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En la Amazonía del Perú, reconstruir la confianza es clave para detener la fiebre amarilla

Con el apoyo de la Unión Europea y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Perú está fortaleciendo una respuesta integral basada en el enfoque de Una Sola Salud y la participación comunitaria para proteger a las poblaciones amazónicas en riesgo frente a la fiebre amarilla. 


— mayo de 2026 — 

En la Amazonía del Perú, prevenir los brotes de fiebre amarilla exige una respuesta integrada que conecte la salud humana, animal y ambiental, colocando la confianza en los servicios de salud y la participación comunitaria en el centro. 

La fiebre amarilla sigue siendo una amenaza para la salud pública, especialmente en zonas remotas de la Amazonía, donde la distancia, el acceso limitado a los servicios y la desinformación retrasan la prevención y la atención. Solo en 2025, se notificaron 346 casos confirmados y 143 muertes en siete países de las Américas, incluido el Perú, donde se registraron 49 casos y 19 defunciones. La aparición de casos en zonas previamente no afectadas, combinada con una alta mortalidad entre personas sin antecedente de vacunación —a pesar de la disponibilidad de una vacuna segura y eficaz que brinda protección de por vida— ha incrementado aún más el riesgo de brotes en la Región. 

El Ministerio de Salud del Perú (Minsa), con la cooperación técnica de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), inició las acciones de respuesta ante el brote en 2025 con el entrenamiento de personal de salud para el diagnóstico y manejo clínico en el primer nivel de atención en las zonas en riesgo, con la participación de especialistas de Brasil. A partir de agosto, con el apoyo de la Unión Europea, se vienen fortaleciendo además las capacidades de vigilancia, inmunización, laboratorio, manejo clínico y comunicación de riesgos, trabajando también con los sectores ambiental y de fauna silvestre, y directamente con las comunidades. 

La alerta temprana es un pilar clave de este enfoque. El Minsa y la OPS han capacitado a 70 agentes comunitarios de salud y a más de 215 profesionales de la salud para la detección oportuna y la notificación temprana de epizootias, que con frecuencia preceden a los casos humanos. Al mismo tiempo, se han fortalecido los Equipos de Respuesta Rápida para investigar estas epizootias y vigilar los síndromes febriles, con 12 equipos listos para operar en las regiones de San Martín y Madre de Dios. 

“Reconocemos la importancia del enfoque de Una Sola Salud, y por eso trabajamos de manera articulada con las instituciones de salud y ambiente, así como con los líderes comunitarios. En el caso de la fiebre amarilla, esto nos permite detectar oportunamente reportes de muertes de monos o signos de enfermedad, y así prevenir la transmisión a las personas”, explica Karl Poog, especialista en fauna silvestre del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) del Perú. 

 

Las capacidades laboratoriales y entomológicas también respaldan esta respuesta integral. Para fortalecer el nivel local, se han adquirido insumos para diagnóstico por PCR para los laboratorios regionales de Amazonas y San Martín, reduciendo el tiempo de confirmación de casos a 3 días. Además, se han adquirido insumos para la captura, identificación, análisis taxonómico y preservación entomológica en estas dos regiones, y se ha fortalecido al equipo de control vectorial del Instituto Nacional de Salud.

Por otro lado, se han fortalecido las capacidades para el manejo clínico con el fin de reducir muertes evitables. Más de 180 profesionales de la salud de establecimientos del primer nivel han recibido conocimiento actualizado para detectar posibles casos de fiebre amarilla, y 30 trabajadores de hospitales en cinco regiones fueron capacitados para la atención de emergencias y cuidados intensivos. Además, ocho establecimientos de salud en Amazonas y San Martín fueron equipados para estabilizar a pacientes con síntomas febriles y asegurar una referencia oportuna en caso de complicaciones. 

No obstante, la inmunización sigue siendo la piedra angular de la prevención. Como parte de la cooperación técnica de la OPS en articulación con las autoridades regionales, brigadas de vacunación capacitadas aplicaron más 7 mil dosis de la vacuna contra la fiebre amarilla en zonas de riesgo y de difícil acceso para el personal de salud en Amazonas, Loreto y Junín, beneficiando sobre todo a niños menores de 15 meses. Además, este importante trabajo también permitió incrementar las coberturas de las vacunas del esquema nacional, logrando poner al día a niños menores de 1 año con la aplicación de más de 17 mil dosis, cuando muchos de ellos no contaban con ninguna. 

