alimentaria y del abastecimiento del agua, y los conflictos civiles agravados por la escasez de recursos. Los desastres también pueden forzar los desplazamientos y agravar los trastornos por estrés postraumático. Aumento del estrés de todos los enfermos mentales y grado de estrés suficiente para que quienes todavía no padecen ninguna enfermedad comiencen a padecer, por ejemplo, angustia reactiva, depresión, agresión y psicopatologías complejas; sensación de pérdida. Proyección con un grado muy alto de confianza de que el cambio climático tendrá consecuencias para la salud mental y el bienestar humano.

a Cuadro elaborado a partir de información del IPCC, Lancet y la OMS.

El futuro: la salud en el convenio de París y los Objectivos de Desarrollo Sostenible

El año 2015 estuvo marcado por la presentación de dos acuerdos mundiales que sientan las bases de las intervenciones de los próximos 15 a 20 años: el Convenio de París () y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) (). Estos dos acuerdos ubican al sector de la salud en el centro de las deliberaciones nacionales e internacionales.

La 21.a Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC, COP21), celebrada en París, llegó a un acuerdo final que comprende un compromiso ambicioso: mantener el calentamiento del planeta muy por debajo de los 2 °C por encima de los valores preindustriales y apuntar a la ambiciosa meta de que no supere los 1,5 °C. El documento establece disposiciones sobre el seguimiento continuo y el examen cada 5 años de los compromisos asumidos por los países y las acciones que emprendan con miras a elevar continuamente las metas. Al mismo tiempo, en el documento se reconoce claramente que todos los aspectos de la vida humana tienen una conexión intrínseca con el ambiente. Con respecto a las emisiones, se reconocen las enormes diferencias que separan a los países más ricos y los países en desarrollo, así como las diferencias en cuanto a su capacidad para responder a las necesidades de mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático. En el convenio se brinda un marco de acción, pero también se reconoce que, aunque se hayan tomado medidas en este sentido, de todas maneras los grupos más vulnerables sufrirán efectos significativos a causa del cambio climático. Por otra parte, en el acuerdo se hace mención explícita del derecho a la salud como concepto dominante y se reconoce que la mitigación brinda oportunidades de obtener beneficios colaterales en materia de salud.

Ese mismo año, los líderes mundiales también suscribieron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, compuesta por 17 objetivos y 169 metas. Posteriormente, en marzo del 2016, esta agenda fue ampliada, con lo que pasó a incluir más de 230 indicadores (). Una característica fundamental es la integración de las dimensiones económica, social y ambiental del desarrollo sostenible, así como los vínculos dentro de las metas y los sectores y entre ellos. La Agenda 2030 manifiesta con claridad que no será posible lograr un cambio sistémico sostenido definiendo metas y métodos aislados para cada sector, sino que será necesario derribar los silos tradicionales para promover una mayor participación intersectorial a fin de fomentar el trabajo conjunto a la hora de tomar decisiones y proponer soluciones.

El sector de la salud es uno de los muchos que se verán afectados por el cambio climático. Tanto en este capítulo como en otros trabajos () abundan los datos que demuestran los motivos por los que el cambio climático es una cuestión de salud. No obstante, aunque se necesitará de unos US$ 70 000 a 100 000 millones por año a nivel mundial para adaptarse al cambio climático antes del 2050, solo una pequeña proporción de esa suma está destinada actualmente a proteger la salud. Los interesados directos del sector de la salud desempeñan un papel esencial a la hora de integrar las cuestiones de salud en los planes nacionales sobre el cambio climático y en las estrategias de desarrollo nacional que reducen las emisiones de carbono —contribuciones previstas determinadas a nivel nacional y planes nacionales de adaptación— que exige el Convenio de París para el 2020 (). El ODS 3 propone «Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades» y el ODS 13, «Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos». Estos objetivos están estrechamente relacionados. Al llevar los ODS a la práctica, lograremos metas relativas al clima y viceversa.

El propósito de este capítulo es brindar un panorama general acerca de los temas más importantes para definir una hoja de ruta respecto del cambio climático y la salud en la Región de las Américas. En primer lugar, en el apartado «Dar el ejemplo: transformar los sistemas de salud para abordar el cambio climático» se presenta información acerca del modo en que los sistemas de salud pueden centrar los esfuerzos para reducir las emisiones (es decir, aplicando políticas de mitigación) y adaptarse al cambio climático, y, además, cómo el sector de la salud debe sumarse a otros sectores para hacer de la salud un objetivo fundamental del desarrollo sostenible. En muchos documentos se destacan la importancia y los beneficios de incorporar la salud en todas las políticas (). En este capítulo, ese enfoque se aplica para presentar medidas intersectoriales que abarcan algunas de las áreas esenciales: los sistemas de energía, transporte y alimentos. Si sigue esta hoja de ruta, el sector de la salud logrará avanzar en la creación de sociedades más resilientes.

Dar el ejemplo: Transformar los sistemas de salud para abordar el cambio climático

El sector de la salud es esencial para lograr el desarrollo sostenible y desempeña un papel fundamental para proteger la salud humana de los efectos del cambio climático. La salud no es solo resultado de todas las actividades humanas, sino una condición necesaria. Sin embargo, los sistemas de atención de salud consumen grandes cantidades de energía, agua y materiales, y generan considerables emisiones y desechos. Por ejemplo, en Estados Unidos, durante el último decenio, las emisiones de gases de efecto invernadero del sector de la salud aumentaron más del 30% y representaron casi el 10% de la totalidad de las emisiones de ese país en el 2013 (). A modo de comparación, un estudio anterior había mostrado que, en el 2007, las emisiones del sector de la salud eran cercanas al 8% de las emisiones totales (), diferencia que pone en evidencia una tendencia ascendente. Asimismo, se calcula que estas emisiones son responsables del 12% de la lluvia ácida, el 10% de la formación de esmog y el 9% de las enfermedades respiratorias por inhalación de partículas y contaminantes atmosféricos, como el ozono troposférico, el monóxido de carbono y el plomo.

