Con el apoyo de la OPS, Perú implementa un modelo de salud intercultural para los Pueblos Indígenas basado en los diálogos de saberes y brigadas de salud interculturales.
— Marzo de 2026 —
Elías Sánchez y Carlos Antonio Miranda viven en la Amazonía peruana, y representan dos formas de conocimiento que hoy trabajan juntas para mejorar la salud de las comunidades. Elías es enlace intercultural de la etnia Kakataibo, nacido y criado en una comunidad de Ucayali. Miranda es médico y jefe de un centro de salud en Atalaya.
Cada mes recorren juntos ríos y caminos para llevar atención médica a comunidades de difícil acceso. En este trabajo comunitario también pueden participar una obstetra, un enfermero y, según las necesidades, especialistas en nutrición, psicología, odontología, farmacia, entre otros.
“Cuando merma el agua, no podemos llegar. A veces hay que caminar y cruzar ríos cargando medicamentos y vacunas”, explica el doctor Miranda.
Cuando finalmente arriban a una comunidad, es Elías quien habla primero. “Soy hijo del pueblo, hijo de la comunidad, y en mí ven confianza”, señala. “Puedo explicar en mi propio idioma lo que las personas quieren expresar y transmitirlo a los profesionales”.
Uno aporta la formación clínica; el otro, la lengua, la confianza y el vínculo con los líderes de la comunidad. La atención integral se complementa entre el equipo del centro de salud y los actores comunitarios. Juntos ayudan a tender puentes entre el sistema de salud y los saberes de las comunidades indígenas. En territorios donde la distancia geográfica y la desconfianza han sido barreras persistentes, el trabajo de cada integrante se complementa para garantizar que la atención llegue de manera efectiva, respetuosa y centrada en la salud de las personas.
Brigadas como esta forman parte de una estrategia nacional de salud intercultural de Perú, que busca fortalecer el acceso a servicios de salud con pertinencia cultural para los Pueblos Indígenas del país.
Desde 2019, la estrategia está transformando la relación entre el sistema de salud y los más de 55 Pueblos Indígenas en Perú. Esto ha contribuido a aumentar la utilización de los servicios de salud, mejorar la adherencia a tratamientos, incrementar la cobertura de vacunación, y para la prevención de enfermedades crónicas.
Con el acompañamiento técnico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el apoyo del gobierno de Canadá, el modelo combina diálogos de saberes, establecimientos de salud culturalmente adaptados y brigadas interculturales para mejorar el acceso, la calidad de la atención y los resultados en salud.
Perú tiene ya más de 500 establecimientos de salud con pertinencia cultural, una red que ha incrementado significativamente las atenciones realizadas a poblaciones indígenas: en dos años se ha pasado de menos de 500.000 personas atendidas en 2022 a más de un millón en 2024.
A través de las brigadas interculturales y los establecimientos adaptados culturalmente, se realizan acciones de vacunación, control prenatal, prevención de anemia y tamizajes para diversas enfermedades. Más allá de la atención de las principales causas de enfermedad —como enfermedades respiratorias o gastrointestinales— esta red facilita intervenciones clave en territorios de difícil acceso, incluyendo la prevención y control de VIH, dengue, malaria y tos ferina.
Desde la década de los noventa, la OPS apoya procesos de salud intercultural en la región que incluyen el desarrollo de marcos normativos y la capacitación del personal de salud.
Uno de los ejemplos más emblemáticos es el hospital de Atalaya, en la región amazónica de Ucayali, que atiende a más de 60.000 personas pertenecientes a cinco Pueblos Indígenas. Desde su inauguración como hospital intercultural en junio de 2023, no se ha registrado ninguna muerte materna.
Además, el número de partos atendidos mensualmente se ha incrementado, pasando de alrededor de 30 a cerca de 70, tras la incorporación de servicios culturalmente adaptados y la integración de prácticas de medicina tradicional.
