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Construir confianza en la vacuna contra el VPH en Colombia

Experiencias en Putumayo y Arauca muestran cómo la comunicación adaptada a cada contexto promueve decisiones libres e informadas sobre la vacunación.

— Septiembre de 2026 —

A más de mil kilómetros de distancia, en contextos culturales muy distintos, dos comunidades en Colombia comparten un mismo desafío: cómo tomar decisiones informadas frente a las dudas, la desinformación y la reticencia a la vacunación, especialmente frente a la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH).

El primer grupo pertenece al Pueblo Indígena Inga, que habita en el Putumayo, al suroccidente del país, cerca de la frontera con Ecuador, entre bosques de lluvia. Un grupo de mujeres, de distintas edades, se sienta alrededor de Mercedes Cuatindioy, quien les habla en la lengua inga sobre la vacuna contra el VPH como una herramienta para prevenir el cáncer cervicouterino.

Mercedes es una Mayora en la zona, una figura respetada como portadora de la sabiduría ancestral de su comunidad. Su voz ayuda a abrir conversaciones sobre la salud de las mujeres y la prevención del cáncer cervicouterino desde los conocimientos y valores propios del Pueblo Inga.

Al otro lado de Colombia, en Arauca, en la frontera con Venezuela, un grupo de adolescentes también conversa sobre la vacuna contra el VPH desde un salón de clases. Comparten dudas, desmontan rumores que circulan en redes sociales y reconstruyen, entre pares, lo que saben —y lo que aún no comprenden— sobre la vacunación y el cuidado de su salud.

A más de mil kilómetros de distancia, comunidades indígenas en Putumayo y adolescentes en Arauca participan en espacios de diálogo y comunicación para fortalecer la confianza en la vacunación contra el VPH y promover decisiones informadas sobre su salud.

En ambos territorios, el desafío se basa en la persistencia de dudas, desinformación y mitos. En Colombia, la vacuna contra el VPH fue introducida en el esquema nacional de inmunización en 2012. En sus primeros años, la cobertura de la primera dosis superó el 80%, pero cayó drásticamente a partir de 2014, evidenciando el impacto de la desinformación en la confianza pública. 

Como ocurre en varios países de la Región, alcanzar coberturas elevadas de vacunación sigue siendo un desafío. En Colombia, la cobertura ronda actualmente el 50% a nivel nacional, por debajo del promedio regional y de la meta mundial de alcanzar al menos un 90% de cobertura antes de los 15 años.

La incidencia de cáncer cervicouterino en Colombia —cuya principal causa es el VPH— es de 13,7 casos por cada 100.000 mujeres, por encima del promedio regional de 11,5 en las Américas.

La Estrategia Global para la Eliminación del Cáncer Cervicouterino, lanzada en 2020, establece tres metas clave: vacunación contra el VPH, detección temprana y tratamiento oportuno. Como parte de este enfoque, la vacunación busca prevenir la infección por los tipos de VPH que causan la mayoría de los casos de cáncer cervicouterino y está dirigida principalmente a niñas y adolescentes entre los 9 y 14 años.

dialogos
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Mercedes Cuatindioy, Mayora del pueblo Inga, conversa con mujeres de su comunidad sobre la vacuna contra el VPH en el Alto Putumayo. Como portadora de la sabiduría ancestral, participa en espacios de diálogo que buscan fortalecer decisiones informadas sobre la salud y la prevención del cáncer cervicouterino.

Sabiduría ancestral y diálogos interculturales en el Alto Putumayo

Para comprender mejor cómo el Pueblo Inga percibe la vacunación contra el VPH y diseñar una estrategia de comunicación pertinente, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Fundación Kindillagta, con financiamiento del Gobierno de Canadá, implementaron en 2025 un proyecto que exploró los saberes, prácticas y percepciones culturales sobre la salud sexual y reproductiva y la prevención del cáncer cervicouterino, con la participación de los cuatro cabildos del valle de Sibundoy.

“Con la investigación estábamos buscando conocer cómo el Pueblo Inga cuida la salud de las mujeres”, explica la doctora Alexandra Bastidas Jacanamijoy, pediatra del Pueblo Inga y miembro de la Fundación Kindillagta.

Los resultados mostraron que la percepción sobre las vacunas es positiva, pero también evidenciaron una brecha: el acceso a información clara, oportuna y culturalmente adecuada sigue siendo limitado. Las Mayoras reconocen la vacuna como una herramienta de protección, aunque subrayan la necesidad de comprender mejor su propósito y beneficios.