Aunque no es posible eliminar todas las emisiones del sector de la salud, sí se puede lograr reducciones en los establecimientos de salud y en toda la cadena de suministro de productos utilizados por el sistema de atención de salud. Además, en todas sus actividades y mandatos, el sector de la salud tiene que incorporar medidas que fomenten la resiliencia del sistema y definir planes de adaptación a las condiciones climáticas cambiantes. Para lograr estos objetivos, es preciso capacitar al personal de salud en todos los niveles y crear mecanismos de financiamiento que respalden las acciones en materia de salud y cambio climático. Por último, para garantizar que se consideren y midan en todas las políticas los resultados de salud, es fundamental fomentar la colaboración con otros sectores.

Reducción de las emisiones de los establecimientos de atención de salud y sus cadenas de suministro

En el sector de la salud, los hospitales son el principal emisor de carbono: sus emisiones representan el 39% de la totalidad del sector. Los hospitales hacen un uso continuo de numerosos dispositivos médicos como parte de los servicios clínicos, de esterilización y de laboratorio, así como sistemas de calefacción, enfriamiento, informática, refrigeración, lavandería y alimentación. Los hospitales también emiten gases de efecto invernadero por la eliminación y el transporte de desechos. Otros sectores del sistema de salud cuyas actividades también dejan su huella de carbono son el de los medicamentos de venta con receta (14%), los servicios médicos y dentales (13%), el equipamiento (12%) y la atención en residencias de ancianos (8%) ().

La modernización de los hospitales y otros establecimientos de atención de salud es una política eficaz para reducir los efectos ambientales, lo que puede lograrse utilizando fuentes alternativas de energía, diseñando edificios más ecológicos e instituyendo prácticas más eficientes de uso del agua, los alimentos y el transporte. La OPS actualmente está abordando esas cuestiones con una iniciativa denominada «Hospitales inteligentes» (véase el recuadro 1).

También es esencial que el sector de la salud reduzca las emisiones en toda su cadena de suministro. Como uno de los sectores de mayor poder adquisitivo del mundo, el sistema de atención de salud puede reducir su impacto a través de los productos que compra. Algunas estrategias para reducir las emisiones comprenden los programas de reciclaje y la compra de bienes y servicios de proveedores respetuosos del medioambiente. Las compras con criterios ecológicos permiten a los hospitales ahorrar dinero, gastar menos energía y reducir el daño de los contaminantes, lo que mejora la salud pública. Por ejemplo, el Centro Médico de la Universidad de Chicago garantiza que el 90% de los artículos de limpieza utilizados en el hospital sean ecológicos; asimismo, ha aplicado un programa de reciclado de plásticos que disminuyó el costo por desperdicios de US$ 55 000 a US $35 000 por mes (). Un estudio muestra que, si las emisiones de CO2 disminuyeran en 150 millones de toneladas métricas por año (lo que también reduce las partículas PM2,5), el ahorro anual en gastos de salud de Estados Unidos sería de entre US$ 6 000 millones y US$ 14 000 millones ().

Recuadro 1: Una respuesta a los desastres y el cambio climático: la iniciativa de la OPS de «Hospitales inteligentes»

Los hospitales desempeñan una función crucial porque brindan a las comunidades atención médica esencial durante los desastres e inmediatamente después. En la Región de las Américas, el 77% de los establecimientos de salud están ubicados en zonas propensas a los desastres, lo que los pone en riesgo de verse afectados por los huracanes, los terremotos o las inundaciones. El sector de la salud no solo debe garantizar la seguridad de su infraestructura, sino también reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.

El programa «Hospitales inteligentes» de la OPS/OMS es una iniciativa financiada por el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido y ejecutada por la OPS junto con los ministerios de salud. Para el 2020, al menos 50 establecimientos de salud de Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, San Vicente y las Granadinas y Santa Lucía recibirán la clasificación de «inteligentes».

Los establecimientos de salud son «inteligentes» cuando vinculan la seguridad estructural y operativa con intervenciones ecológicas en una relación razonable entre los beneficios y los costos. En los establecimientos de salud «ecológicos», la calidad del aire y las condiciones de trabajo mejoran, y disminuyen los costos de agua y energía. Los establecimientos de salud participantes han reforzado los techos y las ventanas para resistir los huracanes y han agregado nuevos tanques para recolectar aguas pluviales y paneles solares con el fin de complementar las fuentes tradicionales de agua y energía. Otras medidas instituidas son las mejoras en materia de accesibilidad para las personas con discapacidad, la iluminación de bajo consumo (LED) y el reemplazo de los equipos acondicionadores de aire por modelos más nuevos que consumen menos energía. Estos cambios positivos también influyen en la decisión de los usuarios a la hora acudir a los establecimientos de salud, por lo que se ha registrado un aumento de hasta un 40% en este sentido.

Fotografía: Hospital de Georgetown en San Vicente y las Granadinas después de convertirse en «hospital inteligente».

Un buen ejemplo de los resultados positivos de estas intervenciones es el Hospital Georgetown de San Vicente y las Granadinas, que dispone de 12 camas y atiende a 9 800 pacientes. Las intervenciones instituidas para mejorar su resiliencia y reducir los efectos ambientales tuvieron los siguientes resultados: aumentó el uso de fuentes de energía renovables y disminuyó el consumo de energía un 60%, se lograron ahorros en costos recurrentes y mejoraron tanto la seguridad como las medidas de protección contra incendios. En el 2013, una tormenta severa le costó a San Vicente y las Granadinas unos US$ 2,1 millones y dejó fuera de funcionamiento al Hospital Milton Cato, el único hospital de derivaciones. Muchos de los centros de salud distritales quedaron inundados, pero el Hospital Georgetown, que era «inteligente», permaneció 100% funcional durante el evento y una vez concluido, por lo que pudo incluso brindar a la comunidad acceso a agua de su propio sistema de recolección de aguas pluviales.

