Jóvenes bolivianos transforman la forma de abordar la violencia en mensajes para concientizar sobre su impacto

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OPS/OMS/Noelia Villalta
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La Paz, Bolivia, 17 de septiembre de 2026 (OPS/OMS) - “Cuando una niña, niño o adolescente sufre violencia, es importante creerle, escucharle y tomarnos el tiempo”, manifiesta Melani Anahí Alanoca. Ella estudia Medicina en la Universidad del Valle de La Paz y sabe que cuando existe violencia, lo primero que ocurre después, puede ser determinante.

En La Paz, estudiantes de distintas carreras de la Universidad del Valle dejaron por unas horas las aulas para enfrentarse a una pregunta difícil: ¿cómo hablar de violencia contra niñas, niños y adolescentes sin juzgar, culpabilizar ni causar más daño? La respuesta terminó convertida en tres piezas audiovisuales, pero comenzó mucho antes de encender una cámara.

“Si nos está contando lo que ha vivido es por algo”, dice Melani. Después añade: “hay que validar lo que siente para que pueda confiar y recibir apoyo”.

Melani es una de 13 jóvenes bolivianos que fueron reunidos en La Paz para el taller “Jóvenes que comunican para transformar”, una iniciativa de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), con apoyo del Ministerio de Salud y Deportes y la Universidad del Valle. Los estudiantes de Medicina, Bioquímica, Derecho y Comunicación Social participaron del taller para transformar conceptos sobre atención y prevención de la violencia en mensajes que otros jóvenes puedan escuchar.

Sobre la mesa del taller estuvo el Kit ANIMA-AA, una herramienta dirigida a equipos de salud para responder ante situaciones de violencia contra niñas, niños y adolescentes. Habla de escuchar, validar sin juzgar, reconocer necesidades, proteger, acompañar y generar espacios seguros. ANIMA-AA fue desarrollado por el Departamento de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS en el marco del proyecto Mejorar el Acceso de las Adolescentes y Niñas Sobrevivientes de Violencia Sexual a los Sistemas de Salud. Esta herramienta tuvo un proceso de validación rico con la participación y significativa de adolescentes y jóvenes de Argentina, Bolivia y Honduras, cuyas voces resultaron fundamentales para fortalecer las respuestas del sistema de salud frente a la violencia contra niñas, niños y adolescentes.

Durante el taller, guiados por expertos en comunicación audiovisual, las conversaciones avanzaron entre ideas, correcciones y guiones. Los participantes probaron maneras de decir lo mismo hasta encontrar una que no suene distante ni invasiva. La consigna no era generar impacto a cualquier costo, sino comunicar sin revictimizar. ¿Qué palabras podrían hacer sentir culpable a una víctima? ¿Cómo mostrar una situación de violencia sin convertirla en espectáculo? ¿Hasta dónde preguntar? ¿Cómo acompañar sin obligar a alguien a repetir lo que vivió? Se preguntaron los participantes.

Juan Fuerte Escuber que llegó desde Santa Cruz dijo que una de las claves está en dejar de suponer que los adultos saben automáticamente cómo hablar con los jóvenes.

“Es fácil decir que escuchamos a los jóvenes”, plantea. “Pero necesitamos una escucha activa y entender que nosotros vivimos y procesamos las situaciones de una manera diferente”.

Su observación resume buena parte de lo que sucedió en el taller. Los jóvenes discutieron los mensajes, cuestionaron expresiones, propusieron formatos y participaron en la escritura de los guiones.

Melani también encuentra ahí una responsabilidad. “Los jóvenes tenemos un rol fundamental en la prevención de la violencia”, sostiene. “Ese rol -explica- también consiste en ayudar a que niñas, niños y adolescentes sepan que pueden pedir ayuda y expresar lo que están viviendo”.

La discusión no se quedó únicamente en cómo escuchar. Sandra Ximena Domínguez Fernández, psicóloga del Ministerio de Salud y Deportes, introdujo otra parte del problema: qué ocurre después de que alguien habla. Escuchar es el comienzo, pero luego pueden aparecer necesidades médicas, psicológicas, judiciales y de protección. Advirtió que “una atención incorrecta puede convertirse en una nueva forma de daño”.

Al final del proceso, durante el taller las ideas salieron del espacio de trabajo y llegaron hasta El Montículo, en La Paz. Allí comenzó la grabación de tres piezas audiovisuales. No se utilizaron testimonios personales de los participantes ni escenas explícitas de violencia. La cámara se concentró en los mensajes: escuchar sin juzgar, creer, acompañar, proteger.

El doctor Héctor Ojeda, asesor para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS/OMS, define lo ocurrido de una manera sencilla: “los jóvenes no fueron receptores, sino cocreadores”.

La grabación terminó, pero la experiencia dejó lecciones entre sus participantes: Antes de saber qué decir, hay que saber escuchar. 

Esta actividad que fortaleció la comunicación de ANIMA-AA en Bolivia y promueve una cultura de buen trato, protección, inclusión en los servicios de salud pudo realizarse gracias al apoyo del Gobierno de Canadá, a través de los fondos destinados para el proyecto “Cerrando las brechas en salud y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y adolescentes en Bolivia”.