La experiencia de una mujer muestra cómo el acceso oportuno a las pruebas de detección del VIH, al tratamiento y a una atención compasiva puede cambiar la vida de las madres y sus hijos.
— Octubre de 2026 —
Cuando Sarah* se enteró de que tenía VIH, era joven y estaba embarazada. El diagnóstico le provocó un miedo abrumador. Le preocupaba su futuro, la salud de su bebé por nacer y cómo reaccionarían su familia y su comunidad.
“Cuando recibí el diagnóstico, la verdad es que fue un golpe muy duro”, recuerda.
Tras recibir el diagnóstico en una clínica local, Sarah llamó inmediatamente a su madre, quien la tranquilizó por teléfono. Sin embargo, conocía los rumores y las especulaciones que circulaban sobre el VIH en su comunidad y comenzó a preocuparse cada vez más por cómo la verían los demás.
Su experiencia empezó a cambiar cuando acudió a la Unidad de Referencia Ladymeade (LRU), un establecimiento que brinda atención especializada para el VIH en Barbados.
“El equipo de atención respondió a mis necesidades. Me explicaron todo y me acompañaron durante todo el proceso, incluso explicándome qué podía esperar”.
El personal de salud le explicó qué ocurriría durante el embarazo, qué medicamentos recibiría, cómo sería su atención en el hospital y cuáles eran los pasos para proteger a su bebé del VIH.
“Sinceramente, no habría podido hacerlo sin el equipo”, afirma. “No creo que hubiera tenido la confianza para seguir adelante”.
Con tratamiento y atención de seguimiento, Sarah dio a luz a un bebé libre del VIH. Su historia refleja los esfuerzos de Barbados para garantizar que las mujeres embarazadas que viven con el VIH puedan tener hijos sin transmitirles el virus.
