Perspectivas de Salud - La revista de la Organización Panamericana de la Salud
   Volumen 10, Número 1, 2005
Mitos y realidades

sobre desastres

Mito: Después de los desastres, los cadáveres que no se entierran son una peligrosa fuente de epidemias.
Realidad: Los cuerpos de las víctimas de un desastre representan poca o ninguna amenaza para la salud pública.

Mito: Enterrar rápidamente a las víctimas en fosas comunes ofrece a los sobrevivientes una sensación de alivio.
Realidad: Los sobrevivientes tienen la inmensa necesidad de identificar a sus seres queridos y de llorarlos según sus tradiciones.

Mito: Identificar a un gran número de víctimas es casi imposible. Las fosas comunes son a menudo la única solución.
Realidad: Aunque exista un gran número de víctimas, hay que manejarlas de manera sistemática para facilitar su identificación. Siempre debe evitarse las fosas comunes.

Mito: Cualquier clase de ayuda internacional es útil siempre y cuando sea inmediata.
Realidad: Si la respuesta es apresurada y no está basada en una evaluación seria de las necesidades, puede aumentar el caos. Es mejor esperar hasta que se hayan evaluado las verdaderas necesidades.

Mito: Después del desastre se necesitan voluntarios médicos extranjeros que tengan cualquier tipo de experiencia en medicina.
Realidad: La población local suele cubrir las necesidades inmediatas para salvar vidas. Hace falta la ayuda de médicos del exterior solamente cuando el país afectado no cuenta con personal capacitado.

Mito: Los desastres naturales ocasionan víctimas al azar.
Realidad: Los desastres causan más daños en las zonas geográficas vulnerables donde hay más probabilidades de que viva gente pobre. En especial en los países en desarrollo, los desastres causan mayores estragos entre los pobres.

Mito: Ubicar a las víctimas del desastre en asentamientos temporales es la mejor alternativa.
Realidad: ésta debe ser considerada como la última opción. Es mejor utilizar el dinero para la compra de materiales de construcción, herramientas y para cualquier otro tipo de actividad relacionada con la reconstrucción de la zona afectada.

Mito: Las cosas vuelven a la normalidad en unas pocas semanas.
Realidad: Los efectos del desastre son de larga duración. Los países afectados agotan gran parte de sus recursos financieros y materiales en la fase que sigue inmediatamente al desastre. Los programas de ayuda exitosos ajustan sus operaciones al hecho de que el interés internacional disminuye, mientras que la escasez y las necesidades se vuelven más urgentes.

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