• Yarima Guilarte fue diagnosticada con Trastorno Límite de la Personalidad y ha aprendido a convivir con esa condición
    Alejandra Pocaterra (OPS/OMS)
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Un diagnóstico que abrió un camino

En consonancia con el lema de la OMS para el Día Mundial de la Salud Mental 2026, "Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real", en esta ocasión contamos la historia de Yarima Josefina Guilarte, quien desde hace 10 años fue diagnosticada con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Su caso nos enseña que es posible vivir con un trastorno psiquiátrico, pero hace falta mucha voluntad, reconocimiento y acompañamiento de familiares y profesionales.

— Octubre de 2026 —

AYarima Josefina Guilarte el consejo de una psiquiatra le cambió y tal vez le salvó la vida: “Me dijo que buscara una ocupación, un hobby, para darle movimiento a mi cerebro. Comencé con un lazito, una cinta, materiales reciclados, fui creciendo, hice remodelaciones en mi casa, cuadros, instalaciones, me di cuenta de lo mucho que me gustaba crear cosas, transformar lo viejo en algo nuevo”. La recomendación médica terminó convirtiéndose en pasión.

Tenía 43 años (hoy tiene 53) cuando fue diagnosticada con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), aunque dice que desde muy pequeña sufría de inestabilidad emocional, producto de una infancia muy dura cuyos detalles prefiere no recordar. 

Luego de un ataque de pánico que tuvo a los 38 años y que los médicos confundieron con un infarto, fue tratada durante tres años como si tuviera un problema en el corazón. Hasta que un día un cardiólogo le dijo que creía que lo suyo era otro tipo de condición y la remitió a un colega psiquiatra. Pasarían otros dos años hasta que un equipo multidisciplinario del Hospital Psiquiátrico de Caracas llegara al diagnóstico definitivo. Corría el año de 2016.

“Es que el TLP es muy difícil de diagnosticar”, explica, y hace una enumeración de todos los síntomas que presentaba: ataques de pánico, ataques de ansiedad, disociación, depresión mayor... “Es un trastorno fuerte porque abarca un poquito de cada cosa, de mí llegaron a decir que era bipolar, que era esquizofrénica, que era depresiva… Es difícil de diagnosticar esto que padezco y también es difícil llevar adelante una vida normal”.

Yarima junto a su esposo y la consultora nacional de salud mental de OPS Venezuela, Joyaira Lugo

La vida como un subibaja

Antes que nada, ella quiere dejar claro eso: no es nada fácil vivir con una condición como la que padece: “A veces me levanto y digo que sí puedo, pero en la tarde de ese mismo día siento que no aguanto más. Hay días en que me despierto y no reconozco ni a mi esposo, y hay otros en los que mi trabajo como artesana me llena plenamente y hasta los colores de las cosas que me rodean me parecen más intensos. Así son todos los días, un sube y baja, un baja y sube, una montaña rusa emocional”.

Pero es posible salir adelante, y eso también quiere enfatizarlo. Se considera una persona afortunada porque en ella han confluido varios factores que le han ayudado y que ella considera indispensables: apoyo familiar y seguimiento por parte de profesionales. Su esposo ha sido el pilar de su vida desde hace 25 años, y por la parte profesional no tiene más que palabras de agradecimiento para el personal del Hospital Psiquiátrico de Caracas y para la Fundación Niño Simón, de la gobernación de La Guaira, que tanto le ha ayudado en la provisión de los medicamentos que necesita. 

Reconoce también la labor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que ha contribuido con la dotación de psicofármacos al ambulatorio La Sanidad, sede de la Dirección Regional de Salud de La Guaira y desde donde son distribuidos a los diferentes establecimientos de salud del estado. Asimismo, elogia la importancia que esta organización le ha dado al tema de la salud mental tras los terremotos del 24 de junio, fortaleciendo las capacidades del primer nivel de atención en los estados más afectados en el área de salud mental, con acciones como la capacitación al personal en la guía mhGAP (Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental).

Sin embargo, Yarima deja claro que el primer paso debe partir de cada quien, aceptando que se padece una condición mental: “Tenemos que entender que nuestra mente puede sufrir una enfermedad igual que nuestro corazón o cualquier otro órgano. Ese primer paso es el comienzo de todo, y nosotros mismos tenemos que darlo”. 

Siente que antes era mucho más difícil por los tiempos que se vivían. Cuando ella misma era adolescente y padecía problemas emocionales que la llevaron a intentar quitarse la vida en dos ocasiones, no se hablaba de problemas de salud mental como algo que podía tratarse, que requería atención especializada: “Hoy, a la distancia, me doy cuenta de que el día en que le pusieron finalmente nombre a lo que yo tenía fue un gran día, un hito, me permitía comenzar un camino. Ahora tengo esto y debo hacer esto otro”.

La artista de la familia

Yarima fue capaz de convertir el viacrucis que ha vivido en una aventura llena de descubrimientos, y así el TLP le llevó a encontrar su vena artística: “Algunos dicen que soy artista, la artista de la familia. A mí me gusta pensar que soy más bien una artesana, alguien a quien le gusta crear cosas”.

Frente a los momentos difíciles, la artesanía se ha convertido en una de sus principales armas. En el taller que su esposo le ayudó a instalar en casa encuentra un espacio para canalizar pensamientos y emociones. Crear, diseñar y transformar materiales le permite enfocar su energía y mantener su mente ocupada de manera positiva.

Por eso quiere que su caso se lea así, de forma positiva: “A todas esas personas que sufren en silencio por situaciones traumáticas, yo les diría que no se queden solos, que busquen apoyo psicológico oportuno, que conversen con sus familiares y amigos más cercanos. No podemos hacerlo todo por nuestra cuenta, solos no vamos a poder”.

A Yarima Guilarte un diagnóstico psiquiátrico le hizo descubrir su vocación