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    Centro de salud de la comunidad Shubacbarina, Alto Catatumbo / OPS- Laura Santamaría
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Llevar la atención en salud hasta el final del camino

Una jornada de salud llevó atención médica hasta la comunidad indígena Barí Shucbacbarina, en el Catatumbo, donde durante más de dos años no habían llegado los servicios de salud.

El cielo está adornado de un rosa intenso. Por el prado corren niños que juegan al fútbol, los perros los persiguen ladrando, mientras las mujeres lavan los platos del día y los hombres traen la leña para los fogones. El aroma a bosque inunda el ambiente, mientras bandadas de pájaros vuelan hacia sus nidos despidiéndose del día que va terminando. Termina de caer la tarde cuando, al resguardo Shucbacbarina de la comunidad indígena Barí, llegan los equipos de salud que, durante tres días, prestarán servicios a esta comunidad.

Durante más de doce horas, el equipo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), junto con 25 profesionales en medicina general, odontología, psicología, epidemiología, vacunación, nutrición y trabajo social ha recorrido un largo camino para llegar hasta este lugar, ubicado en lo profundo de las montañas del Catatumbo. Allí, hace más de dos años no llegan los servicios de salud y las comunidades tienen que recorrer semanas enteras para acceder a un centro médico. Esto es posible gracias al Fondo Humanitario Regional, en el marco del proyecto Respuesta sanitaria vital ante brotes de enfermedades emergentes y reemergentes, violencia y emergencias relacionadas con el clima en Colombia.

El pueblo indígena Barí vive en lo profundo de la zona montañosa del Parque Nacional Natural Alto Catatumbo, que ocupa los municipios de Convención, El Tarra, Teorama, El Carmen, Tibú y San Calixto, en el departamento de Norte de Santander. Durante cientos de años estas comunidades han ocupado esta selva tropical, tratando de conservar sus costumbres. Sin embargo, el intenso conflicto armado que se registra en esta zona se ha convertido en una amenaza permanente para el pueblo Barí, que ha sufrido las consecuencias del desplazamiento forzado, el confinamiento y otras afectaciones que han terminado por impactar su tradición cultural, su salud y su vida cotidiana. 

Para Jenit Colmenares, líder de poblaciones vulnerables del Instituto Departamental de Salud de Norte de Santander, llegar a la comunidad Barí es un reto, pero también una necesidad. No solo por la dificultad en vías de acceso, sino por la situación de seguridad en este territorio: “llegar a estas comunidades es un gran logro. Porque son poblaciones que por su dispersión geográfica no logran tener el acceso oportuno a la atención en salud. Poder entregar medicamentos, atender enfermedades y hacer educación en salud es algo muy importante”, sostiene.

médica haciendo atención a dos niñas

Pie de foto: niñas de la comunidad reciben atención en nutrición /  OPS Laura Santamaría

Cuando es difícil ir hacia la atención; la atención llega donde se la necesita

Son las 8 de la mañana del primero de los tres días de jornada. La primera en la fila para recibir atención es Yoselin Itobaría con sus tres hijos: Nicole, Adan y Eiren. Yoselin, de 24 años, vive en el resguardo Beboquirá y, para llegar a Shubacbarina, tuvo que hacer un recorrido de tres horas: una en canoa y dos caminando. Aunque fue un camino largo, para Yoselin se hizo mucho más fácil en comparación con los quince días que, normalmente, le habría tomado llegar al municipio más cercano con un hospital.

Yoselin pudo hacerse una prueba de malaria y sus hijos recibieron atención de odontología y nutrición. Adan, su hijo menor, inició su esquema de vacunación y como familia recibieron medicamentos recetados por medicina general.

