Luego del desastre, miles de personas recibieron apoyo psicosocial y de salud mental a través de esfuerzos liderados por el Ministerio de Salud y Bienestar, la OPS/OMS y sus socios. Casi un año después, la experiencia deja lecciones sobre la importancia de integrar la salud mental en la recuperación.
— Octubre de 2026 —
En los días posteriores al paso del huracán Melissa por Jamaica, el 28 de octubre de 2025, Shawna Guthrie intentaba recuperar poco a poco cierta normalidad. Tenía que cuidar de su familia, resolver las necesidades más urgentes y hacer frente a los cambios que el desastre había provocado en su vida cotidiana. Aunque la tormenta había pasado, todavía no se sentía segura.
“Seguía preocupada y pensando constantemente en lo que podía pasar”, recordó Guthrie. “Al mismo tiempo, tenía que seguir cumpliendo con mis responsabilidades cotidianas y no podía simplemente detenerme porque me sintiera abrumada”, añadió.
Como muchas personas en Jamaica afectadas por el huracán de categoría 5, Guthrie enfrentaba una consecuencia menos visible del desastre. El peligro inmediato había pasado, pero el miedo, el duelo y la incertidumbre podían persistir mucho después de la tormenta.
“Intentaba ser fuerte y concentrarme en lo que había que hacer, pero emocionalmente estaba agotada”, dijo. “Llegó un momento en que me di cuenta de que ser fuerte no significa que no necesites ayuda”.
Guthrie recibió primeros auxilios psicológicos (PAP) de un trabajador de la salud capacitado, quien escuchó lo que había vivido, la ayudó a abordar sus preocupaciones inmediatas y la puso en contacto con otros servicios de apoyo cuando fue necesario.
Los primeros auxilios psicológicos son un enfoque práctico para ayudar a las personas a afrontar las consecuencias inmediatas de una crisis o un desastre. Se centran en escuchar sus necesidades, brindar apoyo con empatía y conectar a las personas que lo necesitan con asistencia práctica o atención especializada.
La experiencia de Guthrie fue similar a la de miles de personas afectadas por el huracán que recibieron apoyo psicosocial en los meses posteriores al desastre.
“No necesitaba que alguien solucionara todo”, dijo. “Solo necesitaba que alguien entendiera que tenía miedo, que me sentía abrumada y que estaba haciendo lo mejor que podía”.
