•  Auris Vega, epidemióloga venezolana
    OPS/OMS/Karen González
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Cómo la vigilancia epidemiológica ayuda a proteger la salud de las comunidades tras los terremotos en Venezuela

La historia de Auris Vega, una epidemióloga que recorrió comunidades afectadas para detectar a tiempo los riesgos que podían convertirse en una nueva emergencia sanitaria.

— Agosto 2026 —

Auris Vega recorre las carpas del estadio César Nieves, convertido en campamento temporal tras los terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio de 2026. Pregunta por personas con fiebre, diarrea o erupciones en la piel, revisa las condiciones de agua y saneamiento, identifica a quienes necesitan seguimiento por enfermedades crónicas y recopila información para detectar señales que puedan convertirse en riesgos para la salud pública. 

Cuando identifica una situación que requiere investigación, toma muestras y coordina su procesamiento y seguimiento con los equipos de salud. Su trabajo forma parte de la vigilancia epidemiológica, una herramienta clave para detectar oportunamente amenazas para la salud y orientar las acciones de prevención y control después de una emergencia. 

Tras un terremoto, los riesgos para la salud no terminan cuando deja de temblar la tierra. La interrupción del agua potable, el desplazamiento de familias y las dificultades para acceder a servicios de salud pueden aumentar el riesgo de enfermedades y otros problemas sanitarios. La vigilancia epidemiológica permite identificar esas amenazas de forma temprana para actuar antes de que se conviertan en emergencias mayores. 

Para fortalecer este trabajo en terreno, la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), junto al Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS), brindó cooperación técnica y fortaleció las capacidades operativas de los equipos de epidemiología y de las Áreas de Salud Integral Comunitaria (ASIC) mediante la instalación de una sala de mando de vigilancia y la entrega de herramientas para la respuesta en campo.  

Hoy, uno de esos morrales de despliegue entregados durante la respuesta la acompaña en cada recorrido. En él transporta los insumos y herramientas que utiliza para investigar eventos, tomar muestras y apoyar las acciones de vigilancia en las comunidades afectadas. 

Auris es enfermera de profesión y ha dedicado gran parte de su vida al servicio de la salud. Trabajó durante años en distintas áreas de atención, desde la atención primaria y las emergencias hasta los servicios quirúrgicos, antes de incorporarse a la vigilancia epidemiológica. Fue entonces cuando descubrió una nueva manera de cuidar a las personas: conocer sus comunidades, entender sus condiciones de vida y anticiparse a los riesgos para la salud. 

“Fue amor a primera vista. Entendí que la epidemiología me permitía conocer cómo vive la gente y por qué las enfermedades llegan de una manera o de otra”, recuerda.  

Hoy coordina Epidemiología del Área de Salud Integral Comunitaria (ASIC) 508, en la parroquia Urimare.  

Toda esa experiencia se pondría a prueba cuando los terremotos sacudieron a Venezuela. 

Auris Vega recorre las carpas del estadio César Nieves identificando necesidades
OPS/OMS/Karen González
Auris Vega pregunta por personas con fiebre, diarrea o erupciones en la piel, revisa las condiciones de agua y saneamiento, identifica a quienes necesitan seguimiento por enfermedades crónicas
OPS/OMS/Karen González

Buscar a su hija mientras comenzaba la respuesta 

Cuando ocurrió la emergencia, Auris estaba sola en su casa. En pocos minutos perdió comunicación con su familia, su vivienda sufrió daños y durante dos días no supo si su única hija, médica de un ambulatorio en una zona montañosa de La Guaira, seguía con vida.  

“Fue terrible. Se fue la luz, todo fue una desconexión total y nadie sabía dónde estaba nadie. Yo solo quería encontrar a mi hija”, recuerda. 

Con ayuda de un joven que la trasladó en motocicleta, recorrió distintos sectores hasta llegar al ambulatorio donde trabajaba su hija, pero no la encontró: había salido a atender a familias afectadas por el colapso de viviendas. En esos recorridos observó edificios dañados, escombros y comunidades enfrentando las consecuencias del terremoto. 

Sin haber logrado aún reencontrarse con ella, Auris se incorporó a la respuesta. Al restablecerse parcialmente la comunicación, contactó a la coordinación estadal e inició evaluaciones de campo para identificar daños y riesgos sanitarios en las zonas afectadas. 

Dos días después del terremoto logró finalmente reencontrarse con su hija. “Fue un estallido de llanto. Las dos habíamos estado ayudando a otros sin saber si la otra estaba bien”, recuerda. 

La emergencia también golpeó a su equipo. Varios integrantes perdieron sus viviendas y de las nueve personas que conformaban el grupo de epidemiología bajo su responsabilidad, solo dos pudieron continuar trabajando de inmediato. “Prácticamente me quedé sin personal. Muchos perdieron todo y el miedo fue tan grande que decidieron no regresar”. 

