Washington, DC, 30 de abril del 2014 (OPS/OMS)- A pesar de las tempranas e importantes inversiones en vigilancia y colaboración, los países de las Américas son todavía vulnerables a la resistencia a los antibióticos y deben ser parte de un esfuerzo mundial urgente y coordinado para hacer frente a esta grave y actual amenaza para la salud pública.

Paquetes de medicinasUn nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) demuestra que la resistencia a los antimicrobianos, incluyendo los antibióticos, ya no es una predicción sino una realidad que puede afectar a cualquier persona de cualquier edad, en cualquier país. La resistencia a los antibióticos se produce cuando las bacterias cambian de manera que los antibióticos ya no funcionan en las personas que los necesitan para tratar las infecciones. Esta situación presenta una importante amenaza para la salud pública, dice el informe.

"Todos necesitamos escuchar, diseminar y actuar sobre el mensaje de este importante informe, que demuestra que si no actuamos, nos dirigiremos hacia una era en la que los antibióticos que hemos utilizado durante décadas para tratar y curar infecciones comunes dejarán de funcionar ", dijo Carissa F. Etienne, Directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional para las Américas de la OMS.

El informe, titulado Resistencia a los antimicrobianos: informe mundial sobre la vigilancia, describe la resistencia a través de muchos agentes infecciosos diferentes, pero se centra en la resistencia a los antibióticos en siete diferentes bacterias responsables de enfermedades comunes y graves como infecciones del torrente sanguíneo (sepsis), la diarrea, la neumonía, infecciones del tracto urinario y la gonorrea. El informe documenta la resistencia a los antibióticos en las seis regiones de la OMS, especialmente a los utilizados como "último recurso".

Entre los principales hallazgos del informe se destacan:

  • La resistencia a los antibióticos carbapenémicos, último recurso terapéutico para las infecciones potencialmente mortales por Klebsiella pneumoniae (una bacteria intestinal común) se ha extendido a todas las regiones del mundo. K. pneumoniae es una causa importante de infecciones nosocomiales, como las neumonías, las septicemias o las infecciones de los recién nacidos y los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos. Esa resistencia hace que en algunos países los antibióticos carbapenémicos ya no sean eficaces en más de la mitad de las personas con infecciones por K. pneumoniae.
  • La resistencia a las fluoroquinolonas, una de las clases de fármacos antibacterianos más utilizadas en el tratamiento de las infecciones urinarias por E. coli, está muy extendida. En los años ochenta, cuando aparecieron estos fármacos, la resistencia a ellos era prácticamente inexistente. Hoy día hay países de muchas partes del mundo en los que este tratamiento es ineficaz en más de la mitad de los pacientes.
  • En Austria, Australia, Canadá, Eslovenia, Francia, Japón, Noruega, el Reino Unido, Sudáfrica y Suecia se ha confirmado el fracaso del tratamiento de la gonorrea con cefalosporinas de tercera generación, el último recurso terapéutico en estos casos. Diariamente contraen esta enfermedad más de 1 millón de personas.
  • La resistencia a los antibióticos prolonga la duración de las enfermedades y aumenta el riesgo de muerte. Por ejemplo, se calcula que las personas infectadas por Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina tienen una probabilidad de morir un 64% mayor que las infectadas por cepas no resistentes. La resistencia también aumenta el costo de la atención sanitaria, pues alarga las estancias en el hospital y requiere más cuidados intensivos.

Los principales factores que contribuyen a la aparición y la propagación de la resistencia a los antimicrobianos son el uso excesivo e inadecuado de estos medicamentos. Por ejemplo, los pacientes pueden presionar a los médicos a recetar antibióticos para enfermedades que son causadas por diversos virus, contra los cuales los antibióticos no son eficaces. En otros casos, los pacientes pueden dejar de tomar los antibióticos antes de completar el ciclo prescripto debido a que sus síntomas mejoran o para ahorrar dinero. En muchos países -entre ellos de las Américas- los antibióticos son vendidos sin receta médica, incluso donde las leyes prohíben esta práctica. Antibióticos falsificados y de mala calidad también contribuyen a la resistencia, al igual que el uso de antimicrobianos en la cría de animales.

"En las Américas, los antibióticos son a menudo usados en exceso y se venden de forma inapropiada", señaló Pilar Ramón -Pardo, asesora regional en Gestión Clínica de Enfermedades Infecciosas y Vigilancia de la Resistencia Antimicrobiana de la OPS/OMS. "Hay un creciente énfasis en los controles reglamentarios de estos y otros fármacos, pero su mal uso sigue estando muy extendido en nuestra región."

La OPS/OMS coordina desde 1996 la recolección de datos sobre la resistencia a los antibióticos de hospitales y laboratorios de sus países miembros. Actualmente, 21 países conforman su Red Latinoamericana de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos. Canadá y Estados Unidos participan en esta red intercambiando información y proveyendo cooperación técnica.

Los datos de las Américas muestran altos niveles de resistencia de la E. coli a las cefalosporinas de tercera generación y las fluoroquinolonas, dos tipos de antibióticos importantes y de uso general. La resistencia a cefalosporinas de tercera generación en K. pneumoniae también es alto y generalizado. Algunos lugares han reportado que un alto porcentaje de infecciones por Staphylococcus aureus fueron resistentes a la meticilina, lo que significa que los tratamientos con antibióticos comunes no funcionan.

A nivel mundial, el informe de la OMS también incluye información sobre la resistencia a los medicamentos para el tratamiento de la tuberculosis, la malaria, el VIH y la gripe.

"No podemos darnos el lujo de perder el actual arsenal de antibióticos porque en el corto plazo no se están desarrollando muchos nuevos", afirmó Etienne. "Nuestra esperanza es que el informe eleve la preocupación sobre el problema y ponga en marcha un esfuerzo global para enfrentarlo. Todo el mundo tiene un interés en asegurar que abordemos con éxito esta situación".

Las personas pueden contribuir:

  • utilizando los antibióticos únicamente cuando los haya prescrito un médico;
  • completando el tratamiento prescrito, aunque ya se sientan mejor;
  • no dándole sus antibióticos a otras personas ni utilizando los que les hayan sobrado de prescripciones anteriores.

Los profesionales sanitarios y los farmacéuticos pueden contribuir:

  • mejorando la prevención y el control de las infecciones;
  • prescribiendo y dispensando antibióticos solo cuando sean verdaderamente necesarios;
  • prescribiendo y dispensando los antibióticos adecuados para tratar la enfermedad en cuestión.

Los planificadores de políticas pueden contribuir:

  • reforzando el seguimiento de la resistencia y la capacidad de laboratorio;
  • regulando y fomentando el uso apropiado de los medicamentos.

Los planificadores de políticas y la industria pueden contribuir:

  • fomentando la innovación y la investigación y desarrollo de nuevos instrumentos;
  • promoviendo la cooperación y el intercambio de información entre todas las partes interesadas.

Otras acciones importantes incluyen la prevención de infecciones a través de una mejor higiene, el acceso a agua limpia, el control de infecciones en los centros de salud y la vacunación para reducir la necesidad de antibióticos.

 

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