Cuando surge una amenaza para la salud en la Región de las Américas (en cualquier lugar desde Canadá hasta Chile) se activa un sistema: verificación en Washington, D.C., diálogo inmediato con el país afectado, orientación técnica, apoyo de laboratorio y, en caso necesario, despliegue de expertos sobre el terreno. Aquí es donde el valor de la OPS se hace más visible.
La seguridad sanitaria es la capacidad de prevenir, detectar y responder a las amenazas para la salud pública, que pueden perturbar no solo los sistemas de salud, sino también las economías enteras y el desarrollo social. La COVID-19 hizo que esto se apreciara claramente: cuando las personas no pueden mantenerse saludables, no pueden trabajar, las economías se estancan y las comunidades sufren.
El enfoque de la OPS se basa en dos pilares. El primero es fortalecer la capacidad nacional: todos los países deben estar preparados para prevenir, detectar y responder. Esto significa sistemas de laboratorio, personal de salud capacitado, sistemas de información de salud y preparación para las amenazas actuales y las emergentes. El margen para contener un brote en su origen suele ser estrecho: si los países no están preparados para actuar en ese momento, algunos agentes patógenos se propagan tan rápidamente que la contención pasa a ser casi imposible.
El segundo pilar es una plataforma regional que reúne información de todos los países. La OPS mantiene un sistema de vigilancia que funciona 24 horas al día, 7 días a la semana, buscando señales como "fiebre", "brote", "muertes inusuales" y "nueva enfermedad". Cuando el sistema detecta una posible amenaza, la OPS se pone en contacto con el país pertinente para verificar la información y, a continuación, transmite los resultados de forma transparente a todos los Estados Miembros, garantizando así que todos los países puedan prepararse basándose en la mejor evidencia disponible.
"La seguridad sanitaria está en nuestro propio ADN. La OPS se creó para intercambiar información, de forma transparente, y proporcionar una plataforma en la que los países puedan trabajar juntos para coordinar mejor sus esfuerzos colectivos para contener brotes y epidemias".
Jarbas Barbosa da Silva Jr., Director de la OPS
El sistema de vigilancia de la OPS analizó 2,1 millones de señales procedentes de múltiples fuentes en el 2025. Este proceso, combinado con 78 eventos notificados oficialmente por los Centros Nacionales de Enlace para el RSI, permitió la detección de 157 eventos de salud pública.
Estos eventos desencadenaron 27 alertas epidemiológicas sobre amenazas prioritarias.
Los Estados Miembros recibieron 248 resúmenes diarios sobre los eventos con posibles implicaciones internacionales, además de 1210 informes técnicos y 572 análisis geoespaciales.
Este resultado fue posible gracias a: 37 924 comunicaciones con los Centros Nacionales de Enlace para el RSI a los efectos de la verificación y la respuesta coordinada.
En el 2025, la OPS consolidó algunos avances cruciales en relación con la inteligencia epidémica, los sistemas de alerta temprana y la preparación para emergencias, posicionando a la Región de las Américas como líder mundial en materia de seguridad sanitaria integrada.
La Región de las Américas elaboró y acordó un protocolo para acelerar el intercambio de información entre los laboratorios nacionales de salud pública y los Centros Nacionales de Enlace para el RSI. Este proceso impulsado por los Estados Miembros sitúa a la Región como pionera mundial en el intercambio de información integrada y basada en la confianza, para la toma de decisiones.
Tras la adopción de la Estrategia sobre inteligencia epidémica para fortalecer la alerta temprana de las emergencias de salud 2024-2029 por el 61.º Consejo Directivo de la OPS, la Región llegó a un consenso sobre un plan de acción con cuatro líneas de acción estratégicas para guiar la implementación y dar seguimiento a los avances, por lo que es la primera región del mundo en traducir una estrategia de inteligencia epidémica en un marco de implementación acordado.
La OPS elaboró un conjunto regional de instrumentos para la vigilancia comunitaria basada en eventos, que incluye directrices, una herramienta digital de notificación e intercambios estructurados entre los Estados Miembros, con lo que transformó los enfoques fragmentados en un marco regional compartido.
Mediante el trabajo con los países conectados por el Corredor Bioceánico en América del Sur, la OPS reposicionó estratégicamente la inteligencia de salud pública en las agendas regionales de desarrollo, economía y comercio, estableciendo un nuevo modelo de cooperación técnica multilateral.
