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OPS insta a los países a seguir lucha contra malaria en tiempos de COVID-19, especialmente en comunidades vulnerables

6 Jul 2020

Washington, D.C., 6 de julio de 2020 (OPS) – La Organización Panamericana de la Salud insta a los países a continuar las acciones contra la malaria en las Américas, en conjunto con la respuesta a la pandemia COVID-19, especialmente entre las poblaciones viviendo en condiciones vulnerables.

"Esta situación es especialmente preocupante en las zonas donde residen las comunidades indígenas y en las ciudades con transmisión simultanea de malaria y COVID-19 como la región amazónica de Brasil y Perú y en las zonas de la región del Pacífico en Colombia. La situación de malaria en toda la Región está siendo impactada por la coexistencia de la pandemia COVID19”, indicó la OPS en una reciente actualización epidemiológica.

Debido a la pandemia COVID-19, las personas pueden estar más renuentes a buscar un diagnóstico y tratamiento temprano para malaria porque les preocupa salir a las clínicas, y el personal de malaria en los servicios de salud puede haber sido reasignado para trabajar en la pandemia", explicó el doctor Luis Gerardo Castellanos, jefe de la unidad de la OPS sobre enfermedades desatendidas, tropicales y transmitidas por vectores.

"La malaria se puede tratar efectivamente si hay un diagnóstico temprano. Tenemos medicamentos para tratar la malaria, aunque la cadena de suministro se ha visto afectada por las restricciones como efecto de la pandemia por COVID-19", agregó.

La malaria es una enfermedad potencialmente mortal causada por parásitos que se transmiten a las personas a través de las picaduras de mosquitos infectados. En las Américas, 138 millones de personas viven en zonas de riesgo de malaria, y en 2018 se notificaron 753.000 casos y alrededor de 340 muertes.

La actualización de la OPS dijo: "En la medida que aumente la dispersión de la transmisión de COVID-19, más crítica será la situación de todas las áreas maláricas, mayormente rurales, dada la alta vulnerabilidad de las poblaciones y las debilidades de los sistemas de salud. Se espera que un primer efecto de la pandemia de COVID-19 en la situación de la malaria sea la reducción en la detección y tratamiento y el subregistro de casos de malaria. Las barreras impuestas al diagnóstico temprano son el principal determinante.”

Aunque hubo una reducción general de los casos de malaria antes de la introducción de COVID-19 en las Américas, en los primeros tres meses de 2020 ocho países han reportado un aumento total de los casos de malaria, comparado al mismo periodo en 2019: Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Honduras, Costa Rica y Surinam.

La OPS ha formulado recomendaciones sobre medidas para sostener los esfuerzos de control de malaria. Estas especifican cómo proteger la salud de los trabajadores y de todos los involucrados en las acciones contra malaria, cómo coordinar las disposiciones para el diagnóstico precoz de malaria en caso de fiebre en zonas endémicas, y cómo diferenciar los procesos de diagnóstico de malaria de los diagnósticos de COVID-19 en los servicios de salud.

La OPS señaló que deben continuar las medidas básicas de prevención de malaria, acompañadas con la distribución de mosquiteros tratados con insecticida y fumigación residual planificada en interiores, junto con las pruebas y el tratamiento adecuados de los pacientes.

Además, la OPS recomendó que los países aceleraran las compras de medicamentos y pruebas de diagnóstico rápido, y guíen a los pacientes con fiebre en áreas endémicas para diagnóstico y tratamiento oportuno de malaria, en acuerdo con lineamientos nacionales de COVID-19.  Las brigadas de búsqueda activas, con trabajadores de la salud que utilizan Equipos de Protección Personal (EPP), deberían operar en coordinación con las acciones COVID-19 en poblaciones dispersas con poco acceso a servicios de salud.

Otros desafíos de malaria en las Américas incluyen un aumento en la transmisión relacionada con la extracción de oro y los movimientos de población vulnerable entre y dentro de los países, así como el debilitamiento de las acciones de los programas de malaria que pueden empeorar en el contexto de COVID-19. 

 

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