• Reunión del Cluster Nacional de Salud en La Guaira

El Cluster Nacional de Salud: coordinar para salvar vidas en la emergencia

El Cluster Nacional de Salud ha coordinado la respuesta de más de un centenar de organizaciones que trabajan en el campo de la salud, ayudando a evitar duplicaciones y orientar los recursos hacia las necesidades de las comunidades más afectadas.

— Septiembre de 2026 —

En La Guaira, uno de los estados más afectados por los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, Juan Carlos Bolívar se encontró de pronto trabajando con más de veinte organizaciones de salud que buscaban responder a las necesidades de la población.

Como director de la red hospitalaria del estado, jefe de la sala situacional y punto focal ante el Cluster de Salud subnacional, parte de su trabajo consistió en ayudar a convertir todos esos esfuerzos en una respuesta coordinada.

Juntos, las autoridades sanitarias y las organizaciones analizaron las principales necesidades del estado, revisaron los recursos disponibles y definieron cómo distribuir las intervenciones. Esa coordinación permitió también ampliar la atención hacia Caruao y Carayaca, zonas menos afectadas directamente por los terremotos pero donde persistían necesidades de salud. 

Para Bolívar, la comunicación dentro del Cluster Nacional de Salud (CNS), al que describe como un “espacio de encuentro”, ha permitido que las intervenciones de las distintas organizaciones sean más eficaces, tengan un mayor alcance y se eviten duplicaciones.

La experiencia de La Guaira refleja un desafío que se presentó a una escala mucho mayor después de los sismos: cómo convertir la movilización de decenas de organizaciones en una respuesta conjunta que llegue a las personas y lugares que más la necesitan.

El Cluster Nacional de Salud llegó a reunir a 113 socios en los días posteriores al terremoto del 24 de junio en Venezuela

Coordinar una respuesta en rápida expansión

En los días posteriores a los terremotos, más de cien organizaciones vinculadas con la salud comenzaron a ejecutar acciones de emergencia en Venezuela. El CNS llegó a reunir a 113 actores, entre organizaciones humanitarias, sociedad civil, instituciones académicas, grupos de voluntarios, Equipos Médicos de Emergencia, autoridades sanitarias y agencias, fondos y programas de las Naciones Unidas. Tres meses después, 68 organizaciones continúan formando parte de este mecanismo. 

El Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS) lidera actualmente la coordinación y las mesas técnicas, con el coliderazgo y acompañamiento técnico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). 

Para reforzar ese trabajo después de los terremotos, la OPS movilizó a Venezuela a Laura Osorio, quien cuenta con más de seis años de experiencia en la coordinación del Cluster de Salud en Colombia.

“Coordinar con responsabilidad implica escuchar, construir, confiar y tejer alianzas”, explica Osorio. “De allí nacen las mejores ideas, teniendo siempre como fin último el bienestar de las personas a quienes acompañamos”. 

Cuando llegó al país, un mes después de los terremotos, la respuesta ya estaba en marcha. Uno de los desafíos era la concentración de organizaciones prestando servicios similares de atención primaria en los mismos lugares y sin protocolos estandarizados.

Junto con el MPPS y las Autoridades Únicas de Salud de los estados afectados, el Cluster trabajó para identificar brechas, establecer prioridades territoriales y reorientar las intervenciones. 

Las necesidades eran amplias: atención materna, neonatal e infantil; salud sexual y reproductiva; atención primaria; vigilancia epidemiológica; inmunización; enfermedades no transmisibles; salud mental y apoyo psicosocial, entre otras. 

“Cuando identificamos de forma conjunta las brechas prioritarias y las estrategias de respuesta junto a las Autoridades Únicas de Salud, bajo lineamientos y protocolos técnicos claros, logramos establecer metas compartidas”, señala Osorio. 

Una red construida antes de la emergencia

El CNS funciona en Venezuela desde 2019, y los años de trabajo conjunto habían permitido que muchas organizaciones se conocieran y desarrollaran relaciones de confianza antes del desastre.

“Apenas la tierra dejó de temblar, todos nosotros nos comunicamos a ver cómo estábamos y cómo íbamos a actuar”, recuerda Amalia García, coordinadora de Respuesta Humanitaria del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), una de las agencias de Naciones Unidas que forma parte del CNS.

Para Filippo Gatti, coordinador de salud del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR, organización que actúa como miembro observador del CNS), los terremotos actuaron como un “acelerador” de la coordinación. Aunque antes de la emergencia ya existía una buena articulación entre los intregantes del CNS, persistían desafíos en el intercambio de información y la coordinación con las autoridades sanitarias. La emergencia impulsó una participación más estrecha del MPPS y las Autoridades Únicas de Salud y la activación de mesas técnicas para evaluar la respuesta y definir prioridades conjuntas. 

Gatti considera que este proceso está permitiendo avanzar hacia un modelo de mayor complementariedad, en el que las autoridades sanitarias y las organizaciones humanitarias coordinan de forma más estrecha sus capacidades para responder a las necesidades de la población y fortalecer el sistema de salud.

Regina López, quien en el país representa a IRC (International Rescue Committee, organización humanitaria que ejerce de co-coordinadora del CNS), cree que el reto principal que asume esta instancia es compaginar las demandas del donante con lo que requieren las autoridades sanitarias en el país y las necesidades de la población. Estima que los socios han entendido su rol y por eso se ha creado confianza entre las partes y existe un trabajo productivo con el MPPS. 

De la respuesta a la recuperación

Algunas de las intervenciones diseñadas inmediatamente después del desastre ya no responden a las mismas prioridades. Por eso, explica Osorio, el trabajo se está orientando cada vez más hacia el fortalecimiento del sistema de salud, tanto a nivel comunitario como institucional, y de su personal. 

La recuperación puede extenderse durante seis meses o más, especialmente en emergencias complejas. Para Osorio, el objetivo no es únicamente estabilizar los servicios afectados, sino fortalecer su resiliencia y contribuir a que el sistema quede en mejores condiciones para enfrentar futuras emergencias. 

“No importa cuántas reuniones se realicen en el marco de un clúster si estas no se traducen en estrategias concretas en las comunidades”, afirma. “En unos años, espero que se recuerden los lazos y las redes que construimos, así como las vidas que no se perdieron y las enfermedades que logramos evitar”.


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