Asunción, 07 de septiembre de 2026 (OPS/OMS). – Las Redes Integradas e Integrales de Servicios de Salud (RIISS) no se limitan a una estructura administrativa o a un modelo de gestión: constituyen una herramienta para hacer realidad los principios de la Atención Primaria de la Salud (APS): acercar la atención a las personas, acompañarlas a lo largo de la vida y lograr que los distintos niveles y servicios trabajen de manera articulada.
Este desafío estuvo en el centro de las reflexiones del II Congreso Paraguayo de Salud Pública realizado en Asunción, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) y organizado por el Instituto Nacional de Salud (INS) del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS).
Las exposiciones de dos asesoras de la OPS/OMS contextualizaron y situaron a las RIISS de Paraguay en el foco de uno de los desafíos fundamentales de la transformación sanitaria: hacer que la Atención Primaria de la Salud (APS) sea el principio articulador de un sistema integrado, territorial y centrado en las personas.
Se trató de las intervenciones de la Dra. Alejandra Carrillo, Asesora de Sistemas y Servicios de Salud de la OPS/OMS en Paraguay, y la Dra. Yohana Díaz, Asesora Regional de Formación Profesional en Recursos Humanos, también de la OPS/OMS.
De la expansión de la APS a una red clínicamente coordinada
La Dra. Carrillo planteó que pensar las redes implica ir más allá de la organización de los establecimientos y preguntarse de qué manera el sistema de salud responde a las necesidades de las personas, los territorios, las familias y las comunidades. Desde esta perspectiva, la APS se convierte en el punto de partida para construir una atención que acompañe a las personas, familias y comunidades en distintos niveles articulados del sistema, respondiendo a necesidades concretas.
El proceso sostenido de fortalecimiento del primer nivel de atención que experimentó Paraguay, fue visible a través de los años particularmente mediante la expansión progresiva de las Unidades de Salud de la Familia (USF) y de los equipos que desarrollaron su trabajo en las comunidades. Estas USF avanzaron también en la delimitación georreferenciada de sus poblaciones adscritas, identificando las comunidades bajo su responsabilidad de atención. Además, hubo experiencias de territorios en los que el modelo se adaptó a las características de comunidades rurales y vulnerables.
Sin embargo, contar con una descripción territorial de la población no necesariamente se traduce en una descripción funcional de la red. Uno de los principales desafíos identificados en esa funcionalidad es la capacidad de garantizar la continuidad del cuidado de las personas, necesidad que adquiere especial relevancia frente al aumento de enfermedades no transmisibles y condiciones crónicas que requieren seguimiento continuo. “El desafío no consiste solamente en contar con establecimientos conectados, sino en transformar ese conjunto de servicios en una red realmente coordinada desde el punto de vista clínico, capaz de acompañar a las personas, con enfoque de curso de vida, dentro del sistema de salud” señaló la Dra. Carrillo.
La integración, en este sentido, no se mide por la cantidad de establecimientos existentes, sino por la capacidad de que una persona pueda transitar por el sistema sin perder la continuidad de su atención.
El talento humano como condición para que la red funcione
Esta dimensión fue desarrollada por la Dra. Yohana Díaz durante su conferencia “Transformación de la educación profesional en salud en las Américas”, donde señaló que la transformación de los sistemas sanitarios exige transformar también la manera en que se forman sus profesionales.
La especialista planteó que uno de los desafíos consiste en reducir la brecha entre las necesidades de los sistemas de salud, el territorio y lo aprendido en las instituciones académicas. Esto tiene que ver más allá de la cantidad de profesionales formados, con las competencias adquiridas. “La experiencia en territorio permite que quienes se están formando conozcan desde temprano las necesidades reales de la población y comprendan los desafíos cotidianos de los servicios”, señaló la Dra. Yohana.
