• Miriam Vacunación Honduras
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Una vacuna, un sueño, un gol

                                     La historia de Myriam Wood Melgar y el pequeño Willy                                                     

Puerto Lempira, Gracias a Dios, Honduras. Myriam Wood Melgar se levanta antes de que el calor avise. Esa mañana, como casi todas, empezó despachando a sus dos hijos más grandes a la escuela. Cuando la puerta se cerró y la casa quedó en silencio, solo estaban ella y Willy.

Y fue entonces cuando vio el carné de vacunación sobre la repisa.

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Myriam es de la etnia miskita, oriunda de Brus Laguna, municipio de Gracias a Dios. Vive en Puerto Lempira, trabaja sola para sacar adelante a sus tres hijos y carga sin quejarse todo lo que una mamá puede cargar. Los últimos meses estuvieron duros —una pérdida, el trabajo, la vida encima. Y en esos días revueltos, la fecha de la vacuna contra la polio de Willy se pasó sin que ella pudiera agarrarla.

No fue descuido. Fue todo lo demás.

UNA VIDA DE RESILIENCIA

Tiene un primo que de cipote le dio polio. Un hombre que con una voluntad extraordinaria se volvió maestro —de los que marcan, de los que los alumnos recuerdan años después. Llegó a las aulas de la Mosquitia con las secuelas de la enfermedad encima: los caminos de tierra, las escuelas sin rampas, las distancias que por acá no se miden en kilómetros sino en lo que el cuerpo aguanta. Él llegó. Siempre llega. Pero Myriam sabe que todo le habría costado menos si una vacuna, a tiempo, hubiera llegado primero a él.

Eso es lo que ve cuando mira el carné de Willy: no un papel, sino una promesa.

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El pequeño Willy sueño con patear una pelota en los grandes estadios.

En la casa se habla de fútbol. El abuelo jugó, el tío también. Hay una foto en la pared con botas embarradas y una sonrisa que no cabe en el marco. Willy tiene diez meses y ya tiene una pelota que no suelta.

En Honduras el fútbol es de las pocas puertas que se abren sin importar de dónde venís ni cuánto tenés. No hace falta apellido ni palanca —hace falta talento, ganas, y un cuerpo sano que pueda correr y llegar. Myriam lo sabe. Y sabe que para que Willy pueda perseguir ese sueño, primero tiene que estar protegido. Desde hoy, desde este carné, desde estas gotitas de vacuna, está poniendo la base de todo lo que su hijo puede llegar a ser.

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Esa mañana agarró el carné, lo abrió, vio la fecha que se había pasado. Y algo en ella se acomodó, sin discurso ni drama —aunque ese día no lo pensó así, claro, ese día solo pensó en llegar.

Hoy. Antes del trabajo. Antes de cualquier otra cosa.

Porque las tristezas de la vida son reales —y Myriam las conoce de cerca. Pero la salud de sus hijos no puede esperar. Eso no se deja para después. Nunca.

Arregló a Willy con su mejor ropita —él rezongó, como siempre— y se fueron al centro de salud.

La vacuna contra la polio se toma en gotitas. Willy frunció el ceño cuando se las pusieron. Duró exactamente tres segundos. Luego se quedó mirando el techo con esa cara de quien acaba de descubrir que el mundo existe.

Myriam respiró.

"Las tristezas de la vida son reales. Pero la salud de mis hijos no puede esperar. Eso no se deja para después. Nunca.”

— Myriam Wood Melgar, comunidad La Esperanza, Puerto Lempira

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Las familias de La Mosquitia no deberían tener que pelear más duro que nadie para cuidar a sus hijos. Y las vacunas, cuando llegan a tiempo, emparejan esa cancha.

La polio fue eliminada de las Américas. Que siga así depende de decisiones como la de Myriam.

Willy va a crecer. Va a seguir pateando su pelota. Y cuando corra en esa cancha, sano, con todo por delante, no va a saber el nombre de la vacuna que lo cuidó.

Pero Myriam sí lo sabe.

Y con eso basta.

LA DECISIÓN DE HOY

“Tu decisión marca la diferencia.”

La 24.ª Semana de Vacunación de las Américas se celebra del 25 de abril al 2 de mayo de 2026. Fijate si los esquemas de vacunación de tus hijos están al día y acercate al establecimiento de salud más cercano. Es gratis. Es su derecho.