La Región de las Américas podría beneficiarse de la ampliación de esta iniciativa. Colombia, Ecuador, México y otros países han expresado interés en incorporar este programa de «Hospitales inteligentes» de la OPS/OMS.

Mejora de la resiliencia del sistema de salud y adaptación al cambio climático

Aunque se instituyan medidas de mitigación, los efectos del cambio climático seguirán sintiéndose durante muchos años. Por consiguiente, es necesario fortalecer los sistemas de salud y poner en marcha medidas que los ayuden a adaptarse y a hacer frente a los nuevos retos y riesgos. Será crucial fomentar las investigaciones y recopilar datos para comprender la relación entre el cambio climático y la salud. Los datos aportarán información fundamental que permitirá definir métodos para evaluar la vulnerabilidad y el grado de adaptación. Estos datos iniciales ayudarán a determinar la capacidad de los sistemas y los servicios de salud para hacer frente a los riesgos del clima, determinar las lagunas de conocimiento y fomentar las inversiones en protección de la salud.

Las evaluaciones de la vulnerabilidad y el grado de adaptación son esenciales para conocer los efectos del cambio climático sobre la salud dado que, como consideran tanto los datos epidemiológicos como climáticos, aportan información de utilidad para planificar y poner en marcha nuevas actividades de adaptación. Las evaluaciones ayudan a localizar los grupos vulnerables y los riesgos, determinar los puntos débiles de los sistemas de salud y definir intervenciones de respuesta estratégica, idealmente estableciendo puntos de referencia e indicadores en los que se tengan en cuenta las cuestiones de género, para garantizar que las respuestas sean equitativas y apropiadas a las necesidades de salud de las mujeres y los hombres. Asimismo, en estos estudios se examinarán los riesgos para la salud actuales y posibles derivados del cambio climático —como el estrés por calor, la desnutrición y las enfermedades transmitidas por vectores— y se considerará la interacción de los riesgos entre sí y con otros determinantes ambientales y sociales. En el 2016, Dominica y Granada anunciaron el inicio de sus respectivas evaluaciones, que proporcionan un marco nacional de acción.

El cambio climático altera la distribución y la incidencia de los fenómenos meteorológicos extremos y la transmisión de enfermedades transmitidas por vectores, el agua y los alimentos. Por tanto, es esencial instaurar sistemas de alerta anticipada para detectar, pronosticar y comunicar los riesgos y las vulnerabilidades que supone el clima para la salud humana. Los sistemas de alerta anticipada en el ámbito de la salud tienen como objetivo prever y alertar a los profesionales de la salud y al público acerca de aquellas emergencias que surgen rápidamente, como un fenómeno meteorológico extremo o el brote de alguna enfermedad, y dar tiempo suficiente para poner en marcha las medidas y respuestas apropiadas de preparación. Cuando son eficaces y se combinan con una capacidad de respuesta adecuada, los sistemas de seguimiento y de alerta anticipada permiten prevenir las enfermedades, los traumatismos y las muertes evitables. Por ejemplo, los programas de salud que reciben alertas tempranas acerca de la posibilidad de un brote o una ola de calor pueden aprovechar el tiempo para preparar las operaciones a fin de que sea posible atender un mayor volumen de pacientes y afrontar las necesidades especiales. Es importante incluir información meteorológica en los programas y las intervenciones para controlar las enfermedades afectadas por el cambio climático, como las transmitidas por vectores, los alimentos y el agua. Por ejemplo, el Instituto de Meteorología e Hidrología del Caribe y la representación de la OPS en Barbados y Granada están llevando adelante un proyecto piloto, sobre el que publican un boletín trimestral con información meteorológica a modo de sistema de alerta anticipada.

Es necesario disponer de un plan de preparativos y gestión para situaciones de emergencia que garantice el funcionamiento de los establecimientos de salud durante los fenómenos extremos y permita prepararlos para hacer frente a las alteraciones económicas y sociales del cambio climático (como la migración forzada y la escasez de alimentos y de agua). Por ejemplo, las farmacias deben tener protocolos acerca del almacenamiento y el transporte de vacunas y equipo médico en condiciones de calor extremo. Las acciones de tipo comunitario deben estar a la vanguardia en lo que respecta a la protección de la salud durante las emergencias: las comunidades preparadas, activas y bien organizadas pueden reducir los riesgos, salvar vidas y reducir al mínimo las repercusiones de las emergencias. Es importante que en este proceso participe toda la comunidad y cada interesado directo. El sector de la salud puede brindar su apoyo aportando y recibiendo información acerca de los riesgos locales y los grupos vulnerables.

La creación de instrumentos para programar y poner en marcha operaciones relativas a la salud que tienen en cuenta tanto la variabilidad del clima actual como el cambio climático pronosticado para el futuro conseguirá que los programas de salud sean capaces de adaptarse al clima, de modo que estos instrumentos son cruciales para tomar mejores decisiones.

Financiamiento destinado al cambio climático: oportunidades para el sector de la salud

Se estima que los costos por el daño que provoca el cambio climático al sistema de salud pueden ser descomunales. Por ejemplo, considerando solo seis tipos de eventos relacionados con el cambio climático (la contaminación con ozono, las olas de calor, los huracanes, los brotes de enfermedades infecciosas, las inundaciones fluviales y los incendios forestales) que afectaron a Estados Unidos entre el 2000 y el 2009, los costos de salud excedieron los US$ 14 000 millones (). La OMS prevé que, para el 2030, los costos del daño directo a la salud derivado del cambio climático serán de otros US$ 2 000 millones a 4 000 millones por año (). No obstante, a pesar de las repercusiones económicas previstas, los proyectos de protección de la salud solo han recibido una proporción muy pequeña del financiamiento mundial destinado al cambio climático. Según Climate Funds Update, los fondos aprobados para abordar el daño a la salud derivado del clima entre el 2003 y el 2016 ascendían a US$ 17 400 millones, y menos del 0,3% de esa suma se ha asignado a los proyectos que abordan específicamente la cuestión de la salud; los proyectos de América Latina y el Caribe no han recibido ninguna porción de ese financiamiento (). Por otra parte, en el informe conjunto de los bancos multilaterales de desarrollo sobre el financiamiento destinado al cambio climático (2015 Joint Report on Multilateral Development Banks’ Climate Finance) se indica que menos del 5% de los proyectos financiados por estos bancos estuvieron centrados en «la calidad del aire y la salud pública».