“Antes, para muchas personas de la población indígena, llegar a un centro de salud les generaba desconfianza y rechazo, porque no sentían que en ese lugar iban a ser escuchados o iban a ser atendidos según sus costumbres, según su cosmovisión”, cuenta Edén Galán Rodas, director ejecutivo de la Dirección de Pueblos Indígenas u Originarios del Ministerio de Salud de Perú desde 2023 hasta 2025.
“Ahora, esos centros tienen la señalética en su lengua, biohuertos y plantas medicinales. Ahora promueven el parto vertical, el sabio (líder o especialista en medicina tradicional) acompaña a las personas, y se fomenta la participación de las comunidades”, explica Galán Rodas.
En 2025, por primera vez, se introdujo el tamizaje del virus del papiloma humano (VPH) en comunidades Indígenas mediante pruebas de auto-toma entregadas por las brigadas de salud. Estos avances reflejan un cambio estructural: mayor confianza en el sistema de salud y una participación comunitaria más activa en el cuidado de la salud.
Detrás de estos cambios hay dos pilares fundamentales: los enlaces culturales, como Elías Sánchez, y los diálogos de saberes, ambos promovidos por la OPS.
Los diálogos de saberes son una herramienta que promueve el entendimiento y la planificación conjunta entre el sistema de salud y las comunidades indígenas. Se desarrollan en dos niveles: primero, como un espacio de aprendizaje mutuo donde se reconocen y comprenden los saberes tradicionales y biomédicos; y segundo, como un proceso de planificación participativa que permite adaptar los servicios de salud con un rol activo de la comunidad desde el inicio.
Los diálogos interculturales son uno de los requisitos que debe cumplir un establecimiento de salud de Perú para ser certificado con pertinencia cultural y, junto con el parto culturalmente seguro, constituyen dos ejemplos de acciones vinculadas con la asistencia técnica de la OPS.
“Los diálogos nos permiten abordar los problemas de salud de manera horizontal, recogiendo la cosmovisión de las personas y construyendo soluciones en conjunto”, explica Galán Rodas, que durante la intervención trabajaba en la Dirección de Pueblos Indígenas u Originarios.
Como Elías existen 45 enlaces culturales en Perú, que articulan los servicios con las brigadas de salud intercultural. Dado que hablan la lengua local, comprenden las costumbres y trabajan con los líderes comunitarios, los enlaces se mueven entre los saberes de sus comunidades y el sistema de salud para organizar las visitas de las brigadas.
“Soy hijo del pueblo y en mí ven más confianza. Puedo explicar en mi propio idioma lo que ellos quieren expresar y transmitirlo a los profesionales de salud. Eso es lo que hacemos. Por eso confían en mí”, dice Elías.
Más que traducir palabras, los enlaces culturales ayudan a construir confianza. Conversan con las familias, explican la importancia de completar tratamientos y de llevar a los niños a los controles, abordando temas que van desde la salud bucal hasta la inmunización.
Desde la década de los noventa, la OPS apoya procesos de salud intercultural en la región que incluyen el desarrollo de marcos normativos, la capacitación del personal de salud y la incorporación de herramientas que mejoren el acceso y la calidad de la atención para los Pueblos Indígenas.
El modelo de los diálogos interculturales fue desarrollado a partir de un proceso amplio de consulta con líderes y lideresas, parteras tradicionales y sabios de las comunidades.
En un contexto regional donde las poblaciones Indígenas siguen enfrentando brechas significativas en acceso y resultados de salud, la experiencia de Perú ofrece aprendizajes valiosos para otros países de las Américas.
“La salud intercultural es trabajar en una esfera donde confluyen dos saberes diferentes pero que pueden complementarse”, afirma la asesora de diversidad cultural de la OPS, Sandra del Pino. “No se trata de integrar, sino de articular. De esa manera podemos llegar a consensos para abordar la salud de una forma que esté centrada en las personas, atendiendo a sus necesidades y, sobre todo, respetando su cultura y sus tradiciones”.