Guía práctica para el abordaje de brotes por patógenos transmisibles en establecimientos de salud en las Américas

Tapa

Los brotes por patógenos transmisibles en establecimientos de salud representan una amenaza para la seguridad de pacientes, acompañantes, visitantes y trabajadores de salud. Además de incrementar la morbilidad, la mortalidad y los costos de atención, pueden afectar la continuidad de los servicios y la confianza en las instituciones sanitarias. Su detección temprana y control oportuno son, por lo tanto, componentes esenciales de una atención segura y de calidad. 

Esta guía práctica ofrece un marco metodológico y operativo para la identificación, la investigación y el control de brotes en establecimientos de salud. A partir de un enfoque aplicado y orientado a la acción, describe los pasos fundamentales para la gestión de estos eventos, desde la detección y verificación inicial hasta la evaluación de las medidas implementadas, la comunicación de hallazgos y el cierre del brote. La publicación integra herramientas epidemiológicas, microbiológicas y de prevención y control de infecciones, junto con recomendaciones para la formulación y comprobación de hipótesis, la búsqueda sistemática de casos, el análisis descriptivo de los brotes y la implementación de medidas de intervención inmediatas y definitivas. Asimismo, incorpora orientaciones sobre comunicación del riesgo y ejemplos prácticos basados en situaciones reales, con el fin de facilitar su aplicación en distintos contextos asistenciales. 

Dirigida al personal de salud responsable de la vigilancia epidemiológica, la prevención y el control de infecciones, la microbiología, la gestión clínica y la conducción de establecimientos de salud, esta guía busca fortalecer las capacidades institucionales para responder de manera coordinada, basada en evidencia y centrada en la protección de las personas. 

Al promover un abordaje sistemático de los brotes y fortalecer la preparación y la respuesta de los servicios de salud, esta publicación contribuye a reducir la transmisión de infecciones, mejorar la seguridad de la atención y fortalecer la resiliencia de los sistemas sanitarios frente a eventos de interés para la salud pública.