Experiencias en Putumayo y Arauca muestran cómo la comunicación adaptada a cada contexto promueve decisiones libres e informadas sobre la vacunación.
— Septiembre de 2026 —
A más de mil kilómetros de distancia, en contextos culturales muy distintos, dos comunidades en Colombia comparten un mismo desafío: cómo tomar decisiones informadas frente a las dudas, la desinformación y la reticencia a la vacunación, especialmente frente a la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH).
El primer grupo pertenece al Pueblo Indígena Inga, que habita en el Putumayo, al suroccidente del país, cerca de la frontera con Ecuador, entre bosques de lluvia. Un grupo de mujeres, de distintas edades, se sienta alrededor de Mercedes Cuatindioy, quien les habla en la lengua inga sobre la vacuna contra el VPH como una herramienta para prevenir el cáncer cervicouterino.
Mercedes es una Mayora en la zona, una figura respetada como portadora de la sabiduría ancestral de su comunidad. Su voz ayuda a abrir conversaciones sobre la salud de las mujeres y la prevención del cáncer cervicouterino desde los conocimientos y valores propios del Pueblo Inga.
Al otro lado de Colombia, en Arauca, en la frontera con Venezuela, un grupo de adolescentes también conversa sobre la vacuna contra el VPH desde un salón de clases. Comparten dudas, desmontan rumores que circulan en redes sociales y reconstruyen, entre pares, lo que saben —y lo que aún no comprenden— sobre la vacunación y el cuidado de su salud.
