• El doctor Nelson Magallanes vivió dos realidades: buscar a su familia entre los escombros y mantener el hospital funcionando
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Mis cinco estrellitas

El doctor Nelson Magallanes, director del hospital Dr. José María España, en La Guaira, relata en primera persona lo que vivió tras los terremotos del pasado 24 de junio, cuando debió debatirse entre dos realidades: buscar a su familia mientras se aseguraba que el hospital seguía funcionando

— Agosto 2026 —

La tarde del 24 de junio estaba en la residencia del Hospital Dr. José María España, en La Sabana. A las 6:03, mami me había mandado un mensaje. Era uno cualquiera, de esos que uno recibe sin imaginar que será el último.

Segundos después, la tierra comenzó a moverse.

Fueron dos sismos, separados por unos segundos. Cuando pasaron, intenté comunicarme con Playa Verde, el barrio donde crecí, pero las llamadas no entraban. Pasaron las horas. Cuando finalmente tuve comunicación, ya era de noche y mis compañeros empezaron a mostrarme videos en sus teléfonos: calles que conocía desde niño, edificios donde había vivido y lugares que formaban parte de mi vida.

Llamé a mami. No contestó.

En los días siguientes bajé a La Guaira junto con familiares y equipos de rescate. Buscamos entre los escombros del barrio y entre las ruinas de los lugares que conocíamos de memoria. Allí encontramos a las cinco personas con las que yo vivía: mi abuela Alicia; mami; papá, una prima de mi mamá a quien siempre vi como una tía; y mi sobrino de cinco años. Hoy descansan juntos, al sur de Caracas, y yo les digo mis cinco estrellitas.

Las cinco personas con las que vivía el doctor Nelson Magallanes murieron tras los terremotos del 24 de junio: su abuela, sus padres, una prima de su madre y su sobrino

Toda una vida en La Guaira 

Llegué a La Guaira siendo un niño y crecí en Playa Verde. Allí, mi mamá, mi abuela y otros familiares fundaron el Simoncito Andrés Bello, la primera guardería de la comunidad. En un barrio donde muchas familias dependían de la pesca para vivir, aquel espacio era un apoyo para las madres y los padres que salían a trabajar cada día y necesitaban un lugar donde dejar a sus hijos. Por allí pasaron más de cien niños.

Mi mamá era madre integral comunitaria y mi abuela siempre estaba a su lado. Les daban desayuno, almuerzo y merienda, les enseñaban las primeras letras y los acompañaban durante sus primeros años. También les enseñaban a compartir. Todavía recuerdo cómo animaban a los niños a repartir una galleta, un jugo o cualquier merienda con quien no hubiera llevado nada. Para ellas, compartir era parte de aprender.

Después de salir del liceo, llegaba a la guardería, ayudaba con los niños y pasaba horas observando a esas mujeres que dedicaban buena parte de su tiempo al cuidado de los demás.

Mientras tanto, yo crecía mirando el mar. Pasaba horas observándolo y tenía un sueño que entonces me parecía extraño: me imaginaba dentro de una ambulancia, aunque todavía no entendía qué significaba.

Mi mamá quería que estudiara una carrera relacionada con el mar, pero mis afectos iban en otra dirección. Cuando decidí irme al estado Guárico para estudiar Medicina, respetó mi decisión. Más adelante, cuando supo que habían abierto un programa de Medicina Integral Comunitaria en La Guaira, me envió la información y me animó a volver.

Volví.

Hubo etapas difíciles y momentos en los que pensé abandonar la carrera. Siempre encontraba a mi mamá recordándome que siguiera adelante y que el esfuerzo de ese momento se convertiría algún día en mi porvenir.

Casi toda la vida de Nelson Magallanes ha transcurrido en La Guaira

Director de hospital

Después vinieron los consultorios populares, los centros de diagnóstico y los hospitales. A comienzos de 2026, con 32 años, recibí la responsabilidad de dirigir el Hospital Dr. José María España, en La Sabana.

No había pasado mucho tiempo desde que asumí ese cargo cuando ocurrió el terremoto.

Durante las semanas siguientes viví entre dos realidades. Por un lado, buscaba a mi familia. Por el otro, el hospital seguía funcionando. Había pacientes que atender, personal de salud que coordinar, medicamentos que recibir y comunidades enteras enfrentando la emergencia.

Cuando la OPS llevó medicamentos y oxígeno durante los primeros días de la respuesta, pudimos mantener la atención de la población.

Muchas personas me preguntan cómo pude seguir regresando al hospital mientras atravesaba una pérdida tan grande. La respuesta está en lo que aprendí de mami y de mi abuela. Ellas me decían que uno tiene que tener responsabilidad de lo propio ante cualquier adversidad, seguir hacia adelante y forjar el futuro.

Pocos días antes del terremoto, mi abuela me había recordado que debía estar en el hospital, atendiendo las responsabilidades que acababa de asumir como director. En aquel momento fue una conversación cotidiana. Después de lo ocurrido, esas palabras adquirieron otro significado.

Yo había perdido mi casa, mi familia y el barrio donde crecí. Pero el hospital seguía allí, y también las personas que necesitaban de él.

Todavía hoy, cuando camino por La Guaira, hay personas que me reconocen.

“Usted es el hijo de la profe”, me dicen.

Entonces pienso en mami y en mi abuela, en la guardería de Playa Verde y en los niños que pasaron por allí. Pienso en las mujeres que me enseñaron que cuidar a los demás también es una responsabilidad.

Cuando regresé al hospital después del terremoto, llevaba conmigo todo eso.

Vine a cumplir una misión. Todavía la estoy cumpliendo.