Rurrenabaque, Beni-Bolivia, 12 de octubre de 2026 (OPS/OMS). En una región donde el pescado constituye mucho más que un alimento, porque representa una fuente esencial de nutrición, identidad cultural y sustento económico, la creciente preocupación por la presencia de mercurio en los ríos amazónicos plantea un desafío de salud pública: proteger a las poblaciones de la exposición a este metal tóxico sin desalentar indiscriminadamente el consumo de pescado.
Este fue uno de los principales ejes del primer Foro Mercurio, Peces y Salud y de la Feria del Pescado, realizados en el municipio de Rurrenabaque, departamento del Beni, bajo el lema Peces y pesca para siempre. El Foro, impulsado por Wildlife Conservation Society (WCS) en coordinación con instituciones y actores locales, convocaron a investigadores, representantes de asociaciones de pescadores, comunidades indígenas y organizaciones vinculadas con la conservación de los ecosistemas amazónicos.
La Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) participó como institución invitada, aportando conocimientos técnicos sobre los efectos del mercurio en la salud y las medidas de prevención dirigidas a las poblaciones con mayor exposición. También participaron los gobiernos municipales de Rurrenabaque y San Buenaventura, la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, investigadores de la Universidad Mayor de San Andrés y el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) de Francia, entre otras instituciones.
El mercurio: una amenaza invisible en la cadena alimentaria
La problemática adquiere especial relevancia en la Amazonía boliviana debido a la utilización de mercurio en determinadas actividades de extracción aurífera. Cuando este metal llega a los ecosistemas acuáticos, ciertos procesos naturales pueden transformarlo en metilmercurio, una sustancia altamente tóxica que se acumula en los organismos y aumenta su concentración a medida que avanza por la cadena alimentaria. Este fenómeno, denominado biomagnificación, explica por qué los peces carnívoros de mayor tamaño, que se alimentan de otros peces, tienden a presentar concentraciones más elevadas de mercurio.
Según Daniel Cruz, experto técnico en Salud y Medio Ambiente de la OPS/OMS, la exposición al mercurio puede afectar los sistemas nervioso, inmunitario y digestivo, así como otros órganos. “El metilmercurio representa un riesgo particularmente importante durante el embarazo, porque atraviesa la placenta y puede afectar el desarrollo cerebral y neurológico del feto, con posibles consecuencias sobre la memoria, el lenguaje, la concentración y las capacidades motoras”, señaló Cruz.
En Bolivia, las investigaciones científicas desarrolladas durante las últimas dos décadas han documentado la presencia de mercurio en diferentes especies de peces amazónicos y la exposición de poblaciones ribereñas. Los resultados muestran que el riesgo no es uniforme y depende, entre otros factores, de la especie consumida, su procedencia y los hábitos alimentarios de cada comunidad.
Una investigación publicada en 2025 y difundida en abril de 2026 por la Universidad Mayor de San Andrés, desarrollada junto con investigadores bolivianos y WCS, examinó diez especies comercializadas en Rurrenabaque. El estudio identificó diferencias importantes en las concentraciones de mercurio, pero también confirmó el importante aporte nutricional del pescado a la alimentación regional.
La clave está en saber qué pescado consumir
Cruz señaló que uno de los mensajes centrales compartidos durante las jornadas fue que la presencia de mercurio en determinados peces no significa que todas las especies amazónicas estén contaminadas en igual proporción ni que deba abandonarse su consumo.
Los estudios realizados en la cuenca del río Beni identificaron concentraciones elevadas de mercurio en determinadas especies carnívoras, particularmente el blanquillo, y concentraciones que requieren precaución en otras especies depredadoras, como el surubí y algunos bagres.
En contraste, especies como la Yatorana, Tambaquí, Sábalo y Pacú han registrado concentraciones más bajas en investigaciones locales por ser especies herbívoras y frugívoras, es decir que se alimentan de hierbas y frutas depositadas en los ríos. Estas diferencias permiten orientar decisiones alimentarias y reducir riesgos, especialmente en mujeres embarazadas y población infantil. Sin embargo, la seguridad del consumo también depende de la procedencia del pescado, la frecuencia y las cantidades ingeridas.
Para contribuir a la educación sanitaria, la OPS/OMS cuenta con el material Mi comunidad se cuida del mercurio, un recurso de orientación que permite explicar los riesgos de la exposición y promover medidas preventivas mediante actividades educativas comunitarias. En Bolivia, la cooperación técnica de la OPS/OMS también ha contribuido al abordaje intersectorial de esta problemática y al desarrollo de orientaciones sobre consumo saludable de pescado dirigidas a comunidades potencialmente expuestas, con énfasis en el fortalecimiento de las capacidades del personal de salud.
La Feria del Pescado permitió trasladar la información científica a un espacio de encuentro directo con la población, los productores y las asociaciones pesqueras, para quienes la contaminación por mercurio representa una doble preocupación: sus posibles consecuencias sanitarias y la incertidumbre que genera en la comercialización del pescado. Por ello, uno de los principales aportes de las jornadas fue promover una comunicación de riesgos basada en evidencia científica, capaz de distinguir entre especies, evitar generalizaciones y facilitar decisiones informadas.
La feria también mostró el valor de la gastronomía como herramienta para promover prácticas responsables. Entre las participantes destacó la chef Coral Ayaroa, gerente de Gusto y creadora de contenidos gastronómicos, quien compartió experiencias orientadas a valorizar los productos amazónicos y fomentar una pesca responsable y saludable. Las actividades reunieron a emprendimientos gastronómicos, comunidades indígenas y asociaciones de pescadores que compartieron conocimientos sobre conservación de especies, manipulación adecuada del pescado y aprovechamiento sostenible de los recursos de la región.
Un desafío de salud pública que requiere respuestas conjuntas
La exposición al mercurio no constituye únicamente un problema ambiental. Sus implicaciones sanitarias, nutricionales, económicas y sociales demandan respuestas coordinadas entre las autoridades de salud, instituciones ambientales, investigadores, gobiernos subnacionales y organizaciones comunitarias.
En este contexto, la Cruz destacó la necesidad de fortalecer la vigilancia de la exposición al mercurio, capacitar al personal sanitario para reconocer sus posibles efectos y desarrollar intervenciones de comunicación de riesgos culturalmente pertinentes, especialmente entre las poblaciones indígenas y ribereñas. "El desafío consiste en transformar la evidencia científica en recomendaciones comprensibles y aplicables a la vida cotidiana, respetando los conocimientos tradicionales y las prácticas alimentarias de las comunidades", explicó.
Material de consulta: Mi comunidad se cuida del mercurio – OPS/OMS.
