Tegucigalpa, M.D.C., 8 de junio de 2026. ¿Qué tiene que pasar para que un alimento sea seguro? En la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), estudiantes y docentes no lo leyeron en un manual: lo recorrieron, lo discutieron y lo pusieron a prueba.
Así se vivió la “Ruta de la Inocuidad”, una jornada educativa impulsada por el Comité Nacional del Codex Alimentarius que convirtió el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos en una experiencia práctica sobre cómo se protegen los alimentos —y la salud— en cada etapa de la cadena alimentaria.
La actividad reunió a universidades, instituciones públicas, sector privado y cooperación internacional en un ejercicio conjunto para acercar la inocuidad alimentaria a la vida cotidiana. A través de estaciones interactivas, los participantes abordaron desde la producción hasta el consumo de los alimentos, evidenciando que la seguridad alimentaria no depende de un solo actor, sino de decisiones coordinadas a lo largo de todo el proceso.
La Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) acompañó la jornada con una charla técnica inicial brindada por PANAFTOSA, en la que subrayó que la inocuidad de los alimentos es una de las intervenciones más efectivas para prevenir enfermedades y proteger a la población y en la que se aportaron conocimientos técnicos clave reforzando el enfoque de “Una Salud”, integrando la salud humana, animal y ambiental en la gestión de los riesgos alimentarios.
“Garantizar alimentos inocuos es proteger la salud, pero también fortalecer la confianza en los sistemas alimentarios y el desarrollo del país”, destacó el Dr. Diogo Alves, Asesor de la OPS/OMS en Honduras, durante la apertura del evento. La OPS/OMS ha venido apoyando al país en el fortalecimiento de capacidades regulatorias, vigilancia basada en riesgo y gestión de la inocuidad, en coordinación con instituciones nacionales como ARSA y SENASA.
Bajo el lema 2026 del Codex Alimentarius, “De la carga a las soluciones: alimentos inocuos en todas partes”, la iniciativa apostó por transformar un mensaje global en acciones concretas. Cada participante recorrió la “ruta”, resolvió desafíos y completó dinámicas, convirtiendo el aprendizaje en una experiencia activa, accesible y memorable.
El mensaje es claro: la inocuidad no empieza en la cocina ni termina en la mesa. Está presente en cada decisión que se toma desde la producción hasta el consumo.
Para la OPS/OMS, este tipo de iniciativas son clave para fortalecer una cultura de prevención basada en evidencia, sensibilizar a nuevas generaciones y consolidar sistemas alimentarios más seguros. En un contexto donde las enfermedades transmitidas por alimentos siguen representando un desafío para la salud pública, invertir en educación, coordinación y capacidades técnicas es una de las decisiones más efectivas para proteger a la población.
