Ciudad de México, 22 de octubre de 2026 — La Organización Panamericana de la Salud (OPS) presentó una guía que ofrece a los gobiernos locales una hoja de ruta para construir comunidades más saludables, inclusivas, equitativas y resilientes a lo largo del curso de vida. Se trata de la publicación Articulación entre el Movimiento Regional de Municipios, Ciudades y Comunidades Saludables y la Red Mundial de la OMS de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores. Oportunidades y sinergias en la Región de las Américas, que propone la articulación dos de las principales iniciativas impulsadas por la OPS y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el ámbito local: el Movimiento Regional de Municipios, Ciudades y Comunidades Saludables (MCCS) y la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores (GNAFCC, por sus siglas en inglés).
El lanzamiento tuvo lugar en Ciudad de México durante el IX Encuentro de Alcaldes y Alcaldesas por Municipios Saludables de las Américas, que reúne a autoridades locales, expertos y socios para intercambiar experiencias y avanzar en soluciones que sitúen la salud, el bienestar y la equidad en el centro del desarrollo territorial. Actualmente, el Movimiento de MCCS integra a más de 4.000 gobiernos locales de 17 países, junto con 14 redes de municipios saludables y representantes de 20 ministerios de salud de la Región, mientras que la Red GNAFCC cuenta con más de 1.800 ciudades y comunidades en 60 países y, en las Américas, supera las 1.000 ciudades y comunidades miembros en 18 países y territorios.
La nueva publicación parte de una premisa sencilla pero transformadora: los desafíos que enfrentan hoy los municipios no pueden abordarse desde sectores aislados ni mediante respuestas fragmentadas. La salud y el bienestar están estrechamente relacionados con las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen. A ello se suman desafíos como el envejecimiento de la población, el cambio climático, la urbanización y las persistentes desigualdades sociales y de salud, que demandan políticas capaces de reconocer la interdependencia entre estos ámbitos y generar respuestas integrales adaptadas a las distintas realidades locales.
En este contexto, los gobiernos locales desempeñan un papel estratégico para abordar los determinantes sociales de la salud, reducir las inequidades y promover el envejecimiento saludable. Su proximidad a las comunidades y su capacidad para articular políticas y actores de distintos sectores los sitúan en una posición privilegiada para identificar necesidades y barreras, promover la participación social y traducir las prioridades de salud y bienestar en políticas públicas, programas y acciones concretas adaptadas a cada territorio.
La guía identifica importantes áreas de convergencia entre ambas redes de gobiernos locales. Entre ellas destacan el compromiso de la máxima autoridad local; la existencia de instancias de gobernanza y coordinación intersectorial; la participación social; los diagnósticos participativos; la formulación de planes de acción; y los mecanismos de seguimiento, evaluación y mejora continua, incorporando transversalmente los enfoques de equidad y curso de vida. Estas coincidencias ofrecen una base concreta para aprovechar estructuras, procesos, capacidades y experiencias ya existentes en los territorios. La articulación no implica necesariamente crear nuevas estructuras, sino fortalecer y conectar las existentes para evitar esfuerzos fragmentados o paralelos y ampliar la capacidad de los municipios para abordar de manera integrada los determinantes sociales de la salud, la promoción de la salud, el envejecimiento saludable, la inclusión y la equidad.
La publicación subraya también la necesidad de abordar las desigualdades en salud y las importantes transformaciones demográficas que experimenta la Región. Para 2050, aproximadamente una de cada cuatro personas en América Latina y el Caribe tendrá 60 años o más, lo que hace necesario diseñar ciudades, municipios y comunidades que favorezcan un envejecimiento saludable, promuevan la autonomía y garanticen la inclusión y participación de las personas mayores en todos los ámbitos de la vida social.
Una perspectiva de curso de vida para toda la población
La articulación entre ambas iniciativas cobra especial relevancia desde una perspectiva de curso de vida. Este enfoque reconoce que la salud y el bienestar son resultado de experiencias y condiciones que se acumulan e interactúan a lo largo de las distintas etapas de la vida y que las políticas locales pueden contribuir a crear entornos que protejan la salud, reduzcan desigualdades y amplíen oportunidades desde la infancia hasta la vejez.
