• Dos perros caminan por el pueblo solos

Perú y Bolivia fortalecen la cooperación para enfrentar la rabia

—Mayo de 2026—

En Sucre, Bolivia, los perros forman parte de la vida cotidiana. Deambulan por mercados y barrios, siguiendo rutas familiares de una cuadra a otra. Muchos no son realmente perros sin hogar: regresan a casa por la noche, donde alguien los alimenta, y los vecinos suelen cuidarlos.

A diferencia de los perros ferales —que han tenido poco o ningún contacto con humanos y suelen ser evitados— estos “perros comunitarios”, comunes en muchas ciudades y pueblos de América Latina, conviven de cerca con las personas. Algunos incluso usan suéteres durante el invierno. Sin embargo, no pertenecen a nadie en particular.

Esta forma de convivencia con los perros está marcada por la costumbre y la cultura, pero plantea un desafío. Sin un dueño responsable de cada animal, la vacunación contra la rabia se vuelve irregular y difícil de monitorear. En áreas donde esta enfermedad mortal persiste, incluso un pequeño número de perros no vacunados puede permitir que el virus siga circulando.

La rabia sigue siendo endémica en Bolivia y el sur de Perú. En los últimos cinco años, ambos países han reportado más de 180 casos de rabia canina. A través de la Cooperación entre Países para el Desarrollo Sanitario (CCHD)—un proyecto apoyado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y su centro especializado, PANAFTOSA— ambos países trabajan juntos para fortalecer la detección, la vigilancia, la prevención y el control de la rabia.

La rabia es una enfermedad zoonótica con una tasa de letalidad cercana al 100%. Se estima que causa alrededor de 59.000 muertes en humanos al año en el mundo, cerca del 40% en niños menores de 15 años. Entre 2013 y 2022, se reportaron 31 muertes humanas en Bolivia, y en los últimos tres años se han notificado cuatro casos.

“El perro que transmite la rabia es el que tiene contacto con las personas: el que va y viene, en las calles, sin un dueño formal”, explica Marco Vigilato, asesor en enfermedades zoonóticas y salud pública veterinaria de la OPS. “La percepción del riesgo es uno de los mayores desafíos. Si las personas no perciben el riesgo, no apoyarán los servicios de vacunación ni reportarán la muerte de un perro”, añade.

Capacitación a personal de salud
Vacuna de la rabia para distribución
Actividades de capacitación en laboratorio

Un desafío compartido

El proyecto, implementado entre 2024 y 2025, es un ejemplo de cooperación Sur-Sur, basada en la idea de que los países que enfrentan desafíos similares pueden aprender unos de otros. A través de esta alianza, Bolivia y Perú intercambiaron experiencia técnica en áreas clave como la vigilancia de la rabia, metodologías de campo, trabajo comunitario y diagnóstico de laboratorio.

Uno de los principales resultados del proyecto fue el desarrollo conjunto de dos herramientas clave: protocolos de vigilancia de focos de rabia y una metodología para estimar la población canina. Estos productos se construyeron a partir de una serie de talleres de intercambio técnico que incluyeron actividades de campo realizadas en Bolivia, en La Paz, Sucre y Cochabamba, así como en zonas fronterizas cercanas al lago Titicaca.

En toda la región, las campañas de vacunación a menudo se han basado en estimaciones desactualizadas de la población. En muchos casos, el número real de perros es significativamente mayor, lo que significa que incluso campañas bien ejecutadas no logran alcanzar el 80% de cobertura necesario para interrumpir la transmisión.

“Estimar la población canina es fundamental. Sin eso, no podemos planificar con precisión cuántas vacunas se necesitan ni medir la cobertura”, señala Vigilato.

En Cochabamba en 2025, más de 60 profesionales de los niveles nacional, departamental y local de ambos países trabajaron para fortalecer la coordinación, alinear enfoques y construir una comprensión compartida de los estándares de vigilancia de la rabia. Los participantes también aplicaron la metodología de estimación de la población canina para mejorar la planificación y la asignación de recursos.