“El desafío más grande es hacer la difusión de la información para que conozcan más sobre las vacunas. Con ese conocimiento, la comunidad puede tomar sus propias decisiones”, señala Gloria Guerrero, coordinadora de vacunación del Alto Putumayo.

A partir de estos hallazgos, se impulsaron diálogos interculturales con el acompañamiento de la OPS. Estos espacios promueven un encuentro horizontal entre la medicina tradicional, la sabiduría ancestral y el conocimiento biomédico.

“Este espacio sirvió para abrir una conversación sin que un saber se sobrepusiera al otro”, explica Lizbeth Bastidas Jacanamijoy, antropóloga indígena Inga.

El proceso permitió construir una comprensión compartida sobre la salud y fortalecer la articulación entre sistemas de conocimiento, facilitando acciones culturalmente adecuadas y alineadas con las necesidades de la comunidad.

“Los diálogos interculturales se basan en el reconocimiento de los diferentes saberes. El pilar central es la horizontalidad, de manera que podamos aprender mutuamente”, comenta Sandra del Pino, asesora regional de diversidad cultural de la OPS.

Estudiantes en Arauca desarrollan mensajes y piezas audiovisuales sobre la vacunación contra el VPH, convirtiéndose en comunicadores y agentes de cambio dentro de sus escuelas y comunidades.

Adolescentes lideran la conversación en Arauca

En Arauca, el desafío asumía otra forma. En cinco instituciones educativas urbanas y rurales, adolescentes manifestaban convivir con desinformación, temores y mensajes contradictorios sobre la vacuna contra el VPH. Muchos de esos mensajes estaban relacionados con rumores difundidos en redes sociales o creencias erróneas sobre la vacuna y la salud sexual de adolescentes.

Con el acompañamiento técnico de la OPS y en alianza con la Universidad del Norte (Uninorte), se apostó por una estrategia clara: que las y los adolescentes estuvieran en el centro de la conversación. Así nació La Liga contra el VPH: ¡Inmunes a la desinformación!, una iniciativa cocreada por jóvenes que asumieron un rol activo como comunicadores y agentes de cambio.

A través de talleres, los propios estudiantes desarrollaron mensajes, piezas audiovisuales y materiales adaptados a su contexto, lenguaje e intereses. En total, participaron 360 estudiantes y 94 adultos, incluidos docentes, madres y padres.

Estos contenidos no se quedaron en el aula. Los jóvenes los difundieron en la propia Universidad del Norte, en redes sociales y en espacios juveniles, ampliando el alcance de los mensajes y promoviendo conversaciones entre pares sobre la vacunación contra el VPH.

“Buscábamos una comunicación creada desde la comunidad”, explica Gabriela Monsalvo, comunicadora social y parte del equipo de Uninorte. “Es un proceso de construcción colectiva de mensajes que fortalece la apropiación de la información y empodera a quienes participan”.

dialogar
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La OPS apoyó diálogos interculturales sobre la vacuna contra el VPH en el Alto Putumayo, donde la sabiduría ancestral y el conocimiento biomédico se encuentran para fortalecer la prevención del cáncer cervicouterino.

Dialogar para transformar

Las experiencias en Putumayo y Arauca muestran que fortalecer la confianza en la vacunación requiere adaptar la información a los contextos culturales y generar espacios donde las comunidades puedan participar activamente en la conversación. 

Aunque las experiencias ocurrieron en territorios distintos y con poblaciones diferentes, ambas partieron de una misma idea: la confianza se construye con información y con escucha.

En Putumayo, el diálogo reunió saberes ancestrales y conocimientos biomédicos. En Arauca, puso a los adolescentes en el centro de la conversación. En ambos casos, el objetivo fue el mismo: crear espacios donde las personas pudieran resolver dudas, compartir experiencias y tomar decisiones informadas sobre su salud.

“La participación social mediante diálogos es fundamental para construir confianza en la vacunación y codiseñar soluciones”, indica el doctor Fernando González, asesor internacional de inmunizaciones de OPS/OMS para Colombia.

En un país multicultural como Colombia, no existe una solución única. Cada comunidad necesita su propio espacio para dialogar. Escuchar, intercambiar saberes y adaptar los mensajes a cada contexto permite que las personas tomen decisiones informadas sobre su salud.