El Caribe es la única región fuera del África subsahariana donde las mujeres y las niñas superan en número a los hombres y los niños que viven con VIH. Esta realidad sitúa a las mujeres en edad reproductiva en el centro de la epidemia y, con ellas, el riesgo de transmisión del virus de madre a hijo.
A mediados de la década de 1990, bajo el liderazgo del doctor Perry Gomez, quien dirigió durante muchos años el Programa Nacional de VIH/SIDA del país, Las Bahamas comenzaron a implementar intervenciones para la prevención de la transmisión maternoinfantil. El país integró las pruebas y el tamizaje de VIH en la atención prenatal rutinaria y garantizó el acceso gratuito a la terapia antirretroviral para mujeres embarazadas. A principios de los años 2000, la prevalencia del VIH en Las Bahamas se situaba justo por debajo del 2%, una de las más altas de la región.
Estas intervenciones iniciales permitieron reducir las tasas de transmisión maternoinfantil a menos del 5% a principios de esa década, frente a niveles globales que alcanzaban hasta el 30% en ausencia de tratamiento.
“Las Bahamas fue uno de los primeros países angloparlantes del Caribe en contar con un programa para la prevención de la transmisión maternoinfantil del VIH y luego compartió su experiencia con otros países de la región”, explica la doctora Nikkiah Forbes, quien preside el Comité Nacional de Validación para la Eliminación de la Transmisión Maternoinfantil (EMTCT) del VIH.
A partir del lanzamiento en 2010 de la iniciativa de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para la eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH y la sífilis, los países intensificaron sus esfuerzos para integrar los servicios de VIH y salud materna, al tiempo que fortalecían la vigilancia. Durante la década siguiente, Las Bahamas pasaron de ampliar el acceso a demostrar, de manera integral y a nivel del sistema, la eliminación.
“Nuestro camino hacia la eliminación de la transmisión maternoinfantil comenzó en 2017 y requirió un equipo multisectorial”, explica Forbes. “No fue solo el sector salud: fue un esfuerzo nacional, con el gobierno, la sociedad civil, las instituciones legales, los grupos religiosos y las organizaciones comunitarias trabajando juntos para asegurar nuestro objetivo”.
Este proceso culminó este año, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) validó recientemente a Las Bahamas por la eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH.
Para cumplir con los criterios de eliminación, los países deben demostrar que muy pocos bebés nacen con el virus y que casi todas las mujeres embarazadas reciben la atención adecuada. Esto se traduce en menos del 2% de transmisión de madre a hijo, menos de 5 niños infectados por cada 1.000 nacidos vivos y al menos 95% de cobertura en atención prenatal, pruebas de VIH y tratamiento oportuno.