Según un estudio () de todos los países de América Latina y el Caribe que presentaron las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional, solo el 81,8% reconocen que la salud es un tema de principal interés, lo que demuestra que, aunque se reconoce la importancia de la salud, el sector debe formar parte de la formulación de los planes nacionales de desarrollo que reducen las emisiones de carbono que el Convenio de París exige para el 2020, en particular proponiendo programas que garanticen sistemas de salud resilientes e hipocarbónicos. Una explicación posible de la falta de financiamiento destinado a la salud es que, debido a que la comunidad de salud no participó en la definición de estas contribuciones, los planes nacionales de adaptación ni los planes nacionales de acción de adaptación al cambio climático, el sector de la salud no ha presentado propuestas.

Hoy en día están dadas las condiciones para movilizar nuevos recursos destinados a abordar los riesgos del clima relacionados con la salud, de modo que el sector de la salud debe preparar un programa de acción que le permita acceder a los fondos destinados al cambio climático para proteger la salud humana. Por ejemplo, como parte del proceso de negociación de la CMNUCC, los Estados Miembros acordaron movilizar US$ 100 000 millones por año con el Fondo Verde para el Clima como parte del financiamiento internacional destinado al clima hasta el 2020 (). La misión de este fondo es invertir en iniciativas que fomentan los sistemas poco contaminantes y capaces de recuperarse de los efectos del cambio climático. Las fuentes de financiamiento pueden ser fondos nacionales y multilaterales para el clima administrados por la CMNUCC, bancos de desarrollo y organismos de desarrollo bilateral, como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Fondo de Adaptación, el Fondo para los Países Menos Adelantados, el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación, y los Fondos de Carbono.

Una perspectiva de salud para potenciar los beneficios colaterales de las acciones intersectoriales que abordan el cambio climático

Además de las respuestas del sistema de salud al cambio climático, es necesario contar con estrategias de coordinación y planificación intersectorial para lograr que las políticas y las sinergias sean coherentes y para abordar las causas fundamentales de los riesgos para la salud. Algunos sectores, como el de la energía, la agricultura y ganadería, y el transporte, pueden reducir la emisión de gases de efecto invernadero y conseguir importantes beneficios colaterales para la salud (véase el recuadro 2). Por ejemplo, una proyección sobre Europa indica que, si se disminuyeran un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero antes del 2020, la esperanza de vida mejoraría 3,3 meses y los costos por daños a la salud disminuirían entre US$ 13 000 millones y 31 000 millones ().

Figura 7. Emisión de gases de efecto invernadero de otros sectores económicos

Nota: Hoy en día es posible trabajar a nivel intersectorial con el propósito de promover la salud y reducir las emisiones que contribuyen al cambio climático.
Fuente: Reimpreso con autorización de Edenhofer O et al., Summary for policymakers. En: Climate change 2014: mitigation of climate change. Contribution of Working Group III to the Fifth Assessment Report of the IPPC. Nueva York: Cambridge University Press; 2014.

Recuadro 2. Beneficios colaterales de la lucha contra la contaminación atmosférica

La contaminación atmosférica es el principal riesgo ambiental para la salud en la Región de las Américas. Se prevé que la aplicación de un conjunto de medidas específicas para abordar en particular los contaminantes climáticos de vida corta salve aproximadamente 2,4 millones de vidas por año antes del 2050 y reduzca el calentamiento del planeta otros 0,5°C (figura). Por lo tanto, la lucha contra la contaminación atmosférica es una de las maneras más eficaces de abordar ambos problemas y, además, tiene beneficios colaterales evidentes. A pesar de los avances logrados, a fin de poner en marcha acciones intersectoriales y mitigar los riesgos derivados de la contaminación atmosférica y el cambio climático en la Región, se necesita una participación mucho mayor del sector de la salud.

Figura: Mitigación de contaminantes climáticos de vida corta y dióxido de carbono

Nota: Los métodos conjuntos de mitigación de los contaminantes climáticos de vida corta y el dióxido de carbono son más eficaces que las medidas aisladas para detener el recalentamiento del planeta. La línea negra representa la temperatura mundial medida. La línea violeta representa el aumento proyectado de temperatura si no se instituyen medidas de mitigación. La línea roja representa el aumento proyectado si se controlan las emisiones de CO2. La línea azul representa la temperatura proyectada si se instituyen medidas para controlar la emisión de metano (CH4) y carbono negro (CN). Básicamente, reducir las emisiones de CO2 y de CH4 + CN lograría el mismo grado de control de la temperatura. La línea verde representa la temperatura proyectada si se instituye una iniciativa integrada para controlar los tres tipos de emisiones (CO2, CH4 y CN), con lo que disminuiría otros 0,5 °C que si solo se controlaran las emisiones de CO2 o solo de CH4 + CN.

Fuentes: Shindell D, et al. Simultaneously mitigating near-term climate change and improving human health and food security. Science 2012;335; OMS. BreatheLife campaign [Internet]; 2016. Disponible en: http://www.who.int/sustainable-development/news-events/breath-life/en/; PNUMA/OMM. Integrated assessment of black carbon and tropospheric ozone: summary for decision makers. Nairobi: UNON/Publishing Services Section. Nairobi, ISO 14001:2004; 2011. Disponible en: www.unep.org/dewa/Portals/67/pdf/BlackCarbon_SDM.pdf.

