Los países de las Américas adoptan una nueva estrategia para fortalecer la seguridad sanitaria

Laboratorio de vigilancia epidemiológica

Washington, D.C., 30 de septiembre de 2026 (OPS) – Las autoridades de salud de las Américas aprobaron una nueva estrategia regional de seguridad sanitaria destinada a fortalecer la capacidad de los países para prevenir, prepararse y responder ante emergencias de salud, en un contexto en el que los desastres, los brotes y otras amenazas son cada vez más frecuentes y complejos.

Aprobada durante el 63.º Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Estrategia para fortalecer la gestión del riesgo y de las emergencias de salud en pro de la seguridad sanitaria 2026-2031 busca apoyar a los países en la construcción de sistemas y servicios de salud más seguros y resilientes, al tiempo que fortalece la cooperación entre las naciones para enfrentar desastres, epidemias y otras amenazas que pueden poner en riesgo vidas, interrumpir servicios esenciales y obstaculizar el desarrollo social y económico.

La nueva estrategia promueve la prevención, la reducción de riesgos, la preparación, la disposición operativa y la respuesta ante emergencias como parte de un enfoque integral de la seguridad sanitaria.

“Las experiencias de los últimos años han demostrado que las emergencias son cada vez más frecuentes, complejas e interconectadas”, afirmó el Director de la OPS, doctor Jarbas Barbosa. “Esta estrategia refleja el compromiso compartido de los países de las Américas de invertir en preparación antes de que ocurran las crisis, fortalecer la resiliencia de los servicios de salud y de las comunidades, y garantizar que, cuando se produzcan emergencias, los países puedan responder con mayor rapidez y eficacia, y con menos pérdidas de vidas”.

Las Américas siguen estando altamente expuestas a las emergencias. El 29% de todos los desastres registrados en el mundo entre 2021 y 2024 ocurrieron en la región. Huracanes, inundaciones, terremotos, calor extremo, incendios forestales y otras emergencias han puesto a prueba repetidamente a los sistemas de salud y han dejado en evidencia brechas en preparación y la disposición operativa, particularmente en materia de gobernanza, coordinación, cadenas de suministro, logística y capacidad para movilizar rápidamente recursos y personal.

La pandemia de COVID-19, los grandes huracanes que afectaron al Caribe y otras emergencias recientes han puesto de relieve la importancia de mantener inversiones sostenidas en preparación y de fortalecer la cooperación regional para hacer frente a amenazas compartidas.

Para abordar estos desafíos, la nueva estrategia se centra en tres áreas:

  • Reducir los riesgos mediante una gobernanza más sólida, la evaluación de riesgos y la acción multisectorial;
  • Fortalecer la preparación y la capacidad operativa de respuesta en los ámbitos nacional y local, incluidos la vigilancia, los planes de emergencia, los centros de operaciones de emergencia, los sistemas logísticos y las capacidades de respuesta rápida; y
  • Reforzar los mecanismos regionales y subregionales para que los países puedan compartir información oportunamente, movilizar recursos cuando sea necesario y brindarse apoyo mutuo cuando las emergencias superen las capacidades nacionales.

La estrategia también llama a fortalecer los sistemas de vigilancia, las redes de laboratorios y las capacidades logísticas para emergencias, así como a integrar de manera más amplia la salud mental y el apoyo psicosocial en las actividades de preparación y respuesta. Asimismo, promueve un enfoque multiamenaza que aborda una amplia variedad de riesgos, desde brotes de enfermedades infecciosas hasta amenazas de origen natural o causadas por el ser humano.

A pesar de los avances, el financiamiento para la preparación sigue siendo limitado y, con frecuencia, insuficiente para mantenerse en el tiempo, lo que pone en riesgo capacidades críticas una vez superada una emergencia. Por ello, la estrategia insta a los Estados Miembros a aumentar y mantener la inversión pública en la gestión del riesgo y de las emergencias de salud, incluso durante los períodos entre emergencias, para fortalecer la preparación, la disposición operativa y la resiliencia de los servicios de salud y las comunidades.

“Con demasiada frecuencia, las inversiones aumentan durante una crisis y disminuyen una vez que la amenaza inmediata ha pasado”, señaló el doctor Ciro Ugarte, Director del Departamento de Emergencias en Salud de la OPS. “Mantener capacidades esenciales entre emergencias, incluidos los equipos de respuesta, los sistemas de vigilancia, los centros de operaciones de emergencia y las redes logísticas, es fundamental para que los países puedan hacer frente a los riesgos actuales y, al mismo tiempo, estar preparados para responder con rapidez cuando surja la próxima amenaza”.

La adopción de la estrategia coincide con el 50.º aniversario del programa de emergencias de salud de la OPS, creado en 1976 a solicitud de los ministerios de salud para fortalecer la capacidad de los países de responder a los desastres. En ese momento, solo un pequeño número de los 35 Estados Miembros de la OPS contaba con personal dedicado o planes formales de respuesta a emergencias.

Durante las últimas cinco décadas, emergencias que van desde huracanes, terremotos e inundaciones hasta el cólera, la influenza, el zika y la COVID-19 han demostrado el valor fundamental de un enfoque regional más coordinado para la gestión del riesgo y de las emergencias de salud. La nueva estrategia de seguridad sanitaria se basa en esas experiencias y, al mismo tiempo, responde a los riesgos emergentes y a los desafíos que enfrentan actualmente las Américas.

La OPS trabajará con los países en la implementación de la estrategia hasta 2031 mediante cooperación técnica, fortalecimiento de capacidades y movilización de recursos.