El 2 de marzo, Oliver Saheb cumplió un año. Ese mismo día, su mamá lo llevó a vacunar.
La brigada estaba ahí, en su propia comunidad, y Oliver recibió su vacuna del año mientras corría de un lado al otro, hiperactivo y curioso, sin entender del todo por qué tanta gente celebraba que él estuviera sano. Su mamá sí lo entendía. "Por eso son fundamentales las vacunas", dijo. "Por eso uno trata de moverse para podérselas poner." Ese día no tuvo que moverse a ningún lado.
Eso es lo que el Proyecto CERF "Salvando Vidas: Acciones Estratégicas de Salud" hizo en Honduras: llevó la salud hasta donde vivía la gente. La Tormenta Sara había azotado el norte del país en noviembre de 2024 y sobre comunidades ya marcadas por la violencia, el desplazamiento y años de vulnerabilidad acumulada, depositó una capa más de urgencia. La respuesta que se construyó no fue improvisada. Semanas antes de que llegara la primera estación de salud, la Secretaría de Salud, la OPS/OMS y el Fondo Central de Respuesta a Emergencias de Naciones Unidas ya estaban reunidos alrededor de una mesa.
El Dr. Hermes Cruz, de la Región de Salud de Colón, recuerda ese proceso desde adentro: "Primero en reunión para ver qué fechas iban a ser las brigadas, quiénes iban a participar, qué sectores íbamos a cubrir. Nos apoyaron con logística, transporte y comida. Fue una brigada bien planificada."
Sin esa reunión previa, las estaciones llegan tarde, los equipos no saben adónde ir y la gente espera en vano. Con ella, la brigada funciona desde el primer día. La Secretaría de Salud puso los equipos y el conocimiento del territorio. La OPS/OMS aportó el respaldo técnico y la coordinación regional. El CERF desbloqueó los recursos que en medio de una emergencia nadie podía generar solo. Cada quien puso lo que tenía. Y funcionó.
En Tocoa, Colón, una de las zonas más golpeadas por las inundaciones, 458 personas llegaron con lo que cargaban desde semanas antes: tensión arterial sin controlar, niños sin vacunar, muelas que dolían en silencio. Pero en la estación de salud mental pasó algo que los formularios no capturan fácilmente. Cuarenta personas se sentaron frente a un profesional, no para mostrar una herida visible, sino para hablar de lo que la tormenta había dejado en lugares donde ninguna radiografía llega. El miedo a que vuelva a ocurrir. El duelo por lo que costó años construir y se fue en horas. El peso invisible del desplazamiento. Cuarenta personas que ese día no cargaron solas.
En la Cooperativa La Chile, también en Tocoa, Rocío habló frente a la cámara con la franqueza de quien no tiene tiempo para rodeos. Era la segunda vez que la brigada llegaba a su comunidad. Para Rocío, que la brigada regresara ya decía algo por sí solo. "Me siento bien, alegre porque hemos tenido esta oportunidad de tener esta gran ayuda", dijo. "Ya es la segunda brigada que ha venido aquí."
Antes de que la cámara se apagara, Rocío miró directo al lente con algo que era parte petición y parte esperanza: "Yo necesito también que no sea la primera ni la última vez. Que siempre den un granito de arena para estas cooperativas." No lo dijo solo por ella. Lo dijo por los niños, por las embarazadas, por los adultos mayores que ese día también estaban ahí esperando.
En La Ceiba, la brigada aprendió a moverse según el ritmo de las comunidades. En Yaruca, las jornadas se organizaron en fin de semana. Organizar las jornadas en fin de semana no fue casualidad. Fue la manera de decir: nosotros nos movemos según tu horario, no al contrario. La Policía Nacional y la Unidad de Desarrollo Integral de la Mujer y la Familia llegaron también, porque en territorios afectados por emergencias la salud no se puede separar de la seguridad ni del bienestar integral.
