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Vacunar donde parecía imposible: la respuesta al sarampión en comunidades aisladas de Bolivia

Con el apoyo técnico de la Organización Panamericana de la Salud y financiamiento del Gobierno de Canadá, Bolivia refuerza la vacunación mientras la respuesta al brote continúa.

— Abril de 2026 —

Tras más de dos décadas sin un caso autóctono, Bolivia enfrenta desde 2025 un brote de sarampión que se expandió desde colonias menonitas hasta comunidades indígenas rurales. La respuesta fue inmediata: vacunación masiva, brigadas móviles y búsqueda activa de personas no vacunadas o con esquemas incompletos, incluso en los territorios más aislados.

En todo el país, la estrategia combinó ciencia, confianza comunitaria y presencia territorial. Vacunar sigue siendo la clave para proteger vidas.

En la colonia menonita Belice vive Isidro Blatz, de familia canadiense y nacido en Bolivia, y su historia recorre migraciones que cruzaron México hasta asentarse en Santa Cruz. Allí, las familias viven de la agricultura y los caminos de tierra aún se recorren en carretas tiradas por caballos. El tiempo parece haberse detenido.

Isidro es sobreviviente de sarampión. Tenía 8 años cuando enfermó. En su infancia nadie en su familia estaba vacunado. El virus pasó, dejó secuelas invisibles y una lección que parecía olvidada.

Pero el sarampión volvió. En junio de 2025, sus hijos, también no vacunados, contrajeron la enfermedad. No fueron los únicos. En pocas semanas, familias enteras de la colonia y de otras decenas más enfermaron.

El brote que encendió las alarmas

A marzo de 2026, Bolivia continúa enfrentando las consecuencias del brote, en un contexto regional marcado por su resurgimiento en las Américas. Aunque la transmisión ha disminuido en algunas zonas, persisten riesgos asociados a brechas de inmunización, especialmente en comunidades con acceso limitado a servicios de salud o con esquemas incompletos.

En la región, los casos aumentaron significativamente en 2025, con cerca de 15.000 confirmados en 13 países, y número en los primeros tres meses de 2026. La mayoría corresponde a personas no vacunadas o con estado vacunal desconocido, lo que confirma que las brechas de cobertura siguen siendo el principal factor de riesgo.

En Bolivia, el brote se originó en Santa Cruz en abril de 2025. La propagación fue progresiva y llevó a la declaración de emergencia nacional. Hasta la fecha se han registrado más de 600 casos en el país.

La magnitud del brote obligó a una respuesta integral. Bolivia intensificó la vacunación en niñas y niños de 1 a 4 años con dos dosis de la vacuna contra sarampión, rubéola y paperas (SRP), y amplió la cobertura en la población de 5 a 20 años mediante vacunación indiscriminada. El Programa Ampliado de Inmunización del país ha aplicado más de un millón de dosis en todo el territorio.

Con el apoyo técnico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y financiamiento del Gobierno de Canadá, se fortalecieron las acciones de vigilancia, control del brote y respuesta rápida. Brigadas móviles se desplegaron en ciudades, comunidades rurales, indígenas y zonas periurbanas, mientras escuelas y espacios públicos se habilitaron como puntos de vacunación.

La campaña continúa, con énfasis en la búsqueda activa de casos, el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica y el cierre de brechas de inmunización.

Fieles a sus costumbres, en la mayoría de las colonias de menonitas en Bolivia la vida está alejada de la modernidad. Fotos: Víctor Ugarte/OPS.
En la colonia Belice

Vacunar donde el tiempo se detuvo

En Bolivia hay más de 150 colonias menonitas, principalmente en Santa Cruz. Son comunidades históricamente reticentes a la vacunación, con barreras idiomáticas y culturales.

“Estamos en una colonia donde el tiempo parece haberse detenido”, explica José Elver Martínez, director del Centro de Salud de Pailón. “Aquí volvió una enfermedad que no veíamos desde hace más de 20 años. Y volvió con fuerza”, subraya.

Los ministros (líder religioso) y jefes de campo (lideres operativos de cada comunidad) se convirtieron en la puerta de entrada. Con ellos se coordinó la vacunación. Una primera barrera fue el idioma: muchas personas solo hablan alemán bajo, un idioma hablado en el norte de Alemania. La respuesta fue incorporar traductores locales y líderes comunitarios como aliados.

Para llegar a la gente, hay que construir confianza. “Nada funciona si no se habla con sus líderes”, dice Martínez.

Elena Friesen de Brown, la enfermera canadiense que convenció de vacunar a todos en la colonia Hohenau. Fotos: Víctor Ugarte/OPS.
La estrategia no fue imponer, sino entender. Foto: Víctor Ugarte/OPS.

La enfermera que tendió el puente

En ese proceso, una figura clave fue Elena Friesen de Brown, enfermera canadiense que vive en la colonia Hohenau, una de las más tradicionalistas. Con experiencia hospitalaria en Paraguay y más de 20 años en Bolivia, Elena conoce desde dentro las reticencias y las urgencias.

“Casi en todas las colonias había sarampión. Adultos y niños sin vacuna”, recuerda. Alarmada por la escalada de casos, fue en busca de las vacunas y se convirtió en puente entre el sistema de salud boliviano y las colonias.

“Siempre hemos vivido sin vacunas”, dice Ana Baumann, una mujer menonita, con traducción de un intérprete. “Pero ahora decidimos vacunarnos. Había demasiadas personas enfermas. Necesitamos que todos estén sanos”, explica.

Gracias a ese trabajo persistente, la mayoría de las familias menonitas acepta la vacunación. No todas, pero sí las suficientes para cortar la cadena de transmisión.

Un reto en todo el país

Más allá de las colonias menonitas, los desafíos adoptan otras formas. En lo urbano, la desinformación sobre las vacunas dificulta la respuesta, obligando a reforzar la comunicación para llegar a cada familia. El uso del Registro Nacional de Vacunación ha permitido identificar a niñas y niños con esquemas incompletos, evidenciando que aún hay brechas importantes.  Las coberturas de vacunación con SRP —tanto para la primera como para la segunda dosis— no han alcanzado el 95% recomendado para prevenir brotes, lo que ha dejado brechas de inmunidad en la población.

En zonas rurales e indígenas, la distancia y la pobreza obligaron a brigadas locales a avanzar casa por casa, coordinando con líderes comunitarios y escuelas para asegurar que la vacuna llegue incluso a los lugares más remotos.

Estefany Chura Quispe una madre que tomó la decisión correcta, vacunar a Ashley, su hija mayor de 7 años. Fotos: Víctor Ugarte/OPS

Hoy, en la casa de Isidro, la escena es distinta. Todos están vacunados. Sus hijos, sus vecinos, la mayoría de la colonia. El brote ha dejado una serie de lecciones duras: el sarampión puede volver, pero también puede detenerse.

Y también una lección para el sector de salud: la lucha no ha terminado. Continúa en la reconstrucción de la confianza, en la búsqueda activa de quienes quedaron fuera, en la capacidad de llegar, incluso a cada rincón del país.

Y en ese recorrido, desde las colonias menonitas a las comunidades indígenas y todo lo que hay en medio, con el apoyo técnico de la OPS/OMS y el Gobierno de Canadá, los esfuerzos de las autoridades siguen enfrentándose a un virus que parecía haber retrocedido, pero cuya respuesta colectiva todavía puede marcar la diferencia.

Fotos: Víctor Ugarte/OPS.
Fotos: Víctor Ugarte/OPS.