Washington, D.C., 10 de septiembre de 2026 (OPS) – En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) destacó los avances alcanzados durante el primer año de su Iniciativa Regional para la Prevención del Suicidio, una plataforma de cooperación técnica que apoya a los países de las Américas a fortalecer sus acciones de prevención y mejorar la atención a las personas en riesgo.
La iniciativa fue lanzada en septiembre de 2025 para ayudar a revertir el aumento de las tasas de suicidio en las Américas, la única región de la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde este indicador ha aumentado en las últimas dos décadas. En 2021, aproximadamente 100.760 personas murieron por suicidio en la región, lo que pone de relieve la necesidad de reforzar los esfuerzos de prevención.
Los resultados de este primer año fueron compartidos hoy en un seminario web regional organizado por la OPS, que reunió a autoridades sanitarias, especialistas y representantes de los países para intercambiar experiencias y buenas prácticas en prevención del suicidio.
“El suicidio sigue siendo un importante desafío de salud pública en las Américas y exige una acción sostenida. Demasiadas familias y comunidades de nuestra Región continúan viéndose afectadas por pérdidas de vidas que pueden prevenirse”, afirmó el Director de la OPS, doctor Jarbas Barbosa. “Durante este primer año, los países han demostrado que es posible avanzar cuando la prevención del suicidio se prioriza y cuenta con el respaldo de sistemas de salud más sólidos, mejores datos y una acción coordinada entre sectores”.
Basada en la Guía de implementación para la prevención del suicidio LIVE LIFE de la OMS, la iniciativa impulsa acciones para fortalecer la gobernanza, los servicios de salud y la vigilancia, abordar los factores de riesgo asociados con las conductas suicidas y reducir el estigma.
Fortalecer las capacidades para prevenir el suicidio
Durante su primer año, la iniciativa se centró en crear las condiciones necesarias para ampliar las acciones de prevención, mediante nuevos mecanismos de vigilancia, una mayor coordinación nacional y subnacional, la expansión de oportunidades de capacitación, mejoras en la respuesta ante situaciones de crisis y la integración progresiva de la prevención del suicidio en la atención primaria de salud.
Uno de los principales avances ha sido el fortalecimiento de las capacidades del personal de salud para detectar y apoyar a las personas en riesgo. A través del Campus Virtual de Salud Pública de la OPS, más de 2.400 profesionales de atención primaria han completado un curso sobre identificación, manejo y derivación de personas con riesgo de suicidio y autolesión.
Esta formación es especialmente relevante porque la atención primaria suele ser el primer punto de contacto para quienes experimentan problemas de salud mental. Aunque muchos países han incorporado la salud mental en sus políticas de atención primaria, continúan existiendo brechas importantes en la disponibilidad de servicios e intervenciones. Contar con personal capacitado puede facilitar una identificación más temprana de las señales de alarma y una mejor conexión con los servicios de apoyo.
La OPS trabaja además en nuevas orientaciones para apoyar la elaboración y actualización de planes nacionales de prevención del suicidio y ampliar el uso de la telesalud en salud mental. En colaboración con gobiernos y socios internacionales, también promueve medidas orientadas a reducir el acceso a plaguicidas, uno de los medios utilizados en algunos suicidios.
Estas acciones se desarrollan en un contexto de desafíos persistentes para la salud mental en la región. Según el Atlas de Salud Mental de las Américas de la OPS, los países destinan una mediana de apenas el 3% del gasto público en salud a este ámbito. La región reporta una mediana de 14,9 trabajadores de salud mental por cada 100.000 habitantes, con diferencias importantes entre subregiones. Persisten además barreras para acceder a la atención, especialmente en el primer nivel.
Durante los tres años previstos de implementación, la iniciativa busca fortalecer la capacidad de respuesta en más de 6.800 establecimientos de atención primaria y ampliar la cobertura de los servicios de prevención a aproximadamente 21,9 millones de personas en la región.
La iniciativa también apunta a contribuir a una reducción del 5,5% de las muertes por suicidio en las Américas para 2031, lo que, de alcanzarse, podría traducirse en cerca de 12.000 vidas salvadas en la región.
Lecciones del primer año
La experiencia acumulada durante el primer año ha puesto de relieve algunos elementos fundamentales para ampliar la prevención del suicidio en las Américas. Entre ellos destacan el liderazgo gubernamental, la coordinación entre distintos sectores y la disponibilidad de sistemas de información capaces de identificar oportunamente dónde y entre qué poblaciones están emergiendo mayores riesgos.
Asimismo, ha demostrado la importancia de invertir desde el inicio en equipos técnicos, alianzas estratégicas y estructuras de apoyo que permitan convertir los planes nacionales en acciones sostenidas a largo plazo.
“Una de las lecciones aprendidas es que una prevención eficaz del suicidio debe integrarse en los sistemas que las personas ya utilizan, desde la atención primaria de salud y los servicios comunitarios hasta la vigilancia y la respuesta ante situaciones de crisis”, afirmó el doctor Renato Oliveira, jefe de la Unidad de Salud Mental y Uso de Sustancias de la OPS. “Al fortalecer y conectar estos sistemas, los países pueden pasar de responder a crisis individuales a prevenir el suicidio de manera más sistemática y llegar antes a las personas, antes de que alcancen un punto de crisis”.
Hacia el segundo año
Al comenzar su segundo año, la OPS continuará colaborando con los países para consolidar las estrategias nacionales de prevención del suicidio, mejorar la coordinación institucional y ampliar los sistemas de vigilancia, con el fin de identificar mejor los intentos de suicidio y generar información que permita orientar las intervenciones de manera más efectiva.
Los países avanzarán también en la implementación de los planes desarrollados durante el primer año para integrar la salud mental de manera más sistemática en la atención primaria, ampliar el apoyo comunitario y reforzar la atención a las personas afectadas por el suicidio. Paralelamente, continuarán las acciones para promover una comunicación responsable y reducir el estigma asociado a los problemas de salud mental.
La iniciativa se alinea con el lema de este año del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, y su llamado a la acción, “Iniciar la conversación”.
