Buenos Aires, noviembre de 2018 (OPS/OMS).- “Yo  estuve  desde los 10 años en la calle, en el consumo del paco (pasta base de cocaína), hasta que vine a ´morir´ en este barrio. Pero no morí, ¡estoy vivo! Y hoy acompaño a los chicos a los hospitales, granjas y comunidades, también trabajo en el barrio. Esta es mi casa. Estoy contento y feliz del amor que me dan como nunca tuve”, cuenta Lucas Algañaraz con la ilusión latente en su mirada.

Lucas es uno de los expacientes y acompañantes de Casa Masantonio, un centro de acompaña-miento de personas en extrema vulnerabilidad, con consumo problemático de pasta base de cocaína y enfermedades complejas, principalmente tuberculosis (TB), VIH y afecciones de transmisión sexual, masantonio 2 que residen en asentamientos de Buenos Aires.

 “Nosotros nos consideramos un dispositivo de atención diferenciada con el que intentamos ir determinando cada una de las barreras que hacen que un paciente no acceda efectivamente al tratamiento, y las vamos sorteando de manera creativa”, en sintonía con los pilares de la estrategia Fin a la TB de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), explica Santiago Jiménez, coordinador médico de Casa Masantonio.

Por ejemplo, “si tenemos un paciente que está en la calle, sin documento, que no se puede hacer una baciloscopía –para detectar si tiene tuberculosis- por una simple traba burocrática, intentamos coordinar con el centro de salud para identificar una forma alternativa, buscamos tomarle la muestra, llevarle la medicación y acompañarlo en calle si él no se acerca al centro de salud”, señala Jiménez.

Se  trata entonces  de  un  dispositivo  de  atención  y  entrega  de  medicación  –además  de  búsqueda  de  personas  con  síntomas  y  diagnóstico-  que,  desde 2016, busca identificar y superar las barreras que afronta el paciente, que muchas veces resultan en su expulsión del sistema formal de salud cuando la complejidad social desborda su capacidad de respuesta.

La clave, el acompañante de pares

La clave de esta iniciativa es que su arista profesional a través de la atención médica es tan importante como su arista social, mediante el acompañamiento de pares. La  participación de expacientes que completaron su tratamiento y se convirtieron en operadores sociales para la búsqueda y seguimiento activo de casos constituye una parte fundante de este modelo. Y en la contención lograda entre pares quizás radique la razón por la cual alcanza altos índices de adhesión al tratamiento: el centro viene acompañando a 75 pacientes con tuberculosis, de los cuales el 81,4% ha logrado un tratamiento exitoso.

“Masantonio demuestra concretamente que, cuando estas situaciones que quedan fuera del sistema de salud y que terminan en fracasos gravísimos con consecuencias gravísimas, están bien acompañadas, pueden dar grandes resultados porque no solo la persona se cura, sino que en muchos casos se capacitan y se preparan para ser un agente de transformación para otras personas. Mucha gente con claridad en esto va a ayudar a eliminar la tuberculosis”, sostiene Gustavo Barreiro, presidente de la Cooperativa de acompañantes de usuarios de paco, de la cual forma parte el centro.

La cooperativa pertenece a la “Familia Grande del Hogar de Cristo”, una red de centros de inclusión coordinados por el grupo de sacerdotes destinados a asentamientos y puestos en marcha en 2008 por el entonces cardenal  Jorge Bergoglio, quien más tarde se convertiría en el Papa Francisco.

En este sentido, Casa Masantonio trabaja en coordinación con el sistema de salud local para  facilitar el acceso al diagnóstico y tratamiento, y recibe apoyo de la Secretaría de Salud de la Nación, el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, la Secretaría de Trabajo y el  Ministerio de Desarrollo Social para asegurar la medicación y atender necesidades de los usuarios.

De esta manera, la iniciativa buscar hacer frente a la tuberculosis, un grave problema de salud pública en la región de las Américas, donde se estiman aproximadamente 270.000 casos y 23.000 muertos cada año por esta enfermedad. En Argentina, en 2016, se notificaron 10.423 casos nuevos de TB, lo cual determina cuatro años consecutivos de aumento sostenido, a lo que se suma un incremento de casos en grupos jóvenes, según datos oficiales.

A los pacientes “les damos un brote de esperanza para que no contagien a otra gente. Acompañamos a chicos que están en la calle -y que no pueden llegar al hospital por el consumo de drogas- con medicación asistida, comida y tratando de que puedan  aprender a  vivir cuidándose”, subraya Oscar González, expaciente y acompañante de Casa Masantonio.

Otra de las acompañantes, Lourdes Duarte, coincide: “es satisfactorio ayudar a los demás.  Más  allá  de  que  haya  un  pequeño  incentivo para nosotros –a través de la cooperativa-,  el  regalo más grande es cuando ayudas a otra persona”.

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