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Eliminar la transmisión maternoinfantil del VIH en Brasil a través del cuidado

En la pequeña sala de la unidad de tratamiento del VIH, conocida como Unidad de Atención Especializada en el sistema de salud pública de Brasil, Isabella (28) se acaricia el vientre de 38 semanas de embarazo. Sonríe mientras conversa con los profesionales que la han acompañado y que se han convertido en una red de apoyo esencial desde el inicio de su embarazo.

— Diciembre de 2025 —

En las próximas dos semanas nacerá su primera hija. En el fondo, Isabella siempre quiso ser madre, pero no tenía claro que pudiera cumplir ese sueño. La joven, que vive en Rondônia, en el norte de Brasil, lleva dos años con VIH, o quizá desde hace más tiempo, ya que no sabía que era seropositiva. Cuando finalmente recibió el resultado, recuerda haberse sentido perdida.

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“Mi mundo se derrumbó. Lo único que podía pensar era que mi vida había terminado”, recuerda. “Lo primero que pensé fue que no podría ser madre”.

Estaba devastada, ya que llevaba dos años planeando el embarazo. Pero su perspectiva cambió cuando los médicos le explicaron con calma que, con el tratamiento adecuado, las personas que viven con el VIH pueden tener hijos sanos. Con el uso regular de antirretrovirales, es posible alcanzar una carga viral indetectable y prevenir la transmisión del virus al bebé. La atención prenatal especializada, las consultas frecuentes y el seguimiento cercano son claves en el proceso, que también incluye apoyo psicológico.

“Espero lo mejor para mi hija. Quiero verla crecer sana y saber que todo el tratamiento que seguí fue la mejor decisión. Elegí cuidarme para darle un futuro tranquilo. Creo que esto es solo el comienzo de la mejor etapa de mi vida”, dice Isabella con esperanza.

Llegando a todas las regiones de Brasil

En Salvador, Bahía, María, madre de dos hijos, recibió su diagnóstico positivo en la semana 24 de su embarazo. Había acudido a la unidad de atención primaria para programar una consulta prenatal cuando se realizó la prueba rápida de VIH, que resultó “reactiva”. Fue derivada a la unidad de tratamiento del VIH.

Al día siguiente, tras reunirse con el especialista en enfermedades infecciosas, inició la terapia antirretroviral. En su segunda prueba, su carga viral ya era indetectable, lo que garantizó un embarazo sin VIH. Durante todo el proceso, médicos, enfermeras, trabajadores sociales e incluso el personal de limpieza crearon un entorno de atención que ella describe como cálido y compasivo.

“Las pruebas masivas y esta conexión con la comunidad son lo que fortalece la atención primaria. Podemos llegar al mayor número de mujeres embarazadas y, posiblemente, prevenir y evitar la transmisión maternoinfantil”, explica la enfermera Hanna Silva, quien trabaja en la unidad de tratamiento del VIH del Hospital Liberdade de Salvador.

Su hijo, Ariel, nació por cesárea por razones médicas, con bajo peso, pero sano. “Ver a mi hijo sano es una emoción muy grande. Él cambió mi vida. Es mi ángel”, dice Maria.

La atención primaria como puerta de entrada

En todo Brasil, historias como las de María e Isabella tienen un denominador común: la atención. Sus historias comienzan incluso antes del control prenatal, con las pruebas rápidas, los entornos acogedores, la vigilancia activa, la sensibilidad de los profesionales de la salud y la confianza que se construye con cada mujer.

Las pruebas rápidas son sencillas, gratuitas y accesibles, y para María Priscila, enfermera prenatal que realiza pruebas rápidas desde hace años en la unidad de atención primaria del Hospital de Cacoal, pueden ser transformadoras: “En 20 minutos podemos orientarlas, iniciar la atención y aliviar un enorme peso de miedo. Cuando entienden que el diagnóstico no impide que sus hijos nazcan sanos, todo cambia”.

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Gracias a estos logros y a muchos otros, la OMS validó recientemente a Brasil por la eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH. Para cumplir con los criterios de eliminación, Brasil mantuvo una tasa de transmisión vertical (de madre a hijo) inferior al 2% y una cobertura superior al 95% en atención prenatal, pruebas rutinarias de VIH y tratamiento oportuno para mujeres embarazadas y recién nacidos. La evaluación, que incluyó el análisis de datos y visitas a establecimientos de salud en todo el país, fue realizada por un comité mundial de expertos independientes, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

“La atención primaria es esencial para eliminar la transmisión del VIH, porque somos la puerta de entrada al sistema de salud. Cuando un paciente llega aquí, podemos hacer una prueba rápida de forma temprana y, con ese diagnóstico precoz, derivarlo inmediatamente al tratamiento”, explica la doctora Camila Lira Borges, del Hospital de Salvador, en Bahía.

Prevención del VIH en zonas remotas

La eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH en Brasil fue posible porque los servicios de atención primaria lograron llegar a aldeas remotas y comunidades rurales, incluidas aquellas en territorios indígenas.

Cada mes, equipos del Distrito Especial de Salud Indígena de Rondônia recorren largas distancias para brindar atención prenatal, pruebas rápidas para diversas infecciones y orientación culturalmente adecuada. Llevar las pruebas, la información y el seguimiento a las aldeas requiere respeto por las culturas y tradiciones, así como un compromiso con los derechos de los pueblos indígenas y la protección de las futuras generaciones.

“Desde mi primer embarazo siempre he recibido una buena atención. La enfermera me toma de la mano, me pregunta cómo estoy, me hace las pruebas y me explica todo con claridad. Confío en ella. Eso me da seguridad”, dice Katiane Magarawa, una mujer embarazada de una aldea Suruí.

Katiane Magarawa
Wilma Macedo Santos Lima

“La atención se brinda en la aldea, con calidad y una mirada atenta. Y cuando una mujer embarazada necesita ser derivada al servicio municipal, se le orienta en cada paso del camino. Nunca está sola”, afirma Wilma Macedo Santos Lima, enfermera y coordinadora del Hospital de Cacoal.

Las historias de miles de madres embarazadas y de los profesionales de la salud de Brasil demuestran que la eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH en el país es un logro construido por personas. Cada bebé que nace sano es un recordatorio de que este trabajo es eficaz y de que Brasil está escribiendo una de las historias de salud pública más importantes de la región, inspirando a otros países a construir un futuro en el que todos los niños puedan nacer libres de VIH.