Energía, cambio climático y salud

Situación y tendencias actuales. La energía es crucial para prácticamente todas las actividades humanas: se utiliza para iluminar, cocinar, calefaccionar, enfriar y transportar, para las tecnologías médicas y para producir casi todo lo que usamos en la vida moderna. Sin embargo, según cómo se produzca, la energía puede ser nociva para los ecosistemas, el clima y la salud humana. El uso de la energía es, con mucho, la actividad humana que emite más gases de efecto invernadero (): sus emisiones representan cerca del 60% de las emisiones totales de estos gases y la quema de combustibles fósiles es responsable de más del 80% del suministro total de energía primaria ().

En la Región de las Américas, la distribución de la energía es particularmente desigual. En el 2013, la demanda de energía primaria en Estados Unidos solamente fue de 29 906 millones de barriles equivalentes de petróleo (Mdbe), mientras que todos los países de América Latina y el Caribe usaron cerca de un tercio de esa cantidad (11 969 Mdbe). Por otra parte, mientras Canadá y Estados Unidos usan más de 13 000 kWh de electricidad per cápita por año, Haití solo usa 49 kWh. Las emisiones de CO2 derivadas de la quema de combustibles fósiles van de la mano: Estados Unidos produjo 16,18 toneladas de CO2 per cápita en el 2013 y Haití, 0,21 toneladas (). A medida que crecen las economías de la Región, la producción y la demanda de energía aumentan rápidamente. Por ejemplo, en muchos países de América Latina y el Caribe, el consumo de energía se ha triplicado en los 40 años transcurridos entre 1973 y el 2013. El consumo de energía también ha aumentado en los países más desarrollados, pero a un ritmo más lento; en ese mismo período, el consumo aumentó un 50% en Canadá y un 10% en Estados Unidos. Aun con la cobertura actual, el 6,8% de la población de la Región de las Américas todavía carece de acceso a la energía eléctrica y el 15% carece de acceso a combustibles no contaminantes para cocinar y calefaccionar (). Por consiguiente, el reto consiste en habilitar el acceso a la energía para todos sin aumentar la emisión de gases de efecto invernadero ni carbono negro.

Implicaciones para los sistemas de salud. La quema de combustibles fósiles supone riesgos para la salud tanto a corto plazo, derivados de la contaminación atmosférica, como a largo plazo, relacionados con el cambio climático. La producción de energía es responsable de la emisión del 85% de las partículas y de casi la totalidad del óxido de azufre y el óxido de nitrógeno (). Por otra parte, la salud de las personas que viven en la pobreza soporta una carga desproporcionada tanto porque los pobres están más expuestos (por ejemplo, porque dependen de los combustibles sólidos para cocinar, o viven en vecindarios contaminados) como porque son más vulnerables a factores como la desnutrición y el acceso limitado a la atención de salud (). En consecuencia, es evidente la estrecha relación entre las políticas en materia de salud y de energía.

Muchos países de ingresos bajos tienen una proporción alta de energía renovable en su matriz energética, pero eso es así porque dependen de fuentes de energía contaminantes como la madera, el estiércol y el carbón vegetal para cocinar y calefaccionar. El carbón, que se usa para generar electricidad, para algunas industrias y para cocinar y calefaccionar las viviendas, es particularmente perjudicial tanto para el cambio climático como para la salud humana: las directrices de la OMS sobre la calidad del aire en entornos cerrados () recomiendan que los hogares eviten usar carbón debido a sus efectos carcinógenos. Sin embargo, más de 90 millones de personas de la Región siguen usando biomasa como principal fuente de energía doméstica, uso que es particularmente alto en Haití, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Paraguay (). La quema de madera como fuente de energía es alarmantemente alta en Centroamérica (82%) (). La combustión de biomasa emite cantidades nocivas de CO2, PM2,5 y carbono negro, lo que tiene implicaciones graves para la salud y es responsable de un 25% de la contaminación atmosférica ambiental ().

Casos exitosos de promoción de la salud. Internalizar los costos de salud del uso de combustibles fósiles pondría en duda los argumentos que sostienen que los combustibles fósiles son «baratos» y necesarios para mitigar la pobreza, y podría preparar el terreno para promover las fuentes de energía limpias y renovables (). Los costos de las tecnologías de energía renovable han descendido sustancialmente en los últimos años, pero aún quedan muchos obstáculos financieros, de política y de información (). Las tecnologías de energía renovable y limpia han demostrado importantes mejoras en cuanto a su desempeño. En la Región de las Américas, Estados Unidos, Costa Rica y México han aumentado su producción de energía eólica (103), pero el porcentaje de toda la producción de energía que se obtiene con fuentes renovables sigue siendo bajo, inferior al 1%. Ecuador ha reducido significativamente su uso de combustibles sólidos promoviendo los aparatos de cocina por inducción y los calentadores de agua eléctricos. El programa otorga 80 KWh de electricidad por hogar («cocinar sin costo») y 20 KWh para calentar agua (). La transición hacia la energía renovable y respetuosa del clima puede tener beneficios colaterales inmediatos para la salud. Por ejemplo, los paneles solares instalados en los establecimientos de salud rurales de Guyana brindan energía a los refrigeradores utilizados para mantener la cadena de frío y otras funciones clínicas importantes. Un estudio reciente ha mostrado que las medidas de eficiencia energética y las fuentes hipocarbónicas de energía pueden ahorrar entre US$ 5,7 millones y US$ 210 millones por año en la Región ().

Salud y cambio climático en los sistemas alimentarios

Situación y tendencias actuales. Los sistemas alimentarios, desde la producción hasta la distribución, contribuyen con el 19% al 29% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero antropogénicas. Se atribuye la mayor parte de estas emisiones a la producción agropecuaria (80%-86%), que abarca también la deforestación asociada y las prácticas de degradación forestal (). Las demás actividades que también inciden en el cambio climático son las anteriores y las posteriores a la producción, como la fabricación de fertilizantes, el transporte y el envasado ().