Asimismo destacó la importancia de pensar en el futuro desde el momento de la formación. Las carreras profesionales requieren varios años de preparación y, posteriormente, los profesionales desarrollan décadas de ejercicio, por lo que las competencias adquiridas durante su formación deben anticiparse a las transformaciones que encontrarán en los servicios: “Entonces, ¿cuál es el desafío que se nos pone enfrente y que es totalmente dinámico? Es asegurar que la formación esté alineada con las necesidades reales y futuras del sector de salud”.
Digitalización: un avance que planteó nuevos desafíos
Un hecho pocas veces reconocido por su población en general es que Paraguay experimentó un salto cualitativo en materia de digitalización. Hospitales de distintos niveles de complejidad incorporaron herramientas de información geográfica y tableros de gestión que permiten disponer de datos en tiempo real y utilizarlos, entre otros aspectos, para la gestión de medicamentos y farmacias.
Pero el avance tecnológico también plantea una nueva brecha. La instalación de sistemas digitales en los establecimientos no garantiza por sí misma que estos funcionen de manera integrada. En este aspecto, desde la OPS/OMS, se observa que el siguiente desafío para el país consiste en lograr que los distintos sistemas puedan interoperar y que la información generada circule de manera efectiva dentro de la red.
La Asesora Yohana Díaz, colocó en la conversación el uso de tecnologías, y que, además, la incorporación de la inteligencia artificial y de otras herramientas digitales demanda nuevas competencias en los estudiantes y profesionales de la salud, principalmente la responsabilidad con la privacidad, el respeto a las personas y los marcos legales, aprovechando de manera criteriosa las oportunidades vinculadas con la salud digital, la telesalud, la optimización de procesos con IA, e incluso la simulación clínica.
Participación para la gobernanza
En el país, la gobernanza, la participación social y la acción intersectorial tuvieron ciertos avances en materia normativa, en alineación con la política nacional de salud, tal es el ejemplo la política y el plan de salud mental o las experiencias de iniciativas de municipios saludables, escuelas saludables y ciudades amigables con los adultos mayores.
Sin embargo, persisten obstáculos vinculados con la centralización de la gestión.
Para que una red funcione efectivamente, la asesora recordó la necesidad de fortalecer y empoderar a las regiones sanitarias y a los representantes locales, de manera que cuenten con capacidad resolutiva y herramientas de gobernanza que movilicen a los distintos actores de las comunidades, incluso influyendo positivamente en la gestión de medicamentos, insumos y otros medios vinculados a desafíos logísticos y de capacidades de atención. “La comunidad conoce sus propias necesidades y puede identificar qué funciona y qué no; la comunidad puede aportar propuestas para resolver los problemas”, destacó.
En este sentido, la Dra. Carrillo valoró la existencia de los Consejos Locales de Salud en Paraguay y señaló que existieron experiencias particularmente exitosas que pudieron ser fortalecidas y replicadas, incluyendo algunas desarrolladas en el Chaco. La participación comunitaria, desde esta perspectiva, no constituyó un componente accesorio de la red, sino una condición para que la organización de los servicios respondiera efectivamente a las necesidades del territorio.
En relación con esto, la Dra. Díaz planteó en su conferencia la necesidad de reducir las distancias entre la academia y el territorio, estrechando el vínculo de las personas en formación con los servicios de salud, de manera que exista una conexión desde los inicios de la práctica con las necesidades reales de la población.
Una posibilidad, siempre que sea en conjunto
La construcción de Redes Integradas e Integrales de Servicios de Salud requiere, necesariamente, avanzar de manera simultánea en distintos frentes que se sostienen unos a otros: organización territorial de la atención, continuidad del cuidado, integración clínica, transformación digital, distribución equitativa de los recursos humanos, disponibilidad de medicamentos e insumos, gobernanza descentralizada, participación comunitaria y financiamiento.
Los avances registrados en Paraguay ofrecieron una base sobre la cual continuar construyendo, pero también permitieron identificar brechas que no pudieron resolverse únicamente mediante la expansión de establecimientos o la incorporación de nuevas tecnologías.