Con una capacidad operativa reducida, Auris asumió durante la primera semana la vigilancia epidemiológica de varias parroquias. Recorrió comunidades y campamentos temporales, investigó eventos de salud y recopiló información para orientar la respuesta. 

Su trabajo ayudó a identificar necesidades prioritarias en las comunidades afectadas y a generar información clave para orientar las acciones de salud pública durante las primeras semanas de la emergencia. 

“Uno conoce su trabajo. Ya sabía qué información había que levantar y no podía esperar”. 

La emergencia también transformó la vida de quienes respondían. Mientras acompañaba a familias que habían perdido sus viviendas, Auris y su equipo procesaban sus propias pérdidas.  

“Uno nunca deja de ser enfermera. Si hace falta atender una herida, apoyar emocionalmente a una persona o simplemente escucharla, también lo hacemos”. 

Auris Vega examina a mujer emnbarazada
OPS/OMS/Karen González
Entrega de morrales médicos y de supervivencia
OPS/OMS/Karen González

Fortalecer capacidades para proteger la salud 

Con el paso de las semanas, la respuesta pasó de atender la urgencia inicial a sostener una vigilancia permanente de los riesgos sanitarios. En este proceso, la cooperación técnica de la OPS/OMS y el MPPS se enfocó en fortalecer las capacidades locales para que los equipos pudieran continuar detectando riesgos, investigando eventos y respondiendo oportunamente en las comunidades afectadas.  
 
Aunque gran parte de su labor ocurre lejos de los hospitales, la vigilancia epidemiológica es una de las primeras líneas de protección de la salud después de una emergencia. “Epidemiología es observar mucho: cómo vive la gente, cómo come, con quién vive. Hay que verlo todo, hay que vigilarlo todo”, explica Auris. 

Auris Vega
OPS/OMS/Karen González - Con apoyo de la OPS/OMS y el MPPS, equipos de vigilancia epidemiológica recorren comunidades de La Guaira para identificar riesgos sanitarios, investigar eventos y contribuir a una respuesta de salud pública oportuna y basada en evidencia.

En los campamentos, los equipos identifican riesgos asociados al agua, saneamiento e higiene, el hacinamiento, las enfermedades crónicas y otros factores que pueden afectar a las familias. También investigan eventos y casos sospechosos, toman muestras cuando es necesario y generan información para orientar las acciones de prevención y control. 

Para que ese trabajo pudiera realizarse con mayor rapidez y en mejores condiciones, la OPS/OMS, junto al MPPS, fortaleció la capacidad operativa de los equipos de vigilancia epidemiológica en La Guaira mediante cooperación técnica, equipamiento y herramientas para el trabajo en terreno. 

Como parte de esta respuesta, la OPS/OMS entregó 30 morrales médicos y de supervivencia, 14 equipos de cómputo destinados a los equipos de epidemiología y a las nueve Áreas de Salud Integral Comunitaria (ASIC) de La Guaira, y apoyó la instalación en el estado de una sala de mando de vigilancia epidemiológica para fortalecer el análisis y seguimiento de la información sanitaria. 

Los morrales permiten a los equipos realizar investigaciones epidemiológicas y tomar muestras directamente en las comunidades afectadas, mientras que los equipos informáticos agilizan la consolidación y el análisis de la información para una toma de decisiones más rápida y basada en evidencia. 

A esta respuesta se sumó la entrega de medicamentos a las ASIC y a un ambulatorio del estado para apoyar la continuidad de la atención de personas con enfermedades crónicas, así como insumos destinados a reforzar la respuesta en salud mental. 

“En una emergencia, fortalecer las capacidades de los equipos que están en territorio es fundamental. Estos equipos de despliegue, herramientas tecnológicas y medicamentos permiten que las ASIC continúen identificando necesidades, fortaleciendo la vigilancia y acompañando a las comunidades afectadas”, explicó Liz Parra, asesora del Programa de Emergencias de Salud de la OPS/OMS y coordinadora de la respuesta a la emergencia en Venezuela. 

Más allá de la respuesta inmediata a la emergencia, estas acciones contribuyen a dejar capacidades instaladas y a fortalecer la vigilancia de la salud pública. 

Mientras La Guaira continúa recuperándose, Auris sigue recorriendo los campamentos con el mismo morral que recibió al inicio de la respuesta. Observa, escucha, toma muestras y registra información. 

“Hay que verlo todo”, dice. 

Porque para Auris la vigilancia epidemiológica no consiste únicamente en contar casos, sino en identificar a tiempo aquello que puede poner en riesgo la salud de una comunidad y actuar antes de que se convierta en una emergencia mayor.