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Padre Ulises Vega - Vicario de la Catedral de Matagalpa bendice la IX Feria Nacional de la Tierra

El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios, y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad.  Por este motivo, es indispensable que la humanidad renueve y refuerce esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.    Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia, experta en humanidad, se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación.  ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales?  ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales?, expresó el Padre Ulises Vega durante la bendición de la IX Feria Nacional de la Tierra.

Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo. Por tanto, resulta sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones.  Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere también, y sobre todo, la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son patentes desde hace tiempo en todas las partes del mundo.

La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos.  Sólo de este modo la crisis actual se convierte en ocasión de discernimiento y de nuevas proyecciones.  ¿Acaso no es cierto que en el origen de lo que, en sentido cósmico, llamamos naturaleza, hay un designio de amor y de verdad?  El mundo no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar.  Procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad.

El Libro de Génesis nos remite en sus primeras páginas al proyecto sapiente del cosmos, fruto del pensamiento de Díos, en cuya cima se sitúan el hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza del Creado para llenar la tierra y dominarla como administradores de Dios mismo. La armonía entre el Creador, la humanidad y la creación que describe la Sagrada Escritura, se ha roto por el pecado desdán y Eva, del hombre y la mujer, que pretendieron ponerse n el lugar de Dios, negándose a reconocerse criaturas suyas.  La consecuencia es que se ha distorsionado también el encargo de dominar la tierra de cultivarla y guardarla, y así surgió un conflicto entre ellos y el resto de la creación .

El ser humano se ha dejado dominar por el egoísmo, perdiendo el sentido del mandato de Dios, y en su relación con la creación se ha comportado como explotador, queriendo ejercer sobre ella un dominio absoluto.  Pero el verdadero sentido del mandato original de Dios, perfectamente claro en el Libro del Génesis, no consistía en una simple concesión de autoridad, sino más bien en una llamada a la responsabilidad.  Por lo demás, la sabiduría de los antiguos reconocía que la naturaleza no está a nuestra disposición como si fuera un montón de desechos esparcidos al azar, mientras que la Revelación bíblica nos ha hecho comprender que la naturaleza es un don del Creador, el cual ha inscrito en ella su orden intrínseco para que el hombre puede descubrir en él las orientaciones necesarias para cultivarla y guardarla.

Todo lo que existe pertenece a Dios, que lo ha confiado a loa hombres, pero no para dispongan arbitrariamente de ello.  Por el contrario, cuando el hombre, en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios, la suplanta, termina provocando la rebelión de la naturaleza, más bien tiranizada que gobernada por él.  Así, pues, el hombre tiene el deber de ejercer un gobierno responsable sobre la creación, protegiéndola y cultivándola. El uso de los recursos naturales debería hacerse de modo que las ventajas inmediatas no tengan consecuencias negativas para los seres vivientes, humanos o no, del presente y del futuro; que la intervención del hombre no comprometa la fecundidad de la tierra, para ahora y para el mañana. Hoy son muchas las oportunidades científicas y las potenciales vías innovadoras, gracias a las cuales se pueden obtener soluciones satisfactorias y armoniosas para la relación entre el hombre y el medio ambiente. 

Hacen falta políticas nacionales ambiciosas, completadas por un necesario compromiso internacional que aporte beneficios importantes, sobre todo a medio y largo plazo.  En definitiva, es necesario superar la lógica del mero consumo para promover formas de producción agrícola e industrial que respeten el orden de la creación y satisfagan las necesidades primarias de todos.  La cuestión ecológica no se ha de afrontar sólo por las perspectivas escalofriantes que se perfilan en el horizonte a causa del deterioro ambiental; el motivo ha de ser sobre todo la búsqueda de una auténtica solidaridad de alcance mundial, inspirada en los valores de la caridad, la justicia y el bien común.

Cada vez se ve con mayor claridad que el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros, los estilos de vida y los modelos de consumo y producción actualmente dominantes, con frecuencia insostenibles desde el punto de vista social, ambiental e incluso económico.  Ha llegado el momento en que resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida.  Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación.  Esta responsabilidad no tiene fronteras.  Según el principio de subsidiaridad, es importante que todos se comprometan en el ámbito que les corresponda, trabajando para superar el predominio de los intereses particulares. 

Un papel de sensibilización y formación corresponde particularmente a los diversos sujetos de la sociedad civil y las Organizaciones no gubernativas, que se mueven con generosidad y determinación a favor de una responsabilidad ecológica, que debería estar cada vez más enraizada en el respeto de la ecología humana.  Además, se ha de requerir la responsabilidad de los medios de comunicación social en este campo, con el fin de proponer modelos positivos en los que inspirarse.  Por tanto, ocuparse del medio ambiente exige una visión amplia y global del mundo; un esfuerzo común y responsable para pasar de una lógica centrada en el interés nacionalista egoísta a una perspectiva que abarque siempre las necesidades de todos los pueblos.  No se puede permanecer indiferente ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos.

Última actualización el Miércoles 14 de Julio de 2010 18:54

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