Un proyecto del Ministerio de Salud y la OPS/OMS, con financiamiento de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea del Sur (KOICA), busca fortalecer los servicios de salud para brindar atención oportuna e inclusiva a personas migrantes y refugiadas.
— Octubre de 2026 —
Cinco años después de dejar Venezuela, Sorelys Chávez todavía recuerda la incertidumbre con la que llegó a Perú.
No conocía a nadie. Había dejado atrás su casa, parte de su familia y un sistema de salud donde cada vez era más difícil encontrar medicamentos para tratar la enfermedad autoinmune que le habían diagnosticado años antes.
"Decidí viajar porque no se conseguían medicamentos ni especialistas. Entonces eso es algo que también ha hecho que esté acá en Perú: la salud", cuenta Sorelys.
Pero en su condición migratoria, también le preocupaba si iba a poder acceder a atención médica cuando la necesitara. "Llegar a otro país donde no conoces a nadie, donde no sabes cómo te van a tratar, cuál va a ser tu suerte, cómo te vas a defender ante tantas cosas. Es todo un choque", recuerda.
Según las últimas estimaciones oficiales, en Perú viven más de 1,5 millones de personas migrantes y refugiadas venezolanas, lo que convierte al país en el segundo principal destino de esta población en las Américas, después de Colombia.
“Las personas migrantes y refugiadas enfrentan múltiples obstáculos para acceder a la atención de salud, desde dificultades económicas y administrativas hasta el temor a la discriminación o al rechazo. Cuando una persona posterga la atención por esas razones, una enfermedad crónica puede agravarse innecesariamente. Reducir esas barreras es fundamental para garantizar una atención oportuna y la continuidad de los tratamientos”, dice Ivy Lorena Talavera, asesora internacional de Sistemas de Salud en el Curso de la Vida de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) en Perú y gerente del proyecto.
