Antecedentes
El mercurio figura entre los diez químicos de mayor preocupación para la salud pública mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), debido a su alta toxicidad, su persistencia en el ambiente y su capacidad de afectar a la salud humana a lo largo de todo el curso de vida. Con el fin de abordar esta problemática global, se estableció el Convenio de Minamata, un tratado internacional jurídicamente vinculante que tiene por objetivo proteger la salud humana y el medio ambiente de los efectos nocivos del mercurio.
Para apoyar a los países en el cumplimiento de las disposiciones del Convenio de Minamata relativas a las amalgamas dentales, la OMS y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), pusieron en marcha el proyecto "Acelerar la implementación de las disposiciones sobre amalgamas dentales y fortalecer las capacidades de los países en la gestión ambientalmente racional de los desechos asociados".
Este proyecto, que involucra a tres países de diferentes regiones del mundo, seleccionó a Uruguay como representante de América Latina y el Caribe, en reconocimiento a su firme compromiso y a los avances significativos alcanzados en la eliminación progresiva de la amalgama dental y la gestión adecuada de sus residuos.
