San Pedro, 13 de octubre de 2026 (OPS/OMS). Árboles que dan sombra, espacios abiertos para aprender y estudiantes que explican con sus propias palabras lo que han aprendido sobre el cuidado de la salud. Estas son algunas de las experiencias observadas durante el monitoreo de cinco instituciones educativas del departamento de San Pedro, que avanzan en el proceso de certificación de la Estrategia Escuelas Saludables.
Del 7 al 9 de octubre, la Dirección de Promoción de la Salud del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS), la II Región Sanitaria de San Pedro y la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) acompañaron las visitas a las escuelas para conocer sus avances, revisar las evidencias y evaluar el trabajo desarrollado por cada comunidad educativa.
Las cinco instituciones monitoreadas son la Escuela Básica N.º 656 Dr. Fernando de la Mora, de 25 de Diciembre; el Colegio Nacional San Pedro Apóstol, de San Estanislao; la Escuela Básica N.º 35 John F. Kennedy y la Escuela Básica N.º 4437 Barulio Dinatale Barresi, ambas de Itacurubí del Rosario; y la Escuela Básica N.º 2730 Sagrado Corazón de Jesús, de Guayaibí.
Las instituciones visitadas cuentan con la acreditación del MSPBS y han reunido las evidencias correspondientes para avanzar hacia la certificación. El proceso permite documentar las acciones realizadas y reconocer el compromiso de las comunidades con la promoción de la salud en el ámbito escolar.
Aprender y participar desde la infancia
En las aulas y los espacios escolares, niñas, niños y adolescentes mostraron sus aprendizajes a través de exposiciones, trabajos artísticos y actividades creativas. Sus presentaciones permitieron conocer cómo incorporan los contenidos de salud y los llevan a la práctica, desde los primeros años de escolaridad.
Estas experiencias también reflejan el trabajo cotidiano de docentes y directivos, que acompañan los procesos educativos y promueven la participación de los estudiantes. La disposición de los equipos escolares para mostrar sus actividades y compartir sus experiencias fue parte importante de las jornadas de monitoreo.
Los espacios físicos también aportan a esta tarea. Las escuelas visitadas cuentan con patios amplios, arbolados y rodeados de naturaleza, que ofrecen oportunidades para el aprendizaje, la convivencia y las actividades al aire libre. El cuidado de estos entornos forma parte de una mirada integral de la salud, que comprende tanto los conocimientos y hábitos personales como las condiciones en las que niñas, niños y adolescentes crecen y se desarrollan.
Una tarea compartida con toda la comunidad
El trabajo de las instituciones educativas cuenta con el apoyo de las autoridades locales, las familias y otros actores de la comunidad como los municipios, las supervisiones del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), la Dirección Departamental de Educación, las Unidades de Salud Familia (USF) a través de la II Región Sanitaria y la Policía Nacional.
La participación de las asociaciones de padres y madres, los bomberos voluntarios, y el Servicio Nacional de Erradicación del Paludismo (SENEPA), entre otros sectores, contribuye a sostener las acciones de promoción de la salud y a ampliar su alcance más allá de las aulas.
Este compromiso compartido se expresa en el cuidado de los espacios escolares, la colaboración en las actividades y el acompañamiento a los estudiantes. Durante las visitas, las comunidades educativas compartieron con orgullo los avances alcanzados y las acciones que desarrollan para ofrecer entornos más saludables y protectores.
La Estrategia Escuelas Saludables promueve precisamente esta articulación entre educación, salud, familias y comunidad, reconociendo que el bienestar de niñas, niños y adolescentes requiere la participación de distintos sectores.
La recopilación de evidencias marca una nueva etapa en el recorrido de estas instituciones. El proceso de certificación permitirá evaluar los avances documentados y continuar fortaleciendo las prácticas que hacen de la escuela un espacio de aprendizaje, convivencia y cuidado.
Detrás de cada evidencia hay una comunidad que trabaja: docentes que acompañan, familias que participan, instituciones que articulan esfuerzos y estudiantes que demuestran lo que saben. Sostener este trabajo conjunto es fundamental para que la promoción de la salud forme parte de la vida cotidiana de las escuelas y contribuya al desarrollo integral de las nuevas generaciones.