Los hábitos alimentarios que incluyen una gran cantidad de carne tienen una mayor influencia sobre el clima, ya que la producción pecuaria representa el 80% del metano emitido por el sector (), y las tendencias indican que subirá la demanda de carne en el futuro (). Además de aumentar la acumulación atmosférica de gases de efecto invernadero, los sistemas agrícolas industriales que apuntan al alto rendimiento y la producción en serie de productos básicos de bajo costo también empobrecen los suelos, generan desechos, contaminan y eutrofican el agua, disminuyen la fertilidad del suelo, anulan el control natural de plagas, extinguen especies y disminuyen la diversidad biológica (). Un tercio del carbono liberado por el suelo hacia la atmósfera en la era posindustrial proviene de la erosión del suelo (). Por lo tanto, es importante restaurar los suelos para mitigar el recalentamiento del planeta manteniendo el carbono en el suelo y secuestrándolo de la atmósfera, lo que así reducirá la acumulación atmosférica ().

Implicaciones para los sistemas de salud. Los sistemas alimentarios no solo contribuyen al cambio climático, también sufren sus consecuencias. Por ejemplo, en el 2014, Centroamérica fue golpeada por una gran sequía que mermó la producción de cereales básicos, en particular de maíz y frijol, lo que generó una grave inseguridad alimentaria a más de 500 000 familias de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua (). En el 2012, las condiciones climáticas cálidas y secas de Brasil y Argentina derivaron en un aumento del 8% de los precios internacionales de los alimentos (), lo que repercutió en su disponibilidad y asequibilidad. Estos efectos tienen repercusiones negativas sobre la disponibilidad de calorías per cápita y causan desnutrición infantil, muertes infantiles y AVAD perdidos en los países en desarrollo ().

Aunque las emisiones de gases de efecto invernadero de la Región son inferiores a las de otras regiones, los países de América Latina y el Caribe son especialmente vulnerables a los efectos de estos gases porque tienen dependencia económica de la agricultura. En el nordeste del Brasil, partes del área andina y Centroamérica, está previsto que el cambio climático altere el rendimiento de las cosechas y las economías locales, y comprometa la seguridad alimentaria (). Las malas cosechas se traducen en dificultades económicas o aumentan los gastos en alimentos, lo que a su vez se ha asociado a depresión y desmoralización (). En las zonas propensas a las sequías, se registra una incidencia más alta de ansiedad y sentimientos de impotencia ().

Casos exitosos de promoción de la salud. Se ha demostrado que los sistemas agroecológicos y agroforestales son más sostenibles y promueven mejor la salud porque reducen los efectos directos e indirectos del cambio climático (). Estos sistemas son más eficientes para extraer el carbono atmosférico y almacenarlo, lo que ayuda a compensar las emisiones de gases de efecto invernadero () y también puede ayudar a moderar los cambios extremos tyde temperatura (). Por ejemplo, en Brasil, un sistema agroforestal logró disminuir las temperaturas máximas 5,4oC (). En Cuba, los establecimientos agropecuarios orgánicos emitieron un volumen seis veces menor de gases de efecto invernadero y duplicaron la producción de alimentos de los establecimientos no orgánicos ().

Las prácticas ancestrales de cultivo también aportan enseñanzas útiles. Los sistemas de cultivo andino en terrazas representan una manera eficaz de controlar la degradación del suelo y mantener su fertilidad y sus nutrientes. Estos sistemas han ayudado a proteger una gran variedad de especies de papas y legumbres (). En Perú, esos sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial son el centro de una colaboración entre la FAO, el gobierno nacional y las autoridades locales, las instituciones de investigación y las comunidades rurales. Además, el Centro de Elaboración de Políticas de Desarrollo del Caribe, con el apoyo de ONU-Mujeres, ha impartido capacitación a las mujeres de la zona sobre la forma de incorporar prácticas agrícolas sostenibles para combatir la erosión de los suelos y aumentar su fertilidad, lo que ayuda a reducir las emisiones y mejorar la fijación de carbono ().

Transporte sostenible: lucha contra el cambio climático y promoción de la salud

Situación y tendencias actuales. La segunda fuente de emisión de gases de efecto invernadero es el sector del transporte: desde 1970, este sector ha duplicado las emisiones, un ritmo de aumento más rápido que el de todos los demás sectores usuarios finales de energía. En el 2010, el sector del transporte fue responsable de alrededor del 23% del total de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía, o del 14% de la emisión mundial de gases de efecto invernadero ().

Los automóviles y el transporte de mercancías son responsables del 80% de las emisiones de CO2 del sector. El transporte genera otros gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos como el metano, los compuestos orgánicos volátiles, el óxido de nitrógeno, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, los gases fluorados y el carbono negro (). Se pronostica que la población del mundo llegará a los 9 700 millones de personas en el 2050 (), de las cuales el 66% vivirá en zonas urbanas (). En la Región de las Américas, se prevé que, en ese mismo año, el 86,8% de la población residirá en zonas urbanas. El transporte es un aspecto clave de la vida de las ciudades y es la cuestión más importante de toda nueva política urbana.

Implicaciones para los sistemas de salud. Los riesgos para la salud vinculados al transporte suelen estar asociados a los traumatismos causados por el tránsito y los problemas de seguridad vial, pero los sistemas de transporte tienen otros efectos sobre la salud: contaminantes atmosféricos, ruido, estrés, sedentarismo y pérdida de la cohesión social. En todo el mundo, los sistemas de transporte causan alrededor de 7 millones de muertes por año, de las cuales 3,3 millones son atribuibles a la contaminación atmosférica, 1,2 millones a los traumatismos causados por el tránsito y 2,5 millones están asociados al modo de vida sedentario.

La calidad del aire en América Latina ha empeorado debido al rápido desarrollo urbano y al uso más extendido de vehículos motorizados, en particular de automóviles privados (). En América Latina y el Caribe, la gasolina con plomo aumenta la exposición a sustancias tóxicas, lo que puede aumentar el riesgo de alteraciones neurológicas, especialmente durante la niñez.