En Sambo Creek, con su identidad afrodescendiente y su historia caribeña propia, las brigadas atendieron a niños con necesidades especiales, a mujeres con servicios de ginecología, a adultos mayores que ese día recibieron atención en su propia comunidad. Entre las dos comunidades de La Ceiba, casi 700 atenciones.
En Villanueva, Cortés, otras 245 personas recibieron atención ese día. Odontología, salud reproductiva, vacunación. Sin más trámite que llegar.
Y si hay una historia que contiene a todas las demás, es la de Alfonso Lacayo.
Yamileth López llegó a ese día después de semanas de trabajo invisible: reuniones con el patronato, coordinaciones con líderes comunitarios, llamadas a las mujeres garífunas que serían el puente entre los médicos y las familias. Es presidenta del Comité de Salud del Sector Rivera Hernández y miembro de la Asociación Red de Mujeres Garífuna Mixta de San Pedro Sula. Conoce su comunidad desde antes de que apareciera en cualquier mapa de emergencias.
Alfonso Lacayo es una comunidad garífuna. Pueblo originario con identidad propia, con cultura, con historia de siglos en el Caribe hondureño. La brigada llegó en abril, el mes del orgullo garífuna, acompañada por la Red de Mujeres Garífuna, el Comité de Salud, el Patronato comunitario y la Policía Nacional. No llegó sola. Llegó con la comunidad adentro.
Marleny Bermúdez tenía pan que vender esa mañana. Cuando vio las estaciones de salud organizadas dentro del centro comunal de la colonia, dejó el pan para después.
"Ya que se llegó hasta aquí, nos favorece más", dijo. "No tenemos que ir a otro lugar. Aquí está todo lo que necesitamos."
La brigada atendió a 951 personas ese día, contando las visitas domiciliarias de los Técnicos en Salud Ambiental que fueron casa por casa. 165 consultas médicas. 86 atenciones odontológicas. Medición de presión arterial y azúcar en sangre con consejería de estilos de vida saludable. 19 mujeres embarazadas con consejería y prueba de VIH. Y 576 reservorios de agua tratados para prevenir el dengue en una comunidad que, como sabe Marleny de memoria, se inunda entera cuando llueve.
Yamileth lo resumió sin adornos: "Sabiendo que la salud es muy importante para las personas, los servicios que han venido a dar son muy impactantes."
Las estaciones se recogieron. Los equipos regresaron. Pero en cada uno de los cinco territorios algo se quedó.
Se quedó Oliver Saheb, con un año recién cumplido y su vacuna aplicada el día de su cumpleaños. Se quedó la mujer embarazada de Alfonso Lacayo que ahora conoce su estatus serológico y puede proteger a su bebé. Se quedó el adulto de Villanueva que descubrió que tiene hipertensión y salió con tratamiento en la mano. Se quedó la persona de Tocoa que habló por primera vez sobre el miedo que la tormenta le dejó adentro.
Y se quedó la petición de Rocío, que no era solo suya. Era de todas las comunidades que ese año recibieron una brigada y aprendieron que era posible que la salud llegara hasta ellas. Que no sea la primera ni la última vez.
Eso es lo que el Proyecto CERF "Salvando Vidas" demostró en Honduras: que cuando la Secretaría de Salud, la OPS/OMS y Naciones Unidas se mueven juntos, la respuesta llega. Llegó a 2,300 personas en cinco territorios. Llegó el día del cumpleaños de Oliver. Llegó en el mes del orgullo garífuna. Llegó un fin de semana en Yaruca porque ese era el único momento en que la gente podía estar. Siempre llegó a tiempo.
Historia elaborada a partir de testimonios recogidos en campo, el Informe de Brigada Médica del Sector Rivera Hernández, el Resumen de Atenciones del Proyecto CERF y publicaciones del sitio web de OPS/OMS Honduras. Con el apoyo técnico de OPS/OMS y en coordinación con la Secretaría de Salud de Honduras.
