OPS celebra 50 años fortaleciendo la preparación y respuesta ante emergencias de salud en las Américas

Logíctica

Washington, D.C., 28 de septiembre de 2026 (OPS) – Cuando dos fuertes terremotos sacudieron Venezuela en junio de 2026, las autoridades de salud y los equipos de respuesta a emergencias enfrentaron una enorme prueba. En cuestión de horas, se activaron mecanismos regionales de coordinación de emergencias para apoyar la respuesta nacional e internacional. Casi de inmediato, se evaluaron los establecimientos de salud, se movilizaron insumos médicos y Equipos Médicos de Emergencia altamente capacitados y autosuficientes de toda la región estaban listos para desplegarse.

Hace cincuenta años, solo unos pocos países de América Latina y el Caribe contaban con personal dedicado o planes para responder a emergencias de salud y desastres. En 1976, a solicitud de los ministerios de salud, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estableció su programa de preparación para emergencias y respuesta a desastres.

“Esa decisión surgió de duras lecciones. Grandes desastres en nuestra región —incluidos los devastadores terremotos de Perú en 1970 y Guatemala en 1976— demostraron la necesidad de contar con capacidades especializadas para ayudar a los países a prepararse, responder y recuperarse de las emergencias”, explicó el Director de la OPS, doctor Jarbas Barbosa, durante una ceremonia por el 50.º aniversario del Programa de Emergencias en Salud, en el marco del 63.º Consejo Directivo de la OPS.

Hoy, los países de la región cuentan con programas nacionales de emergencias en salud, sistemas de vigilancia, centros de operaciones de emergencia, equipos de respuesta en salud capacitados y mecanismos para solicitar y coordinar asistencia internacional cuando las capacidades nacionales se ven superadas.

“El valor de la preparación es difícil de apreciar hasta el momento en que se necesita. Lo que vimos nuevamente este año es que los planes desarrollados, las personas capacitadas y los sistemas fortalecidos antes de una emergencia marcaron, una vez más, una enorme diferencia cuando cada minuto cuenta”, señaló Ciro Ugarte, Director del Departamento de Emergencias en Salud de la OPS.

Una transformación construida crisis tras crisis

El terremoto de México de 1985 y la erupción del Nevado del Ruiz en Colombia aceleraron los esfuerzos regionales para reducir los riesgos de desastres y mejorar la asistencia humanitaria en salud. Los sucesivos desastres también demostraron la necesidad de que los hospitales y otros establecimientos de salud pudieran seguir funcionando durante las emergencias, lo que con el tiempo dio lugar a iniciativas como Hospitales Seguros y, posteriormente, Hospitales Inteligentes (seguros y verdes).

Los huracanes y otros desastres también pusieron de manifiesto los desafíos que suponía gestionar grandes cantidades de ayuda humanitaria. Las experiencias de la década de 1990 contribuyeron al desarrollo SUMA, un sistema pionero creado por la OPS para mejorar el manejo y la trazabilidad de los suministros de emergencia mediante información confiable, que posteriormente influyó en la logística humanitaria más allá de la región.

Nuevas amenazas trajeron nuevas lecciones. La respuesta médica internacional masiva y, en muchos casos, poco coordinada tras el terremoto de Haití de 2010 impulsó el desarrollo de estándares comunes para los Equipos Médicos de Emergencia, haciendo que la asistencia médica fuera más predecible, oportuna y mejor coordinada.

Las amenazas biológicas impulsaron otra transformación. La influenza A(H1N1) en 2009, el Zika y la pandemia de COVID-19 reforzaron la importancia de la vigilancia, la colaboración científica y la cooperación regional, al tiempo que aceleraron el desarrollo de capacidades para la detección temprana, entre ellas la red regional de vigilancia genómica de la OPS (PAHOGen) y la inteligencia epidémica.

Con el tiempo, el trabajo de la OPS se amplió más allá de la respuesta a emergencias para abarcar la prevención y reducción de riesgos, la preparación, la vigilancia y la recuperación temprana. A medida que se han fortalecido las capacidades nacionales, también ha aumentado la capacidad de la región para movilizar expertos, equipos capacitados y otros recursos entre países cuando se necesita apoyo adicional.

Detrás de estos avances hay generaciones de trabajadores de la salud, personal de respuesta a emergencias, epidemiólogos, especialistas en logística, autoridades nacionales, socios y comunidades que han construido y sostenido las capacidades para responder a emergencias de salud en toda la región.

“Cincuenta años de experiencia nos han enseñado que cada emergencia también trae una oportunidad para aprender y mejorar de cara a la siguiente”, afirmó Ugarte. “Nuestra responsabilidad es convertir esas lecciones en capacidades nacionales más sólidas para hacer frente a las prioridades actuales y estar preparados cuando lleguen las próximas emergencias”, añadió. 

Al celebrar los 50 años de su Programa de Emergencias en Salud, los terremotos y brotes de 2026 son un claro recordatorio de que las inversiones y los esfuerzos conjuntos de los países y la OPS para reducir riesgos, prepararse y responder a las emergencias de salud salvan vidas y protegen la salud de las personas en las Américas.