Casos exitosos de promoción de la salud. Las comunidades respetuosas del tránsito que tienen habilitadas ciclovías y vías peatonales exclusivas ayudan a reducir la contaminación atmosférica, y aumentan la probabilidad y la frecuencia con que sus habitantes realizan actividad física (), lo que disminuye la carga de algunos tipos de cáncer, diabetes, cardiopatías y enfermedades mentales (). El viaje activo y el transporte mediante autobuses rápidos o trenes ligeros son estrategias que fomentan la salud porque bajan la emisión de CO2 y contaminantes climáticos de vida corta. Otras políticas que fomentan la salud son los traslados en vehículos diésel de gran potencia, que son más limpios, o en vehículos que utilizan combustibles que emiten escasos contaminantes (como los combustibles con escaso contenido de azufre), así como la aplicación de normas más estrictas sobre las emisiones y la eficiencia energética tanto respecto de la contaminación con partículas como de los precursores del ozono, incluidos los óxidos de nitrógeno (NOx).

Los sistemas de transporte desempeñan un papel muy importante en la salud del pueblo. Aunque parezca difícil poner en marcha políticas amplias en toda una ciudad, algunos ejemplos recientes ponen de relieve los resultados de salud positivos que han tenido esas intervenciones. En la Región de las Américas, Bogotá (Colombia) y Curitiba (Brasil) incorporaron cambios significativos en el sistema de transporte público para estimular el uso de los medios de transporte no motorizados (es decir, traslados a pie y en bicicleta) o medios rápidos de transporte público (). Sin embargo, aún se debe progresar en cuanto a la evaluación de los beneficios ambientales y para la salud de esas intervenciones con un conjunto claro de indicadores. Londres es un buen ejemplo de un sistema de transporte público que promueve los traslados no motorizados; entre sus beneficios se destacan que promueve la actividad física, el aire está más limpio, hay menos ruido, los vecindarios están más conectados, hay menos estrés y temor, y disminuyeron los traumatismos causados por el tránsito ().

Hoja de ruta del sector de la salud para abordar el cambio climático

Los datos científicos indican que la falta de acción sobre el cambio climático tiene un costo humano inadmisiblemente alto. En comparación con un futuro sin cambio climático, las proyecciones prevén que para el año 2030 este añada 38 000 muertes de adultos mayores causadas por la exposición al calor, 48 000 por diarrea, 60 000 por malaria y 95 000 por desnutrición infantil (). Por lo tanto, podrían ser sustanciales los beneficios humanos y económicos si se instituyeran medidas de mitigación y adaptación para evitar los efectos del cambio climático sobre la salud.

Los responsables de las políticas de salud necesitan información para evaluar la magnitud de los efectos actuales y futuros del cambio climático, así como sus implicaciones en materia de salud, y para formular y poner en ejecución respuestas que garanticen la adaptación y fortalezcan los sistemas de salud. Por otra parte, los interesados directos en asuntos de salud tienen que colaborar con otros sectores, como el de la energía, el transporte y la agricultura y ganadería, puesto que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en esos sectores trae beneficios colaterales de salud. A continuación, se propone una hoja de ruta del sector de la salud para abordar el cambio climático.

Reducción de las emisiones de los establecimientos de atención de salud

  1. Evaluar las emisiones del sistema de salud de cada país. A modo de ejemplo, pueden consultarse estudios como el realizado por Sherman y Eckelman ().
  2. Los establecimientos de atención de salud deben aplicar los siguientes principios para ser más respetuosos del clima (adaptado de la OMS y de la ONG Health Care Without Harm) ():
    • reducir el consumo y los costos de energía en el sector de la salud adoptando medidas de conservación y utilizando fuentes de energía poco contaminantes;
    • generar parte de su propia energía de fuentes limpias y sostenibles;
    • construir establecimientos de atención de salud acordes a las condiciones climáticas locales, que optimicen la circulación del aire y la entrada de luz, para bajar la demanda de energía y otros recursos;
    • ofrecer espacios verdes a los pacientes, visitantes y personal médico, lo que además ayudará a reducir la temperatura local y promover un modo de vida saludable y el contacto con la naturaleza;
    • reducir los requisitos de transporte de los productos y las personas, y utilizar combustibles sostenibles y poco contaminantes;
    • ofrecer alimentos cultivados con métodos menos contaminantes y de producción local para disminuir las emisiones generadas por su transporte;
    • reducir la generación de desechos, y crear y usar sistemas eficaces de tratamiento y reciclado;
    • reducir el consumo de agua e instaurar sistemas eficaces de tratamiento y reciclado.
  3. Crear y usar mecanismos adecuados para medir, reducir, vigilar y auditar las repercusiones ambientales de los establecimientos y los sistemas de atención de salud.

Reducción de las emisiones en la cadena de suministro de productos y servicios de salud

  1. Localizar proveedores respetuosos del medioambiente en la cadena de suministro de productos y servicios de salud.
  2. Aplicar políticas de compra ecológicas examinando las prácticas de compras de los establecimientos y ofreciendo incentivos para comprar a proveedores respetuosos del medioambiente.

Capacitación del personal de salud y la información pública

  1. Impartir capacitación al personal de salud de todos los niveles. Todos los trabajadores deben poder reconocer y comprender los efectos directos de los establecimientos de atención de salud y las emisiones de la cadena de suministro médico. La OPS ofrece un curso virtual (Cambio climático y salud) (), que puede servir de base para elaborar otras instancias de capacitación.
  2. Fomentar la participación de las comunidades y preparar programas sobre conocimientos de y promoción de la salud para controlar y comunicar las causas y los efectos del cambio climático
  3. Mejorar el acceso de los científicos y la población a los datos sobre el clima y la salud a fin de fundamentar mejor el reconocimiento, la reducción y la prevención de los efectos del cambio climático sobre la salud.