Pero incluso cuando las brigadas de salud recorren largas distancias —por río, carretera y a pie— para llegar a las comunidades, la aceptación no siempre está garantizada. 

Jorge Tiwi ha sido testigo de lo que ocurre cuando el miedo pesa más que la confianza. 

“Algunas personas creen que es brujería”, explica. “Incluso cuando los médicos confirman una enfermedad, no creen. Piensan que los están engañando”. 

Jorge es el presidente del Comité de Salud de la comunidad de Nazareth, en la región amazónica, y desde hace años —junto con otros líderes comunitarios y el personal de salud— trabaja para cambiar esa percepción. En muchos lugares, el acceso a los servicios de salud es solo una parte de la solución. La otra —a menudo más difícil— es ayudar a las personas a entender y confiar en esos servicios. 

 

 

Todavía hay familias que no quieren escuchar sobre vacunas”, señala Jorge. 
“Las rechazan completamente”. 

 

Es en este punto donde la comunicación de riesgos y la participación comunitaria se vuelven fundamentales. A través de espacios de diálogo en Amazonas, 38 agentes comunitarios de salud identificaron barreras para la prevención y la atención, como la baja percepción del riesgo, el temor a los efectos secundarios de las vacunas y la creencia de que los síntomas —cuando aparecen— pueden “resolverse rápidamente” mediante la automedicación. 

“En la comunidad de Uut, donde se inició el brote de fiebre amarilla en Amazonas, las coberturas de vacunación eran muy bajas”, señala Noemí Vásquez, enfermera del Centro de Salud de Imaza. “Por eso es tan importante involucrar a las comunidades, para que comprendan que la vacunación es la principal forma de prevención. La capacitación es importante no solo porque los agentes comunitarios adquieren conocimientos, sino porque también se van motivados a probar nuevos enfoques, con la certeza de que estamos trabajando de la mano con ellos”. 

rotafolio sobre la fiebre amarilla
respuesta a brotes

 

Es así como 32 trabajadores de la salud, junto con estos agentes comunitarios y promotores sociales, fortalecieron sus capacidades para promover prácticas preventivas, fomentar la búsqueda temprana de atención y contrarrestar la desinformación, trabajando con líderes locales y familias. Estos esfuerzos se complementaron con la capacitación de 37 integrantes de brigadas de vacunación y personal de promoción de la salud, así como de 13 comunicadores y periodistas locales. 

Para Jorge, la herramienta más poderosa no es solo la información, sino la memoria. Explica la vacunación no como una intervención técnica, sino como protección: algo que previene la enfermedad y salva vidas. 

 

“Antes, cuando no había vacunas, mucha gente moría”, recuerda. “Mi padre solía decirnos: ‘Los que se vacunan están protegidos. Los que no, pueden morir’”. 

 

Esa experiencia hoy guía la forma en que Jorge conversa con su comunidad. 

En este contexto, los líderes comunitarios de confianza, como Jorge, desempeñan un papel fundamental para acercar los servicios de salud a la población. 

“A veces la gente pregunta: ‘¿De dónde saca eso?’”, cuenta Jorge. “Pero cuando viene alguien de fuera y lo explica, escuchan más”. 

 

Gracias al trabajo continuo con los equipos de salud en el territorio y a la orientación técnica brindada por el Minsa y la OPS, líderes comunitarios como Jorge cuentan con información precisa y confiable, lo que les permite transmitir mensajes clave con seguridad y credibilidad. Con el tiempo, estas interacciones ayudarán a que las comunidades estén más abiertas a escuchar a los trabajadores de salud cuando visitan sus localidades. 

“Cuando hay una vacuna, la enfermedad ya no se propaga”, afirma Jorge. “Ese es el mensaje que queremos que todos entiendan”. 

En Nazareth, y en toda la Amazonía, la lucha contra la fiebre amarilla no consiste solo en llevar vacunas. Se trata de empoderar a las comunidades con conocimiento, fortalecer la confianza y garantizar que la información y los servicios que salvan vidas lleguen donde más se necesitan.