Igual sentía que tenía que ir a trabajar, que habría sido mala idea quedarse encerrada en el apartamento de su suegro, allí donde se había ido con su esposo luego de que perdieran el suyo. A los dos días estaba de vuelta en el ambulatorio, aunque anímicamente estaba muy alterada: “No podía ver a alguien conocido porque luego de intercambiar unas pocas palabras rompía a llorar y lo abrazaba”. Entonces, al poco tiempo de volver, algo pasó: se enteró de que la Organización Panamericana de la Salud enviaría un psiquiatra para prestar apoyo psicosocial al personal sanitario, y decidió que tendría una consulta con él.
Ella misma se sorprendió de lo mucho que le ayudó aquella consulta: “De alguna forma me devolvió la fe que tenía en la salud mental, en la importancia de escuchar, supe en primera persona que en ciertas ocasiones necesitas a alguien que te haga entender que todo eso que estás viviendo y sintiendo es normal, que debes asumir tus emociones y lidiar con ellas, respirar, poner las cosas en perspectiva”.
Descubrir una vocación
Licenciada en enfermería con maestría en Gerencia de Salud Pública, Migdalis se interesó por la salud mental luego de pasar años como enfermera en la consulta de un psiquiatra muy querido y recordado en La Guaira: Luis Piñango.
“Me llamó la atención ver que existían tantas condiciones de salud mental y que éstas podían ser tratadas muchas veces hablando con las personas que las padecían, que una conversación bien llevada también puede ser la mejor medicina”. Como enfermera de aquella consulta, entendió que la mente es un órgano y que como tal también puede enfermarse, igual que el corazón o los pulmones, solo que son heridas que no se ven: “Lástima que cuando yo estudié mi maestría, de la salud mental no se hablaba, ni siquiera tenía nombre, pues cuando alguien enfrentaba algún problema mental te decían que estabas loco o que eras débil. Hubiera sido bonito estudiar algo relacionado con eso”.
Tenía poco tiempo de haber sido nombrada coordinadora del programa de Salud Mental en La Guaira cuando conoció la guía mhGAP (Programa de Acción para cerrar las Brechas de Salud Mental) en unos talleres de tres días que impartió la OPS al personal sanitario del estado. Le pareció una idea estupenda dotar a quienes laboran en el primer nivel de atención de una herramienta que les permita atender las principales condiciones de salud mental: “Es que siempre falta personal especializado, faltan psicólogos y psiquiatras en los sistemas públicos de salud de toda la región, y muchas de estas condiciones pueden ser atendidas en ese primer nivel, sin necesidad de que sean referidas a un especialista”.
Por eso le alegró tanto que recientemente la OPS, a raíz de la emergencia por los terremotos, repitiera estos talleres mhGAP a todo el personal que trabaja con ella en el ambulatorio La Sanidad, que es donde funcionan también las coordinaciones de los distintos programas de salud del estado. Y también estuvo de acuerdo con la iniciativa de la organización de dictar estos talleres a quienes trabajan en la atención sanitaria y social en campamentos transitorios donde, como ella misma dice, se concentran tantos problemas de salud mental, al punto que el ministerio elaboró un plan SMAPS (Salud Mental y Apoyo Psicosocial) especialmente dirigido a estos campamentos, así como un Protocolo de Actuación dirigido a los especialistas en salud mental que trabajan en los mismos, documentos que contaron con el apoyo técnico de la OPS.
Todo apoyo, toda ayuda en esta materia es bienvenida, dice, y explica que en La Guaira (y seguramente no solo allí) las condiciones de salud mental que necesitan atención se han disparado en una proporción nunca antes vista, ni siquiera en esa gran tragedia que fue el deslave de Vargas en 1999: “En este estado he pasado mis 54 años de vida, y esto supera cualquier desastre anterior, esto no acabará ni cuando hayan removido el último escombro”.