La OPS brindó apoyo a los Estados Miembros en la revisión de las estructuras institucionales para la preparación ante emergencias de salud dentro de los ministerios de salud. Un ejemplo es Chile, donde la revisión estructural llevó a la creación de la División de Emergencias de Salud, destinada a fortalecer las capacidades de preparación y respuesta. Desde entonces, esta reforma ha servido de modelo para los países que han emprendido reformas similares en toda la Región.
La OPS llevó a cabo el primer análisis regional consolidado de los programas de capacitación en epidemiología sobre el terreno, determinando capacidades, brechas y buenas prácticas, con lo que proporcionó a los países evidencia para la planificación de la fuerza laboral y el fortalecimiento de la alerta temprana y la respuesta a los brotes.
La OPS mantuvo y actualizó 11 paneles informativos interactivos sobre enfermedades prioritarias, como la gripe [o influenza] (humana y aviar), la fiebre amarilla, el cólera, las enfermedades arbovirales y otras amenazas emergentes. Un centro de información geoespacial sobre peligros naturales y emergencias de salud pública brinda apoyo para la concientización, evaluación y respuesta a los desastres de origen natural en tiempo real, y el Atlas Interactivo de la OPS de Emergencias de Salud integra datos epidemiológicos, información sobre riesgos medioambientales e indicadores de vulnerabilidad de los sistemas de salud.
En el 2025, esta combinación de alerta temprana y respuesta coordinada se puso a prueba con la expansión de la transmisión de la fiebre amarilla más allá de las zonas tradicionales en las que la enfermedad era endémica, la llegada del virus del Oropouche a nuevos territorios y el huracán Melissa, que devastó partes del Caribe.
muertes confirmadas tan solo en Jamaica
hospitales importantes con daños graves en Jamaica
equipos médicos de emergencia activados
toneladas de insumos médicos desplegados
establecimientos de salud inteligentes siguieron funcionando
El Centro de Salud de Santa Cruz, en el suroeste de Jamaica, y los otros tres centros de salud inteligentes se mantuvieron plenamente operativos durante el paso del huracán de categoría 4. Reacondicionado según los patrones de referencia para un hospital inteligente bajo la iniciativa de la OPS y entregado en enero del 2024, su desempeño demostró lo que se puede lograr al invertir en una infraestructura resiliente: continuidad de la atención cuando las comunidades más la necesitan.
Los casos de fiebre amarilla casi se quintuplicaron al pasar de 61 casos y 30 muertes en el 2024 a 341 casos y 146 muertes en el 2025, y se concentraron en Brasil (119 casos, incluidas 47 muertes), Colombia (125 casos, incluidas 51 muertes), Perú (46, incluidas 18 muertes), República Bolivariana de Venezuela (31, incluidas 19 muertes), Ecuador (11, incluidas 8 muertes), Estado Plurinacional de Bolivia (8, incluidas 2 muertes) y Guyana (1 caso, 1 muerte).
La transmisión apareció fuera de las zonas amazónicas donde la enfermedad era tradicionalmente endémica, incluido el estado de São Paulo (Brasil) y el departamento de Tolima (Colombia). La fiebre amarilla selvática cerca de zonas densamente pobladas aumenta el riesgo de brotes urbanos.
Casi todos los casos se produjeron en personas sin vacunar.
Expansión geográfica
Casos notificados en Brasil (11 988), Panamá (710), Perú (330), Cuba (39), Colombia (21), República Bolivariana de Venezuela (5) y Guyana (1). Por primera vez, se detectó transmisión autóctona en entornos urbanos fuera de la zona amazónica donde la enfermedad es tradicionalmente endémica.
Tras el brote histórico del 2024, que registró más de 13 millones de casos, la transmisión del dengue siguió siendo elevada en el 2025, con 4,47 millones de casos notificados. Brasil presentó el 85% de los casos regionales (3,8 millones), seguido de México (145 000), Colombia (125 000), Guatemala (48 000) y Perú (39 000), con otros 300 000 casos notificados por otros países de la Región de las Américas.
En mayo del 2025, tras tres años de negociaciones, los Estados Miembros de la OMS adoptaron formalmente por consenso el primer Acuerdo sobre Pandemias del mundo, un acuerdo jurídicamente vinculante entre 194 países para fortalecer la colaboración mundial en materia de prevención, preparación y respuesta ante pandemias.