Aumentar los precios de los productos de tabaco a través de los impuestos es la medida que por sí sola es la más costo-efectiva para reducir el consumo de tabaco. Estudios realizados por el Banco Mundial han estimado que un incremento en los precios en 10% reduce el consumo de tabaco en 4% en los países de ingresos altos y en 8% en los países de ingreso medio y bajo. Mayores precios tienen además un impacto mayor en aquellos con menor ingreso disponible: población en situación de pobreza y jóvenes. La costo-efectividad del aumento de los impuestos -al igual que la mayoría de las políticas de control del tabaco- es comparable con la de la vacunación infantil en términos de años de vida saludable salvados en relación con el costo de implementación.

En sólo cuatro países, que representan el 2% de la población mundial, los impuestos son superiores al 75% del precio al por menor. Y aunque en más de cuatro de cada cinco países de ingresos altos los impuestos al tabaco oscilan entre un 51% y un 75% del precio minorista, en menos de la cuarta parte de los países de ingresos bajos y medianosse aplican al tabaco impuestos de esa magnitud.

Chile, Cuba y Venezuela siguen siendo los únicos países de la Región que aplican impuestos por encima del 75 por ciento del precio de venta al por menor.

Un aumento de un 70% del precio del tabaco permitiría prevenir hasta la cuarta parte de las defunciones mundiales relacionadas con el tabaco.

Mediante un aumento de los impuestos los países dispondrían de fondos para aplicar y hacer cumplir las medidas de control del tabaco y financiar otros programas de salud pública y de carácter social.

En los países que tenían información disponible, los ingresos procedentes del tabaco eran 500 veces superiores a los gastos en actividades de control del tabaco. Los gastos nacionales totales en actividades de control del tabaco eran de sólo US$ 14 millones por año, para los 3800 millones de personas que viven en países de ingresos bajos y medianos sobre los cuales se disponía de información. En cambio, los ingresos procedentes de los impuestos al tabaco en esos mismos países eran de US$ 66 500 millones. En otras palabras, por cada US$ 5 000 de ingresos procedentes de los impuestos al tabaco, esos países gastaban aproximadamente US$ 1 en  actividades de control del tabaco. Los gastos per cápita en actividades de control del tabaco en los países de ingresos bajos con información disponible eran inferiores a la décima parte de un centavo, y en los países de ingresos medianos con información disponible eran de aproximadamente medio centavo.

¿Por qué entonces los gobiernos no aumentan los impuestos al tabaco?
Algunos gobiernos se muestren reacios a incrementar los impuestos al tabaco porque temen que esto reduzca sus ingresos fiscales y aumente el contrabando.  Sin embargo, la evidencia recogida en países de diferentes niveles de desarrollo muestra que este no es el caso. De hecho, cuando los impuestos al tabaco suben, la recaudación fiscal también aumenta.

Más aún, la evidencia muestra que los impuestos y precios de los cigarrillos no son el factor más importante en el contrabando de cigarrillos. Muchos países con altos impuestos a los cigarrillos tienen niveles de contrabando bajos y muchos países con bajos niveles de impuestos tienen altos niveles de contrabando. Estudios del Banco Mundial han encontrado que el nivel de corrupción general en un país es un factor que explica mejor el nivel de contrabando que los precios.

Además los países pueden reducir significativamente el contrabando a través de sistemas de seguimiento y rastreo que permitan identificar donde y cuando los productos de tabaco "desaparecen" en el mercado ilegal y a través de aumentar las sanciones -y su cumplimiento- al comercio ilícito. España ofrece un buen caso de estudio de la reducción del contrabando a través de estas medidas.

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