Los países de las Américas muestran progresos en la incorporación de la etnicidad y la salud intercultural

Diálogos interculturales

El informe final de la Estrategia y Plan de Acción sobre Etnicidad y Salud (2019-2025), presentado al 63º Consejo Directivo de la OPS, muestra avances en generación de datos, lucha contra la discriminación, formación del personal sanitario y participación social.

Washington, D.C., 1 de octubre de 2026 — Los países de las Américas han logrado importantes avances en la incorporación de la etnicidad y la interculturalidad en las políticas y sistemas de salud, según el informe final de evaluación de la Estrategia y Plan de Acción sobre Etnicidad y Salud 2019-2025, presentado en el 63º Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Entre los principales progresos figuran la ampliación de los sistemas de información que incluyen la autoidentificación étnica, el fortalecimiento de políticas para combatir la discriminación en los servicios de salud, una mayor inclusión de la etnicidad en las agendas nacionales de investigación y la expansión de programas de capacitación en interculturalidad para el personal sanitario. El informe concluye que la estrategia permitió consolidar capacidades institucionales y marcos normativos en numerosos países, sentando las bases para avanzar hacia sistemas de salud más inclusivos y equitativos. La evaluación muestra resultados alentadores en varios ámbitos. De los 19 indicadores establecidos para el período 2019-2025, cuatro superaron las metas previstas, cinco alcanzaron los objetivos planteados y diez registraron avances parciales. 

Entre otros logros destacados, un total de 18 países y territorios de la región recopilan información sobre autoidentificación étnica en sus sistemas administrativos de salud (superando la meta regional de 15), 14 países incorporan la temática de etnicidad y salud en sus agendas nacionales de investigación (la meta fijada era de 12 países), y 18 cuentan con políticas específicas para abordar la discriminación por origen étnico en los servicios de salud, también por encima del objetivo inicial. En materia de fortalecimiento de capacidades, 13 países disponen de mecanismos formales de formación en interculturalidad para personal sanitario comunitario, superando igualmente la meta prevista. El informe destaca además avances en la incorporación de la perspectiva étnica en los procesos de planificación nacional, en la creación de espacios de diálogo y participación con pueblos indígenas y afrodescendientes y en el desarrollo de iniciativas que promueven la articulación entre la medicina convencional y los conocimientos ancestrales.

Respecto a los resultados del informe, la directora del Departamento de Determinantes Sociales y Ambientales para la Equidad en Salud, Orielle Solar, asegura que la implementación de la estrategia de la OPS “deja enseñanzas importantes para el futuro”. La primera es que los datos desagregados “constituyen un requisito indispensable para visibilizar las inequidades, orientar las políticas públicas y evaluar los resultados”. La segunda es que la participación social “requiere mecanismos institucionales sostenibles que garanticen la intervención efectiva de todos en las decisiones que afectan su salud. La experiencia confirma el valor de los enfoques interculturales y de los diálogos de saberes para fortalecer sistemas de salud centrados en las personas, respetuosos de la diversidad cultural y comprometidos con la equidad”, añade.

Los diálogos de saberes, clave

La OPS apoyó igualmente la puesta en marcha de herramientas innovadoras, como los diálogos de saberes entre sistemas médicos tradicionales o ancestrales y occidentales, plataformas de intercambio de conocimientos y experiencias para promover una atención culturalmente pertinente. Los diálogos de saberes han resultado ser una herramienta clave de la OPS en su asistencia técnica a los países y su aplicación se está extendiendo incluso más allá de la salud intercultural, como, por ejemplo, a iniciativas sobre salud en entornos de privación de libertad, entre otros.

A pesar de estos avances, el informe final de la estrategia y plan de acción subraya que persisten en la región desafíos importantes. Los progresos institucionales no siempre se han traducido en mejoras equivalentes en los indicadores de salud de las poblaciones afectadas por la discriminación étnica. Las metas relacionadas con la reducción de las brechas en mortalidad materna, mortalidad infantil y tuberculosis no pudieron alcanzarse plenamente durante el período de implementación. Entre los factores que explican esta situación figuran la limitada disponibilidad de datos desagregados de calidad, el subregistro de información étnica en algunos contextos, las dificultades para medir con precisión las desigualdades existentes y el impacto que tuvo la pandemia de COVID-19 sobre los sistemas de salud de toda la Región. 

El informe identifica también la necesidad de fortalecer los mecanismos de participación de los Pueblos Indígenas, afrodescendientes y otros grupos étnicos en el diseño y seguimiento de las políticas públicas; ampliar el reconocimiento de la medicina tradicional dentro de los sistemas nacionales de salud y su articulación con el sistema biomédico; garantizar recursos sostenibles para la implementación de enfoques interculturales; y mejorar el acceso oportuno y de calidad a los servicios de salud en comunidades históricamente excluidas. “En resumen, estos resultados reflejan desafíos persistentes para medir las inequidades étnicas en salud, asociados principalmente a la disponibilidad insuficiente de datos desagregados por etnicidad, al subregistro y, en algunos casos, a la ausencia de información censal oficial sobre determinados grupos”, afirma Solar. 

Los hallazgos de la evaluación servirán para orientar las próximas acciones regionales destinadas a reducir las inequidades en salud y a avanzar hacia sistemas sanitarios más inclusivos, respetuosos de la diversidad cultural y capaces de responder a las necesidades de todos los pueblos de las Américas y primando el abordaje de los determinantes sociales y la acción entre sectores. Como destaca Solar, “las prioridades futuras son claras: fortalecer la incorporación de la autoidentificación étnica en los registros administrativos y las estadísticas vitales; consolidar políticas y servicios de salud con enfoque intercultural; ampliar los mecanismos de participación social y rendición de cuentas; avanzar en el reconocimiento y la articulación de la medicina tradicional y los conocimientos ancestrales; fortalecer las competencias interculturales del personal de salud; y promover soluciones innovadoras, incluida la telesalud intercultural, para reducir las barreras que continúan afectando a numerosos pueblos y grupos étnicos de la Región”.

La estrategia surgió en 2019 para responder a las persistentes desigualdades que afectan a los Pueblos Indígenas, afrodescendientes, romaníes y miembros de otros grupos étnicos de la Región, quienes continúan enfrentando barreras de acceso a los servicios de salud y peores resultados sanitarios como consecuencia de factores históricos, sociales, económicos y culturales. Adoptada para implementar la Política sobre Etnicidad y Salud aprobada por los Estados Miembros en 2017, la estrategia se estructuró en torno a cinco líneas de acción principales: fortalecer la producción y el uso de evidencia y datos desagregados por etnicidad; promover políticas públicas orientadas a reducir inequidades; ampliar la participación social y las alianzas con los pueblos y comunidades afectados; proteger y valorizar los conocimientos ancestrales y la medicina tradicional; y desarrollar capacidades institucionales y comunitarias para incorporar la interculturalidad en los servicios de salud.