Una brigada médica integral para población desplazada llegó el 19 de marzo de 2026 en el Bajo Aguán. Mercy, madre campesina de 20 años, fue una de las más de 300 personas que ese día recibieron atención. Esta es su historia.
Bajo Aguán, Colón. Esa mañana amaneció lluviosa. Mercy salió igual. Cargó a Danisley —tres años, todavía con los ojos pegados del sueño— y emprendió la caminata. Una hora a pie, sola, por los senderos del Bajo Aguán. Mercy es campesina; su vida transcurre entre el cuidado de su hija y el trabajo de la tierra. No estaba acostumbrada a que la salud llegara hasta donde ella vive. Ese día era diferente: el Proyecto CERF de las Naciones Unidas había llegado al Bajo Aguán.
Cuando llegó a las instalaciones de la Cooperativa El Chile, el equipo ya había instalado carpas y sillas para que nadie esperara bajo la lluvia. Eran las siete de la mañana y la fila ya era larga. Mujeres con niños, personas mayores, familias enteras que habían llegado desde temprano sin importar el clima. A las diez, la lluvia cedió y el sol volvió. La afluencia no había parado un momento.
La brigada —organizada por la Región Sanitaria de Colón de la Secretaría de Salud, con apoyo técnico y logístico de la OPS— atendió ese día a las comunidades desplazadas de la zona. Los servicios ofrecidos cubrían desde consulta médica general hasta salud mental, vacunación, ginecología, salud reproductiva y, de forma notable, vacunación de animales domésticos para reducir riesgos de zoonosis en familias que habían perdido su entorno habitual.
Fue una alegría cuando supimos que venían. La gente llegó con ganas, con sus hijos, con sus mamás. Todos querían atenderse.
— Mercy, 19 años • Bajo Aguán, Colón
Una puerta difícil de abrir
Que la brigada llegara a estas comunidades —cuyo nombre exacto se omite por razones de seguridad en el contexto del conflicto agrario— no fue sencillo. En un territorio donde la disputa por la tierra genera desconfianza hacia las instituciones externas, los líderes comunitarios deliberaron antes de aceptar. Fue la presencia de la OPS lo que inclinó la balanza: una organización percibida como neutral, sin intereses en la disputa, cuya trayectoria genera la confianza necesaria para que la Secretaría de Salud pueda llegar donde de otro modo no llegaría.
La primera parada de Mercy fue la mesa de vacunación. Danisley no tenía el esquema completo, y Mercy le comentó a la enfermera que la niña andaba con tos. La enfermera la evaluó: sin fiebre, infección respiratoria leve. Le explicó que una tos suave no contraindica la vacunación — al contrario, esperar deja a la niña más expuesta. Mercy asintió. Era información que cambiaba cómo entendía la salud de su hija. Danisley recibió las vacunas contra sarampión, rubéola, paperas y varicela que tenía pendientes. Apretó la mano de su mamá, lloró dos segundos y al terminar sostuvo su carné amarillo con las dos manos.
En la consulta médica, el doctor evaluó la tos de Danisley y recetó el tratamiento. Luego ocurrió algo que Mercy no anticipaba: alguien se sentó a preguntarle cómo estaba ella. Le tomaron la presión, le revisaron el peso, le explicaron los cuidados. Nadie la apresuró.
En la mesa de salud sexual y reproductiva recibió orientación sobre planificación familiar y accedió al cambio de método que necesitaba desde hacía meses. Después vino la citología cervical, un examen que nunca antes había podido hacerse y que ese día 12 mujeres de las tres cooperativas realizaron por primera vez.
Uno no sabe lo que tiene derecho a pedir. Yo pensaba que era normal sentir así. Pero no. Y ahora sé que podía cambiar.
— Mercy
Al final del circuito, en uno de los espacios habilitados dentro de las instalaciones, Mercy habló con una psicóloga. Por primera vez en mucho tiempo, alguien le preguntó cómo estaba por dentro. Vivir en una zona de conflicto agrario tiene un peso que no siempre se nombra. Ese día, 40 personas lo nombraron. Mercy fue una de ellas. Eso también fue medicina.
Se beneficia mucha población que a veces no tiene contacto regular con los servicios de salud. En una sola jornada ofrecemos consulta general, revisión del esquema de vacunación, citología, planificación familiar, salud mental y detección de enfermedades. Son servicios que muchas personas nunca se han realizado. Recibimos el apoyo de la OPS y de las Naciones Unidas: logística, transporte, alimentación. Todo se planificó semanas antes con reuniones en Tocoa. Fue una brigada muy bien organizada.
Sobre el proyecto
El Proyecto CERF "Salvando Vidas: Acciones Estratégicas de Salud" es una iniciativa del Fondo Central de Respuesta a Emergencias de las Naciones Unidas (CERF), que responde a la crisis humanitaria generada por la Tormenta Tropical Sara (noviembre 2024), las inundaciones y el desplazamiento por el conflicto agrario en los departamentos de Atlántida, Cortés y Colón. En este marco, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lidera el componente de salud, en coordinación con la Secretaría de Salud de Honduras (SESAL), aportando asistencia técnica, logística y supervisión de calidad en cada brigada.
Cuando el sol terminó de imponerse, las instalaciones de la Cooperativa El Chile comenzaron a vaciarse. Las familias volvieron a sus caseríos con recetas, carnés actualizados y medicamentos en la mano. Incluso los perros y gatos de algunas familias salieron vacunados.
Mercy emprendió el camino de regreso —una hora a pie, con Danisley de la mano— diferente a como había venido. No solo traía medicamentos y un carné al día. Traía algo más difícil de medir: la certeza de que su salud también importa.
Yo quisiera que siguieran viniendo. Aquí hay mucha gente que necesita. Que el médico venga a donde estamos nosotros.
— Mercy, 19 años • Bajo Aguán, Colón
En el camino, Danisley le preguntó a Mercy si la vacuna ya no le dolía. Mercy le dijo que no. La niña sonrió y apretó su carné amarillo con las dos manos.
Para Mercy y las familias del Bajo Aguán, la brigada fue un punto de partida. Mercy sale con su carné actualizado, sus medicamentos, una citología realizada y más información sobre su propia salud de la que había tenido en toda su vida. Lo que venga después depende de que proyectos como este puedan continuar llegando a comunidades que, de otro modo, quedan fuera del alcance de la salud pública. La historia de Mercy no es el final de nada. Es la razón para seguir.
