Proyecto de la OPS fortalece la capacidad en materia de atención de salud mental y apoyo psicosocial para migrantes en Boa Vista, Roraima

"Cuando inmigramos, teníamos miedo porque no conocíamos nada", cuenta Yulimar Serrano Alarcón, médica venezolana que salió de Caracas con sus tres hijos para emprender un viaje de una semana rumbo al estado de Roraima en Brasil. Yulimar vivió en un albergue en Boa Vista, la capital, entre el 2019 y el 2020, donde trabajó como facilitadora de la OPS en el proyecto de fortalecimiento de la capacidad local en materia de atención de salud mental y apoyo psicosocial en el marco del flujo migratorio. Yulimar recuerda el temor que sintió al llegar a un país donde se hablaba otro idioma y en el cual no tenía casa ni una red de apoyo.
 
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No se sabe nada. Uno está inestable. No sabe si va a comer, si te van a herir o si va a sufrir abuso o violencia física o sexual por estar expuesta” - Yulimar Serrano Alarcon

En reconocimiento del impacto devastador que tiene la migración forzosa sobre la salud mental, entre agosto del 2019 y diciembre del 2020, la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) en Brasil introdujo una propuesta interinstitucional de asistencia humanitaria preparada conjuntamente con otros tres organismos de las Naciones Unidas: la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). El trabajo de los organismos internacionales se financió con recursos donados por la Embajada de Japón en Brasil.
Uno de los pilares del proyecto fue la capacitación de los migrantes para facilitar la creación de grupos de ayuda y de apoyo recíproco como estrategia de fortalecimiento de los vínculos familiares y comunitarios en los albergues y en las zonas de ocupación espontánea. Yulimar fue uno de los 22 líderes comunitarios capacitados en el proyecto para actuar como facilitadores de grupos. Con lo que aprendió, pudo transformar el miedo y la incertidumbre que sintió al migrar para ayudar y empoderar a su comunidad. “El apoyo consiste en actividades en las cuales las personas con ansiedad, trastornos psicológicos y sufrimiento tienen una opción para resolver su problema, ya sea por medio de psicoterapia, caminatas o tejido o de algo que las incentive y les dé esperanza de que están haciendo algo motivador.”
Leany Torres, líder indígena y también facilitadora de la OPS, cuenta que la experiencia en los grupos de ayuda mutua acaba fortaleciendo a todos. “Cuando nos reunimos, comenzamos a contar nuestras historias y nos damos cuenta de que no estamos solos. Al estar unidos, los problemas no son tan graves como cuando los enfrentamos solos”, dijo la Leany, que también es venezolana.
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El proyecto, que se inició unos meses antes del surgimiento del nuevo coronavirus, demostró ser aún más necesario para la población durante la COVID-19. “Al llegar la COVID-19, ya sabíamos que las cosas cambiarían. Al cabo de algunas semanas, recibimos orientación para ser no solo facilitadores del grupo de ayuda sino también agentes de protección contra la COVID-19”, explicó Leany. “El trabajo consistió no solamente en prevenir, sino también en reconocer los síntomas (…) y ver qué se podía hacer. Cuando hablamos con ellos, dimos explicaciones en español y en el idioma warao. También hubo una traductora para la comunidad de los eñepá”, agregó.
En total, 1.685 migrantes, entre ellos, niños, jóvenes, adultos y personas mayores, se beneficiaron de actividades de promoción de la salud mental y de apoyo psicosocial vinculadas al proyecto y fue posible llegar a 2.893 personas con medidas de orientación y prevención de la COVID-19.