Desde esta perspectiva, las políticas y entornos que favorecen el envejecimiento saludable no benefician exclusivamente a las personas mayores. Una ciudad o comunidad accesible, segura, inclusiva y con oportunidades de participación puede mejorar también las condiciones de vida de niñas y niños, jóvenes, personas con discapacidad, familias y comunidades en general. Esta mirada permite conectar el envejecimiento saludable con una agenda territorial más amplia de promoción de la salud, equidad y abordaje de los determinantes sociales de la salud.
Fortalecer las políticas, la gobernanza y la participación social
Desde la perspectiva de la gestión y las políticas públicas, la participación en ambas iniciativas favorece la incorporación de la promoción de la salud, el envejecimiento saludable, la equidad y los determinantes sociales de la salud en la planificación municipal. El acceso a marcos de referencia, herramientas, conocimientos y experiencias puede contribuir a identificar mejor las necesidades, desigualdades y prioridades territoriales y orientar las intervenciones hacia las poblaciones y comunidades que enfrentan mayores barreras y desventajas. Aprovechar de manera articulada los diagnósticos, planes de acción, mecanismos de seguimiento e instancias de gobernanza existentes también puede reducir duplicidades y favorecer un uso más eficiente de capacidades y recursos.
En materia de gobernanza intersectorial, ambas iniciativas reconocen que mejorar la salud y el bienestar requiere involucrar a los sectores que tienen incidencia sobre sus determinantes sociales. La coordinación entre salud, desarrollo social, planificación urbana, transporte, vivienda, ambiente, educación y otros sectores permite construir objetivos compartidos y respuestas más coherentes frente a las necesidades de las comunidades. Mesas, consejos y otras instancias de coordinación pueden contribuir a incorporar transversalmente la salud, la equidad y el bienestar en las políticas y decisiones municipales.
La participación social constituye otro elemento central. Incorporar a las comunidades, incluidas las personas mayores y otros grupos de población, en el diagnóstico, la definición de prioridades, la planificación, la implementación, el seguimiento y la evaluación permite que las políticas respondan mejor a las necesidades, experiencias y conocimientos de quienes viven en los territorios. La combinación de acción intersectorial y participación social contribuye así a una gobernanza local más inclusiva y con mayor capacidad para generar respuestas pertinentes frente a las desigualdades y los determinantes sociales de la salud.
La participación en redes fortalece también las capacidades institucionales de los gobiernos locales mediante oportunidades de formación, cooperación técnica e intercambio de herramientas, metodologías, conocimientos y experiencias. El aprendizaje entre municipios permite conocer respuestas desarrolladas en otros contextos, identificar experiencias susceptibles de adaptación y compartir soluciones frente a desafíos comunes. A su vez, la vinculación con redes nacionales, regionales y globales amplía las oportunidades de cooperación y el acceso a experiencias innovadoras y buenas prácticas. De esta manera, las redes se constituyen en espacios para desarrollar capacidades, generar aprendizaje colectivo y ampliar la cooperación entre municipios.
De las sinergias a la acción
El documento ofrece orientaciones prácticas para que municipios, ciudades y comunidades puedan adherirse a ambas iniciativas o fortalecer su articulación cuando las dos ya estén presentes en el territorio. Para ello, la guía propone distintos escenarios de implementación y recomendaciones relacionadas con gobernanza, participación social, coordinación intersectorial, diagnósticos participativos, planificación, seguimiento y evaluación, con el fin de generar respuestas más integradas frente a los determinantes sociales de la salud y las inequidades.
Todo esto permite adaptar la articulación a las características, capacidades y trayectorias de cada municipio, reconociendo la diversidad de contextos locales de la Región. Al conectar la promoción de la salud, el envejecimiento saludable, la equidad, la participación social y la acción intersectorial dentro de una agenda territorial común, los gobiernos locales pueden fortalecer su capacidad para actuar sobre las condiciones sociales, económicas y ambientales que determinan la salud y el bienestar de las personas a lo largo de toda la vida.
Consulte la publicación Articulación entre el Movimiento Regional de Municipios, Ciudades y Comunidades Saludables y la Red Mundial de la OMS de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores. Oportunidades y sinergias en la Región de las Américas en el siguiente enlace.