Adaptación al cambio climático: prestación de mejores servicios de salud en un mundo cambiante

  1. Fomentar las investigaciones para tomar decisiones basadas en los mejores datos científicos. La comunidad de salud debe llevar adelante investigaciones sobre las conexiones entre la salud y el cambio climático o colaborar con estas investigaciones. El sector también debe brindar información sobre las mejores prácticas de gestión para dar el ejemplo y servir de inspiración.
  2. Elaborar planes de evaluación sobre la vulnerabilidad y la adaptación junto con todos los interesados directos.
  3. Hacer un seguimiento de los riesgos climáticos y trazar el mapa de las poblaciones vulnerables a esos riesgos, como los migrantes y las personas desplazadas. Es especialmente importante considerar también las distintas repercusiones que tiene el cambio climático para las mujeres y los hombres.
  4. Preparar sistemas de alerta anticipada y mejorar la comunicación entre el sector de la salud y los organismos meteorológicos.
  5. Evaluar los riesgos de desastre en el sector de la salud y fortalecer la estructura orgánica de las oficinas de gestión de los riesgos de desastres en los ministerios de salud.
  6. Elaborar y ejecutar la gestión de los riesgos de desastres y los preparativos para situaciones de emergencia a fin de abordar los fenómenos meteorológicos extremos y sus efectos sobre la infraestructura y los miembros del personal de salud.

Financiamiento destinado a la salud en las intervenciones sobre el clima y la mejora de la gobernanza

  1. Elaborar una estrategia para acceder al financiamiento destinado al cambio climático, garantizando el financiamiento del sistema de salud para evitar los riesgos del cambio climático y hacerles frente.
  2. Incluir de manera explícita la relación entre el cambio climático y la salud humana en las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional, los planes nacionales de adaptación, las acciones nacionales apropiadas de mitigación y otros instrumentos de la CMNUCC; ratificar y seguir el Marco de Sendai para la Reducción de Riesgos de Desastres 2015-2030 y otras estrategias y tratados nacionales e internacionales pertinentes.
  3. Elaborar y actualizar los perfiles de país de la OMS sobre el clima y la salud (), que incluyen las propias proyecciones del país respecto de los riesgos climáticos, así como proyecciones modeladas de escenarios de baja contaminación y riesgos actuales y futuros para la salud como consecuencia del cambio climático.
  4. Respaldar la colaboración multisectorial en la ejecución de intervenciones sobre el clima para potenciar los beneficios colaterales, y usar las metas de los ODS y sus indicadores para fomentar las iniciativas intersectoriales.
  5. Tener en cuenta a todos los grupos al formular las intervenciones y garantizar que se priorice la satisfacción adecuada de las necesidades de los grupos más vulnerables.

Energía, salud y cambio climático

  1. Dar el ejemplo invirtiendo en energías limpias en los establecimientos y los consultorios de salud, y aprovechando el poder adquisitivo del sector de la salud para descarbonizar su cadena de suministro.
  2. Fomentar las políticas que permitan reducir progresiva, pero rápidamente, el uso de carbón y promover la transición hacia fuentes de energía limpias y renovables. Las medidas hipocarbónicas proporcionan beneficios inmediatos y valiosos para la salud, por lo que no solo hay que considerar su costo monetario.
  3. Fomentar la incorporación de las evaluaciones de los efectos de salud y de la economía de la salud en los procesos decisorios de las políticas y los proyectos relativos a la energía. Los proyectos relacionados con los combustibles fósiles deben incluir un análisis de los costos y beneficios para la salud y las repercusiones climáticas. Por ejemplo: según la evaluación de los efectos que forma parte del Paquete de medidas sobre Clima y Energía de la Comisión Europea, si se redujeran las emisiones de gases de efecto invernadero un 20% para el 2020, disminuiría la emisión de dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y PM2,5 entre 10% y 15% respecto de los valores de referencia correspondientes al año 1990, de manera que bajarían los costos por daños de salud entre €12 000 y €29 000 millones ().

Agricultura y ganadería, cambio climático y salud

  1. Colaborar con el sector alimentario y agropecuario para incluir los efectos sobre la salud en el proceso de toma de decisiones sobre las políticas.
  2. Crear sistemas agroecológicos y agroforestales, que son más sostenibles y más eficaces en cuanto a la promoción de la salud, a fin de disminuir los efectos directos e indirectos sobre la seguridad alimentaria y nutricional, la salud y el clima.
  3. 25) Respetar y promover las directrices de la OMS respecto de la alimentación saludable. La transición hacia la alimentación vegetariana que está en consonancia con las directrices alimentarias ordinarias podría bajar la mortalidad mundial entre un 6% y un 10%, y reducir la emisión de gases de efecto invernadero relacionada con la alimentación entre un 29% y un 70% para el 2050 respecto de un escenario hipotético de referencia ().

Transporte, cambio climático y salud

  1. Colaborar con el sector del transporte a fin de que tenga en cuenta los efectos de sus actividades sobre la salud en el proceso decisorio de las políticas.
  2. Limitar la necesidad de automóviles particulares mejorando y promoviendo el transporte público, mejorando la planificación urbana, integrando mejor los vecindarios y construyendo mejores infraestructuras de ciclovías y vías peatonales exclusivas. Estos cambios podrían reducir considerablemente las muertes y los traumatismos causados por el tránsito, así como las emisiones de gases de efecto invernadero.
  3. Definir y crear sistemas de vigilancia, y mejorar la planificación urbana midiendo un conjunto de indicadores ambientales y de salud. Lo ideal es que esos indicadores estén armonizados con los propuestos en los ODS y sirvan para demostrar los beneficios en función de los costos de esas intervenciones; por ejemplo, podrían utilizarse los AVAD o el gasto en salud ahorrado.

Figura 8. Hoja de ruta del sector de la salud para enfrentar el cambio climático

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Referencia/Nota:

1. Desastre: Todo fenómeno o serie de fenómenos que perturba gravemente la infraestructura de una comunidad. Es habitual que los desastres generen pérdidas humanas, materiales, económicas y ambientales generalizadas y otros efectos perjudiciales, y que excedan la capacidad de la comunidad afectada para mitigar el daño recurriendo a los recursos existentes.

2. International Disaster Database de OFDA/CRED.

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