Sequías, inseguridad alimentaria, dengue, incendios forestales e inundaciones ya afectan a varios países de la región, en un contexto de fortalecimiento de El Niño.
Washington, D.C., 18 de septiembre de 2026 (OPS) – El Niño continúa fortaleciéndose y podría generar importantes impactos sobre la salud pública en las Américas durante los próximos meses, según el primer Reporte de Situación regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre el fenómeno.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad superior al 90% de que el evento alcance una intensidad “muy fuerte” entre finales de 2026 e inicios de 2027.
La OPS señala que los efectos ya se están observando en distintas partes de la región. Varios países enfrentan sequías, inseguridad alimentaria, incendios forestales e inundaciones en el contexto del fortalecimiento de El Niño, aunque no todos estos eventos han sido atribuidos directamente al fenómeno. Actualmente, ocho países o territorios han emitido declaratorias oficiales de emergencia o alerta relacionadas con amenazas vinculadas al fenómeno.
“El Niño no es solamente un fenómeno climático. Puede afectar la salud de las personas de múltiples maneras, desde la inseguridad alimentaria, las enfermedades transmitidas por vectores y por el agua, hasta la interrupción de los servicios de salud”, afirmó Ciro Ugarte, Director del Departamento de Emergencias en Salud de la OPS. “Con una probabilidad superior al 90% de un evento muy fuerte, este es un riesgo que los países deben tomar en serio y para el cual deben prepararse desde ahora”, añadió.
El informe destaca que más de 5,2 millones de personas se encuentran afectadas, expuestas o en situación de inseguridad alimentaria aguda en la región, mientras que varios países ya registran impactos sanitarios asociados a eventos climáticos extremos. A partir de la información disponible, el monitoreo identificó ocho países o territorios con sequía o déficit hídrico activo, seis con incendios forestales de impacto o riesgo sanitario y cinco con afectaciones documentadas por lluvias intensas o inundaciones.
En América Central, una de las principales preocupaciones es la situación del Corredor Seco, particularmente en Honduras, Guatemala y El Salvador, donde la sequía está afectando la disponibilidad de agua, la producción agrícola y la seguridad alimentaria. En Guatemala, cerca de tres millones de personas enfrentan niveles críticos de inseguridad alimentaria, mientras que Honduras reporta entre 1,8 y 2,2 millones de personas afectadas por inseguridad alimentaria aguda.
En la Región Andina, Colombia enfrenta un escenario complejo marcado por incendios forestales, lluvias intensas y un brote activo de dengue, además de riesgos asociados a malaria y fiebre amarilla. Perú registra una de las situaciones más severas de la región, con lluvias, inundaciones y deslizamientos de tierra, con al menos 70 muertes reportadas en distintos eventos entre diciembre de 2025 y agosto de 2026 y afectaciones acumuladas en más de 600 establecimientos de salud.
Brasil concentra actualmente una de las señales ambientales más relevantes, con descenso de los niveles de agua en la cuenca amazónica y deterioro de la calidad del aire asociado a incendios forestales. Según el monitoreo citado por la OPS, 630 municipios registran niveles de partículas finas superiores a los recomendados por la OMS. Hasta la fecha de corte, no se había establecido una correlación con desenlaces sanitarios específicos.
En el Caribe, Jamaica, Puerto Rico y Trinidad y Tobago reportan condiciones de sequía y riesgos asociados a la escasez de agua, mientras que en el Cono Sur varios países mantienen medidas de preparación ante el aumento previsto de lluvias, inundaciones y otros eventos extremos durante los próximos meses.
Los riesgos identificados incluyen efectos directos del calor extremo, enfermedades transmitidas por vectores y por el agua, deterioro de la calidad del aire y afectaciones a la continuidad de los servicios esenciales de salud. El informe también advierte sobre la vulnerabilidad de los establecimientos sanitarios frente a daños en infraestructura, interrupciones del suministro de agua y energía, y afectaciones a las cadenas de suministro y vacunación, así como a la continuidad de la atención y al acceso a los servicios de salud.
Durante episodios anteriores de El Niño, la región también enfrentó emergencias sanitarias importantes, entre ellas la reemergencia del cólera en la década de 1990, la epidemia de Zika y chikunguña en 2015-2016 y los niveles récord de transmisión de dengue en 2023 y 2024.
En respuesta, la OPS está apoyando acciones de preparación y respuesta en distintos países, incluyendo iniciativas para fortalecer la resiliencia de los servicios de salud, mejorar la vigilancia epidemiológica, reforzar la seguridad hídrica y apoyar la continuidad de la atención en comunidades vulnerables.
La Organización insta a los países a fortalecer los sistemas de vigilancia y las alertas tempranas, proteger la continuidad de los servicios esenciales de salud, y garantizar el acceso a agua segura, vacunación, medicamentos y atención para las poblaciones más vulnerables, además de revisar y actualizar los planes de contingencia hospitalarios y de las redes de servicios con el fin de reducir los posibles impactos sanitarios de un fenómeno que podría convertirse en uno de los eventos de El Niño más intensos de los últimos años.
