La OPS trabaja con Belice y sus socios para ampliar el acceso al agua potable en las escuelas y crear entornos más saludables donde los niños puedan aprender y desarrollarse.
— Octubre de 2026 —
Shakeyra Berry, directora de la Escuela Pública St. Matthew’s, ubicada en el distrito de Cayo, en el centro de Belice, recuerda las dificultades diarias para mantener hidratados a sus estudiantes. La escuela, reconstruida tras un devastador incendio en 2023, todavía carecía de acceso constante al agua potable para sus más de 400 alumnos.
“Teníamos que rellenar constantemente los botellones de cinco galones”, contó Berry. “A veces no era suficiente y nos quedábamos sin agua”.
La escuela gastaba habitualmente más de 30 dólares estadounidenses en cada recarga de agua, lo que suponía una carga para su limitado presupuesto. Cuando las entregas fallaban o las familias no podían contribuir, el personal de la escuela tenía que intervenir para cubrir las necesidades.
Berry recuerda haber tenido que repartir una sola bolsa de agua de 12 onzas (unos 350 mililitros) entre dos estudiantes. “Era muy difícil”, señaló.
Durante los meses más calurosos, la falta de agua afectaba el bienestar de los estudiantes y dificultaba su concentración en clase. Isabela, de 10 años, recuerda un día en que su botella de agua estaba vacía y no tenía dinero para comprar más. Se sentía débil y le costaba concentrarse en clase.
Con el tiempo, la escasez de agua se volvió algo habitual. Cuando se agotaban las reservas, los estudiantes hacían lo que podían para sobrellevar la situación. Quienes tenían dinero recurrían a los refrescos.
“Teníamos estudiantes que se quejaban de dolores de cabeza e incluso vómitos”, relató Berry. “Algunos estaban demasiado cansados para realizar sus actividades. Esas son señales claras de deshidratación”.
