La realidad que encontró quedó reflejada en sus propias palabras: “Hay comunidades donde las personas deben caminar entre 2 y 3 horas para acceder al establecimiento de salud, debido a las condiciones irregulares del terreno y la ausencia de transporte público”.
Los Higueros es una de esas comunidades. La gente se moviliza en mototaxis, cuyo costo es de aproximadamente 12 a 15 dólares para llevarlos hasta Yorito.
En el camino, Kevin también se reunió con representantes de los Comités de Salud de Pacayal, Mina Onda, Capiro y Campo Siete, quienes trabajan junto al personal de salud para identificar necesidades y acercar la atención a sus comunidades. Estos espacios de diálogo son fundamentales para encontrar soluciones adaptadas a la realidad de las familias que viven en zonas rurales de difícil acceso.
El 40.6% de la población de este municipio es descendiente directo de la etnia Tolupán. En esta zona, solo se cuenta con dos auxiliares de enfermería; el personal médico solo está disponible en Yorito, pero a pesar de las barreras geográficas y económicas, de los 34 partos registrados este año, 33 han sido institucionales y solo uno ocurrió a nivel comunitario.
La jornada de Kevin continuó hasta Santa Marta, otra comunidad donde si hay un bus que sale a las 6 de la mañana y regresa a las 4 de la tarde. Su viaje en camioneta 4x4 le llevó dos horas debido a las condiciones del camino. Tampoco hay señal telefónica durante la mayor parte del trayecto.
En Santa Marta, Kevin constató que hacen falta voluntarios de salud o promotores para hacer la captación oportuna de las embarazadas y que no lleguen en su segundo o tercer trimestre de embarazo a su primer control prenatal, además de buscar mecanismos para promover el parto institucional, tomando en cuenta las características interculturales y geográficas de la comunidad.
Debido a estas barreras de acceso, gracias al proyecto financiado por el Fondo Humanitario para Honduras, la OPS acompaña y coordina esfuerzos con los establecimientos de salud, las autoridades sanitarias y los líderes comunitarios para reducir las brechas de acceso a la atención sanitaria en algunos de los municipios más vulnerables del departamento de Yoro.
Porque detrás de cada jornada de vacunación, cada consulta y cada acción comunitaria hay madres, padres, niñas, niños y personas mayores que merecen recibir atención oportuna sin que la distancia se convierta en una barrera para su salud. La imagen de Iris González y su pequeña hija Norys recibiendo la vacuna contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis (SRP) en El Higuero, representa mucho más que una vacuna aplicada. Representa el esfuerzo de las familias por cuidar su salud, el compromiso de los equipos sanitarios por llegar hasta las comunidades y el trabajo conjunto para que nadie se quede atrás, sin importar dónde viva.