“Nos atendieron rápido, la atención fue muy buena y de calidad. Lo que más me gustó es que le pudieron hacer controles a los niños, la odontología y la vacunación”, afirma Yoselin al terminar la atención. Asegura que haber recibido estos servicios le permite tener más tiempo para sus actividades como guardiana, uno de los roles organizativos más importantes de la comunidad y que Yoselin ocupa con orgullo. 

familia posando

Yoselin Itobaría y sus hijos Nicole, Adan y Eiren obtuvieron atención médica rápida y oportuna / OPS- Laura Santamaría

Prestar atención cuando hay mucho en contra

Son las doce del día y el calor atraviesa todos los rincones de la casa en la que se realiza la jornada. A más de 35 grados centígrados, los profesionales luchan contra el sudor y el cansancio mientras trabajan con intensidad para atender a las más de cien personas que esperan poder recibir ese día. El limitado acceso a electricidad, la poca conectividad y el reducido espacio se convierten en un reto que, a cada minuto, deben sobrepasar para llegar a cumplir con su objetivo, pues solo son tres días y muchas las personas de la comunidad que requieren de servicios. 

Para varios de los profesionales, esta es una experiencia nueva. Es el caso de Enelmys Pérez, odontóloga de la ESE Hospital Noroccidental: “para mí esta experiencia ha sido muy gratificante. Llegar acá y ver la emoción de los niños al vernos, los padres queriendo que atendamos a sus hijos es muy lindo. El camino fue largo, pero que nos abran la puerta y nos dejen entrar a su corazón valió toda la pena”, afirma. 

consulta de odontologia

Enelmys Pérez, odontóloga, pudo tener esta experiencia por primera vez en su carrera/ OPS – Laura Santamaría

Por su parte, Heiddy Vargas, consultora de la OPS para el departamento de Norte de Santander ha sido, desde hace varios meses, una de las personas que ha logrado hacer realidad esta jornada. Gracias a su interlocución permanente con el Instituto Departamental de Salud, hoy las personas de la comunidad Shucbacbarina reciben estos servicios. Heiddy asegura que “desde enero del año pasado, cuando ocurrió la emergencia del Catatumbo por conflicto armado, mucha población de esta comunidad quedó confinada y el acceso a la salud ha sido muy difícil”. Por lo que afirma que este es un resultado muy importante, específicamente, haber podido llevar pruebas de malaria a la jornada, ya que ha sido una de las enfermedades que ha aumentado desde que inició la emergencia. 

persona sacando una prueba de malaria

Personal de salud practicando una prueba de malaria. / OPS – Laura Santamaría

Gracias a esta jornada y al trabajo arduo de los profesionales de la salud, se pudieron brindar 1.265 atenciones. También se prestaron servicios de salud mental a la comunidad, con la presencia de profesionales en psicología tanto de los hospitales como de la OPS. 

Cae la tarde. Los profesionales de salud recogen los últimos insumos mientras los niños, ya vacunados y atendidos, vuelven a correr por la cancha de la comunidad. Los adultos emprenden el camino de regreso a sus casas. Sobre la selva vuelan las guacamayas y una luna llena comienza a iluminar las montañas del Catatumbo. 

Mañana, con las primeras luces del día, habrá una nueva oportunidad para seguir llevando atención en salud a un territorio donde, durante demasiado tiempo, llegar a los servicios de salud ha sido sinónimo de incertidumbre y largos caminos. 

personal médico posando en grupo

En esta jornada participaron las ESE: Hospital Emiro Quintero Cañizales del municipio de Ocaña; Isabel Celis Yañes de La Playa; ESE Noroccidental de Ábrego y la ESE Norte de Tibú, con los equipos del Plan de Intervenciones Colectivas, bajo la coordinación del Instituto Departamental de Salud. 

Esta brigada fue posible gracias al apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) gracias al proyecto Respuesta sanitaria vital ante brotes de enfermedades emergentes y reemergentes, violencia y emergencias relacionadas con el clima en Colombia, con el financiamiento del Fondo Humanitario Regional. Gracias a este proyecto, 240 mil personas se benefician con intervenciones sanitarias integrales para salvar vidas y atender las necesidades humanitarias urgentes, de tal manera que se pueda incrementar el acceso a la atención primaria en salud de emergencia, mediante enfoques comunitarios y el fortalecimiento de los servicios de salud comunitarios en zonas de alto riesgo.