Otra área clave de avance ha sido el diagnóstico de laboratorio. A través de capacitaciones e intercambios, los laboratorios nacionales de ambos países han fortalecido sus procedimientos, explorado nuevas metodologías y mejorado la confiabilidad de los resultados.

“La prueba de PCR es muy sensible; las muestras deben llegar en buenas condiciones para asegurar resultados consistentes. Con nuestros colegas de Bolivia, analizamos alternativas para garantizar el adecuado transporte de las muestras”, explica Ricardo López, del Instituto Nacional de Salud del Perú.

En conjunto, estos esfuerzos están mejorando el control de la rabia, combinando campañas de vacunación más sólidas con una vigilancia más oportuna y coordinada. Con mejores datos, los equipos de salud pueden planificar con mayor precisión, desplegar brigadas estratégicamente y priorizar las zonas de mayor riesgo. Además, las guías actualizadas para la respuesta a brotes ayudan a garantizar acciones más rápidas y coordinadas cuando se detectan casos.

“Nuestros países pueden tener sistemas diferentes, pero compartimos fronteras y debemos trabajar juntos, considerando la naturaleza de estas enfermedades, la interacción y la cooperación para implementar políticas de salud pública eficaces”, explica Walter Oporto, gerente regional de salud del departamento de Arequipa en Perú.

Primera prueba: un caso de rabia en Sucre

En octubre de 2025, las autoridades de salud pública en Bolivia tuvieron su primera oportunidad de aplicar estas herramientas en la práctica. Trabajando junto a sus contrapartes peruanas, equipos locales, municipales y departamentales coordinaron brigadas de salud para responder a un caso humano de rabia, un enfoque que luego serviría como modelo en todo el país.

Equipados con vacunas, formularios y herramientas simples para sujetar animales de manera segura, los equipos recorrieron calle por calle: tocando puertas, deteniendo transeúntes y revisando callejones en busca de perros.

“Nuestro grupo incluyó a más de 50 trabajadores, y realizamos una respuesta a gran escala, llegando incluso a los barrios más alejados. Se vacunaron muchos perros y gatos”, explica Patricia Ledezma, veterinaria que apoya los esfuerzos de control del brote.

La misión era simple, pero urgente: encontrar a cada animal, identificar cada posible exposición y detener el virus antes de que se propagara. La rabia es siempre mortal una vez que aparecen los síntomas.

En cada hogar, las brigadas hacían las mismas preguntas: ¿hay perros aquí y están vacunados? ¿Alguien ha sido mordido? Los animales no vacunados eran vacunados en el momento. Se completaban registros y se colocaban collares de colores para identificar a los animales protegidos. Los perros comunitarios en las calles eran capturados cuidadosamente y vacunados.

“Estas mascotas van a muchos lugares y debemos ser más cuidadosos. Las vacunas contra la rabia son esenciales, y con el apoyo del municipio podemos llegar a muchos más animales”, explica Omar Salazar, presidente de la junta vecinal de El Abra, en Sucre.

Un perro pequeño recibe vacuna
Actividad comunitaria de vacunación
Actividad comunitaria de vacunación

Hacia la eliminación de la rabia humana transmitida por perros

En 2023, más de 45 millones de perros fueron vacunados en las Américas a través de campañas públicas. Este número refleja una mayor concienciación y un mejor acceso a la atención para las personas expuestas al virus.

Como resultado, la región ha logrado una reducción del 98% en la rabia humana transmitida por perros, pasando de 300 casos en 1983 a 10 en 2025. Este progreso respalda la Iniciativa de la OPS para la Eliminación de Enfermedades, que busca eliminar más de 30 enfermedades transmisibles y afecciones relacionadas para 2030.

Actividad de vacunación de perros a nivel comunitario
Carné de vacunación
Personal de salud acude a las comunidades para vacunar a los perros callejeros y con dueños